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Opinión·6 de marzo de 2026

La FIFA sí puede descender al Barcelona y retirarle títulos

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William Pogue

No hay precedentes. Nadie entiende muy bien qué sigue. Quién tiene la capacidad de sancionar y las consecuencias. La preocupación en la UEFA y en la FIFA es máxima. ¿Cómo enfrentarse a una organización que ha corrompido desde las instituciones la competición durante treinta años? ¿Cómo sancionar a un club histórico que decidió tomar el camino corto para aspirar a la grandeza?

Hay que entender el contexto político. España es un país con un gobierno deficiente, incapaz de planificar, que reacciona por pulsiones irracionales ante las tragedias y rodeado de casos de corrupción. El sistema judicial, la policía, viven un proceso de descrédito ante la sociedad nunca antes visto. Jefes policiales envueltos en asuntos turbios como el narcotráfico, abusos sexuales... un fiscal general acusado de revelación de información sensible de ciudadanos.

No me entiendan mal. No estoy haciendo política. Quiero que cualquier ciudadano de cualquier credo, condición o militancia acabe entre rejas cuando cometa un delito. Estoy señalando la degradación moral de la sociedad a la que asistimos inermes.

En ese contexto, el fútbol parece un asunto trivial: "a ver, niños, hagan las paces..." Corremos el riesgo de minimizar el impacto social y emocional haciendo la vista gorda ante el caso de corrupción en el deporte más grave de la historia. Treinta años de manipulación de resultados. Al menos diecisiete de ellos con facturas de por medio. Pagos al vicepresidente del CTA que podía otorgar o cancelar salarios de 300.000 euros al año con sus correcciones a las evaluaciones de los árbitros. Designaciones. Acompañamientos del hijo, pagados, al Camp Nou. Reuniones en su bar en la previa de los partidos. Asiento en el palco. Presencia en la ciudad deportiva. Hay grabaciones, hay declaraciones, hay una instrucción judicial. Y, para estupefacción del madridismo, hay más ruido social que mediático. Estupefaciente. Los medios no están interesados en este caso salvo contadísimas excepciones.

Corremos el riesgo de minimizar el impacto social y emocional haciendo la vista gorda ante el caso de corrupción en el deporte más grave de la historia

Los medios no investigan porque les pagan para no hacerlo, algunos se acercan a la línea, pero jamás la traspasan. No acusan. No indagan. Están subvencionados por LaLiga, el recaudador del negocio del fútbol. La empresa que mueve sus recursos con opacidad total, en manos de una persona con un termómetro moral que se debate entre el ridículo y el escándalo.

Son hechos probados que la RFEF, LaLiga, el Barcelona y el CSD maniobraron para hacer prescribir el delito de corrupción deportiva que habría supuesto descenso inmediato y retirada de títulos. La sincronización de la agenda de Albert Soler con el calendario de la prescripción es todo menos casual. La cooperación de todos los actores del fútbol en una bochornosa votación para eliminar el delito de corrupción y su prescripción en el código ético de la RFEF debería ser suficiente para que todos desfilaran ante el juez. El fútbol español es una organización criminal.

¿Y qué dice de esto la IA?

Pues dice que el expediente disciplinario de la UEFA, abierto en febrero de 2023, sigue vivo. Y dice que amparándose en el art. 4 del Reglamento Disciplinario de la UEFA y también en el art. 4.2 del Reglamento de la Champions League, aunque no haya avance en el proceso penal, la UEFA puede sentenciar que el club que amañe un partido no podrá participar en la competición durante un año.

Los juristas de la UEFA jamás imaginaron que alguien pudiera querer comprar 30 años de competiciones, se quedaron en lo racional: amañar un partido. Pero estamos ante 30 años de corrupción. ¿Quién sino un psicópata paranoico podría atreverse a tanto? Quicir... ¿Quién se atrevería a darle continuidad a los pagos a un dirigente arbitral sabiendo que estaban cometiendo un delito sino delincuentes habituales? Los cinco últimos presidentes del Barcelona fueron imputados por graves delitos, dos de ellos pasaron por la cárcel. El último tiene cuatro juicios pendientes por estafa. No hay más preguntas, señor juez.

Un partido... sólo un partido amañado te excluye de Europa. Ahora mismo no tengo a mano el número de partidos que pudieron amañarse durante treinta años. Pongamos media docena por temporada para ser generosos. ¿180 partidos? Entonces... ¿180 años de "inelegibilidad" para participar en competiciones europeas? Hay un club albanés y otro montenegrino sancionados con 10 años de exclusión y otros dos de Letonia y Macedonia con 7 y 8 años respectivamente. La bola es tan gorda y baja tan rápido por la montaña que nadie se atreve a meterle mano al Barcelona. De momento.

LA FIFA NO ESTÁ LIMITADA POR LAS PRESCRIPCIONES NACIONALES ESPAÑOLAS. LA FIFA PUEDE DESCENDER CLUBES, ANULAR RESULTADOS Y RETIRAR TÍTULOS

Lo que no puede hacer la UEFA, según la IA, es descender al Barcelona o retirarle los títulos conseguidos ilegítimamente. No tiene jurisdicción más allá de las competiciones europeas. LaLiga y la RFEF habrían podido. Pero recuerden la velocidad neuronal desacostumbrada de Tebas en aquella entrevista 48 horas después de que estallara el caso Negreira en febrero de 2023. Respondía al entrevistador casi antes de que este le preguntara: "No puede haber sanciones deportivas, el delito ha prescrito".

Más recientemente tuvimos que escuchar al presidente del CTA, Fran Soto, una serie de perlas consecutivas, en la COPE, claro: "hay que olvidar el caso Negreira", "imposible expulsar a todos los árbitros que coincidieron con Negreira", la figura de Negreira ha hecho "mucho daño" y el enfoque del comité ahora debe centrarse en la renovación y el uso de nuevas tecnologías para garantizar la transparencia. Se refiere al VAR como garante de la transparencia. ¿Entienden? El VAR. Transparencia. El número de golfos en el CTA es muy superior al del número de botellines del planeta.

Fran Soto está a la altura de la época más gloriosa de Negreira

Pero vamos a la IA de nuevo:

“La FIFA puede intervenir en casos graves de corrupción incluso en competiciones nacionales. Puede descender clubes, puede deducir puntos, puede anular resultados de partidos, puede expulsar a los clubes de competiciones y puede retirar títulos nacionales o internacionales, en casos de manipulación probada”.

“Llegaría a intervenir si considera que la federación nacional competente no actúa con suficiente rigor. También si recibe una denuncia formal o si observa violaciones graves del código ético FIFA”.

En el Calciopoli la FIFA respaldó las decisiones de la Federación Italiana, presionó y validó las medidas de descenso y exclusión de las competiciones europeas de la Juventus. La FIFA, amigos, no está limitada por las prescripciones nacionales españolas, como la de la Ley del Deporte amañada por Albert Soler, ni por las modificaciones del código ético de la RFEF votada por los circunspectos Rocha, Rubiales y Laporta en la foto de la vergüenza que todos recordamos, con sus papeletas en alto.

Ánimo, madridistas. La batalla sigue.

 

Getty Images

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