La Fábrica no es la cantera
Salva Martín
Santi Siguero, al que no se le conocen dotes adivinatorias hasta la fecha, publicó el siguiente tuit en la previa del partido contra el Betis: “La fábrica no es la cantera del Madrid. Así es como Di Stéfano se refería al Bernabéu. Es lo que tiene hacer caso a los que no saben”. Que son muchos, a tenor de la costumbre y en momentos clave como la autoría goleadora frente a los verdiblancos.
Así que es de justicia reconocer la veracidad de la advertencia. Parece ser que la metáfora industrial se remonta a finales de los cincuenta. Con el Madrid volando en España y en Europa, el hispano-argentino la deslizó para referirse a Chamartín como el lugar donde el esfuerzo y la mentalidad de trabajo producen fútbol, goles y títulos. Un aviso a navegantes previo a la emblemática cita que antepone la relevancia del colectivo a la individualidad.
Fue a partir de los 80, aunque el término se haya recuperado con fuerza los últimos lustros, cuando La Fábrica comenzó a sonar para hablar de la cantera. Sospechamos que las cinco Ligas no sólo consecutivas, sino a lomos de gente de la casa, tuvieron algo que ver. Y es que pocas cosas al albur del capricho como la memoria colectiva: a los puristas el término siempre les llevará Concha Espina; el resto, impulsados por los medios (también el del propio club, RMTV) harán parada en Valdebebas.
“La fábrica no es la cantera del Madrid. Así es como Di Stéfano se refería al Bernabéu”
Si existe algo inmutable en la grada de Chamartín, más allá de su orgullosa exigencia, es su predisposición a escribir una carta de amor a un canterano. Aplaude los goles, disfruta de las filigranas y celebra los títulos… pero goza de verdad cuando un chico dinamita el blindaje de la puerta del primer equipo.
El último es Gonzalo, reminiscencia rauliana, un chico que aúna olfato, inteligencia, oportunidad y, lo que más seduce al respetable blanco, negación de la dosificación del esfuerzo. Un verdadero asesino con cara de duende y pies sobre la tierra: “Soy el suplente natural de Mbappé”, se le escuchó después de golear por tres veces al Betis.
El Madrid no espera. Ni regala una ovación. Y Gonzalo lo sabe. Por eso lleva puesto el mono de trabajo de La Fábrica.
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