Keylor, por la gracia de Dios
Mario De Las Heras
Es una intervención divina que Keylor fuese el sábado el guardameta titular del Real Madrid. A Keylor Dios siempre lo escucha. Nunca lo abandona. Keylor es un penitente y ya lo decía el cuaderno del doctor Jones padre: “Sólo el penitente pasará”.
Hay una razón que no admite duda respecto a Keylor, y es que Keylor nunca pierde, como Parker Lewis. En eso es como Zidane. A veces puede parecer lo contrario, pero nunca pierden incluso cuando pierden. Es algo parecido al “no lo pueden entender” pero en color.
Keylor y Zidane se reconocen. Ven un par el uno en el otro. Es el aura. Van dejando una estela como de ángel, como si se hubieran visto el uno al otro las alas ganadas por sus servicios.
Keylor es un hombre de fe y de Zidane. Todo el mundo esperaba la decisión del francés para la portería y ha sido como si le mascullara al oído a Tom Hagen/Bettoni con una mano en la boca: “Llama a Luca Brasi”.
No era una decisión técnica, sino una decisión extrasensorial y profesional. Es el jefe que se trae a su equipo, en el que está Keylor con sus plegarias atendidas: “Más lágrimas se vierten por las plegarias atendidas que por las no atendidas”, dijo Santa Teresa. Keylor siempre está preparado y una sola parada suya bastará para sanarnos.
Eso lo sabe Zidane. Zidane sabe que Keylor comete fallos, pero también sabe que esa sola parada suya nos salvará. Porque esa parada es el ángel Clarence impidiendo que George Bailey se suicide. Al final siempre se trata de que el Madrid nos cuente la historia de Qué bello es vivir.
En eso de la parada que nos sanará y nos salvará es como Bale. Bale comete fallos, pero tiene ese gol que tanto nos ha sanado y salvado y tanto aún nos sanará y nos salvará. El sábado ese rescate de Zidane a Keylor me devolvió a la infancia.
A cuando el Equipo A sacaba a Murdock del manicomio en el que se había convertido el Madrid. Ha vuelto Zidane y he escuchado la música después de aquello de: “En 1972, cuatro de los mejores hombres del ejército estadounidense fueron encarcelados por un delito que no habían cometido...”.
Que era justo el momento antes de que yo saltara excitado sobre el sofá como si cantase La Marsellesa. O como si Ramos hubiera marcado en el noventa y dos cuarenta y ocho. Hay que creer en esa parada de Keylor. Esa sola parada suya. Hay que creer como cree él en Dios y en sí mismo. Hay que creer como cree en él Zidane, o sea Dios.
