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Opinión·13 de mayo de 2019

Keylor Navas y la eternidad

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Ramón Álvarez de Mon

Hacia el mediodía Josep Pedrerol ha desvelado que, de acuerdo con su información, el Real Madrid le ha comunicado a Keylor Navas que no cuenta con él para la próxima temporada. No es el objeto de esta columna opinar sobre la pertinencia de esta supuesta decisión puesto que ya expuse mis ideas sobre la portería en un artículo anterior. Tan solo pretendo poner en valor la figura de Keylor Navas por lo que ha supuesto para el Real Madrid y sus aficionados.

El portero tico aterrizó en Madrid tras la conquista de la Décima. Venía de completar una participación histórica en el Mundial con su querida selección de Costa Rica, pero el guardameta llegó con toda la humildad que le caracteriza y sin hacer ruido. En su primera temporada vivió a la sombra de Iker Casillas, cuyo rendimiento esa temporada no fue el que acostumbró durante gran parte de su histórica carrera. A pesar de ello Navas nunca se lamentó públicamente, nunca supuso un palo en la rueda para su equipo. Algunos periodistas no fueron demasiado cariñosos con el guardameta de Costa Rica. Les resultaba inadmisible la posibilidad de que Navas apartase a Casillas de la portería. “Es muy fácil parar en el Levante y muy difícil hacerlo en el Madrid”. Lo cierto es que Iker salió ese verano del Club y Keylor comenzó a jugar y a destacar. Su pretemporada fue soberbia y el comienzo de la Liga, con penalti parado incluido, confirmó que había llegado su hora. Sin embargo, el 31 de agosto vivió un momento lo suficientemente complicado como para no levantarse. Supo de primera mano que sólo un error administrativo del Manchester United había impedido su venta a los ingleses en intercambio con De Gea. Keylor apretó los dientes y, en lugar de compadecerse, vio como el destino le regalaba la oportunidad de su vida, una ocasión que no pensaba desaprovechar.

 

Cuando los madridistas dentro de muchos años relaten las historias de ese equipo que tiranizó Europa, empezarán las alineaciones con el nombre de Keylor Navas. Recordarán su vuelo en el tiro de Juanfran al palo, se emocionarán con su rezo en el momento que Cristiano aseguraba la Undécima, valorarán su parada a Pjanic cuando más difícil estaba la final contra la Juve y agradecerán que en Kiev ayudase a sostener a su equipo cuando el Liverpool más apretaba. Durante esos tres años de titularidad no discutida, Keylor ha ofrecido al Madrid un rendimiento digno del Club al que aún representa. La dignidad con la que ha defendido su trabajo seguro que ha servido de ejemplo e inspiración a muchos de sus compañeros que han visto en el tico el claro ejemplo de cómo se triunfa en el Madrid y en la vida. Hay jugadores que son escuchados porque hablan poco y trabajan mucho. Keylor es un gran ejemplo de ello.

Las despedidas siempre resultan complicadas. Normalmente cuando uno se va del Madrid es porque ya ha perdido el status que antes le hacía indiscutible. Esta última temporada no ha sido buena ni colectiva ni individualmente para Navas. El equipo ha fracasado y él ha visto la mayoría de los partidos sentado en el banco. Lo cierto es que su rendimiento ha estado en la línea de sus anteriores temporadas, pero el Club ha apostado por un portero más joven y con mayor recorrido que el tico. Keylor apenas ha esbozado una pequeña crítica a Solari. Ha continuado trabajando y ganándose el respeto de quienes le rodean. Como decía Pepe Kollins, hay jugadores que se merecen una despedida a lo grande, si la decisión sobre Navas está tomada, espero que se haga público y en el último partido en el Bernabéu, que seguro que jugará, el Bernabéu le rinda un sentido tributo por su aportación. Porque así se debe despedir a los jugadores que ya forman parte de la eternidad de tu equipo. Así se debe decir adiós a uno de los héroes de las 3 Champions consecutivas.

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