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Opinión·9 de septiembre de 2017

La audacia no es popular

M

Mario De Las Heras

Ya oigo al analismo cuchichear. Pero no es un cuchicheo de viejas (un poco sí), es más una cosa animal, como de ratones en el desván, como de termitas. A veces miro al que dice llamarse aficionado (del Madrid), a la masa en conjunto, y veo un termitero por fuera (esos barros que hubiera esculpido Barceló), no tan organizado por dentro. El analismo es lo que tiene. Todo comienza ahí abajo, como si fuera un picor. Se puede jugar mal y también arbitrar mal sin querer. El problema es cuando esto último (incluso lo primero, aunque no lo creeré de esta época) parece que se hace queriendo. También se puede lesionar Benzema y el portero rival puede hacer una de las mejores actuaciones de su carrera.

Se puede disparar a los palos varias veces y también se puede disparar desviado por poco en ocasiones claras y múltiples. Se puede ensalzar, magnificar el partido realizado por el Levante, en este caso, y se puede desmontar y psicoanalizar y lobotomizar, incluso (¡como si estuviera roto o deprimido o loco!), el partido hecho por el Madrid. Se puede ver y oír a Santiago Segurola dictar sentencia con voz idéntica a la del Comepiedras y postura idéntica a la de un juez inglés con peluca ahí en la tele, y se puede ver y oír a Zidane decir que su equipo ha hecho un mal partido con la sonrisa del indomable.

A Cool Hand Zizú suspiran por meterle en el agujero (mientras se escapa del olfateo de los perros y de los guardianes una y otra vez), y nadie debería dudar de que, en su caso, lo haría con una sonrisa y con su cabeza bien alta de halcón. Zidane de día es un halcón y de noche una belleza como el Madrid es un paladín por el día y un lobo en la noche. Esta historia eterna del Madrid es una historia de aventuras y amor como lo es la de Lady Halcón, donde además de los héroes y los buenos, como Matthew Broderick o como Lucas Quinto, no faltan los malvados y los tontos que surgen del analismo, ese picor insoportable.

El plan de Zidane es la gestión del tiempo y la dosificación que le ha dado (le da) al Madrid la gloria y la esperanza. Y para eso hay que hacer pruebas razonables y a veces audaces. Hoy debió de haber salido bien a pesar de todo, pero salió sólo regular. Ni siquiera mal. La audacia no es popular, y más cuando al niño caprichoso no le dan su piruleta diaria de victoria y goleada. Zidane y su equipo campeón se merecen aficionados adultos y serios y no el analismo que tiende a la revolución y a la frivolidad, al imperio de la turba, al jaleo y el caos y la vulgaridad que amenazan siempre al Madrid como si tuviera que vivir con la fantástica maldición del Obispo a cuestas.

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