La dictadura del cortoplacismo
Ismael Ahamdanech
La insoportable levedad de lo fugaz
Son malos tiempos para la lírica, pero excelentes para la hipérbole. Cualquier estudiante de Economía aprende el primer año la famosa ley de Say, según la cual la oferta crea su propia demanda. Aunque en el ámbito del análisis económico dicha ley puede ser rebatida y es objeto de debate, en lo que se refiere a los altavoces y la cantidad de voceros dispuestos a ocuparlos no cabe duda de que se cumple como una verdad inapelable. Con la llegada de las redes sociales y la imposición definitiva de los medios digitales, sobra espacio para que todos digamos lo que nos apetece, aunque sean estupideces que no resisten, no ya un análisis lógico y detenido por parte de la gente que conoce el tema en cuestión, sino ni siquiera el escrutinio de cualquier persona con un mínimo de capacidad de razonamiento. Pero da igual. Hay muchos huecos que llenar y todos creemos que nuestra opinión es importante y hasta necesaria, así que la escribimos y se amplifica en una maraña de clickbaits, retuits, fake news y demás herramientas que sirven para convertir cualquier astracanada en objeto de un debate en el que cada cual tiene, o más bien cree tener, algo que aportar.
Hay muchos huecos que llenar y todos creemos que nuestra opinión es importante y hasta necesaria
Esto pasa en todos los ámbitos de la vida, no hay más que entrar en Twitter o en cualquier digital para comprobarlo. O charlar con la gente para entender hasta qué punto ha llegado esta deriva. Pero sin duda, aunque solo sea porque es un deporte que siguen cientos de millones de personas y por la esencia sentimental y pueril (perdón por la redundancia) en la que se basa, donde más sucede es en el fútbol. Así tenemos a tuiteros que dicen ser periodistas escribiendo que no cambiarían a Luka Modric por De las Cuevas ni de coña y periódicos poniendo notas finales a la temporada de equipos y jugadores cada día.
Qué digo cada día. Cada hora. No exagero. Para nada. Cuando era joven e internet y la fugacidad que conlleva aún no se había adueñado de nuestra forma de pensar y de ver el mundo, recuerdo que hablaba con un amigo sobre lo difícil que debía ser rellenar cuarenta páginas al día con noticias de deportes. Pues ahora, a eso hay que añadirle una web que debe actualizarse cada poco tiempo para atraer la atención de los lectores constantemente, porque cuantos más clics, más repercusión y más ingresos por publicidad. Y así pasa lo que pasa. Por ejemplo, que según la prensa y ciertos tuiteros, el Barça presentó su candidatura a la Champions League la noche que ganó en Turín, el Atleti ya había ganado la liga y el Madrid de Zidane era un equipo insufrible que tendría suerte si se clasificaba para la Europa League y entraba en Champions. Y al final parece que ni una cosa ni la otra. Digo parece, porque es verdad que el Madrid se ha clasificado primero de grupo, en el Atleti ahora hay dudas y que el Barça no tiene trazas de presentar su candidatura más que a un concurso de acreedores, pero esto es muy largo y no seré yo quien caiga en el error de sentenciar una temporada que apenas está empezando. Si es verdad que en una vida hay muchas vidas, no lo es menos que en una temporada hay muchas temporadas y es demasiado presuntuoso (por no utilizar otro adjetivo más grueso) querer predecir algo tan impredecible como el fútbol.
Así tenemos a tuiteros que dicen ser periodistas escribiendo que no cambiarían a Luka Modric por De las Cuevas
Pero claro, entender eso casa mal con la necesidad de la inmediatez (o de levantar más la voz que los demás, aunque sea para decir una necedad), que es lo que se lleva ahora, en estos tiempos en los que la fugacidad y sus correligionarios se empeñan en demostrarnos que son tan leves que llegan a ser insoportables.
Fotografías: Getty Images.
