La final de la Champions ya tal
La Galerna
El fútbol europeo alcanza hoy su fecha más señalada del año. La curiosidad y el interés de los aficionados al fútbol se centran en el último partido de esta Champions marcada por todo lo que ustedes ya saben que viene marcando todo lo que hasta el mes de marzo llamábamos vida cotidiana. Juega el clásico Bayern con su sólida autoestima (que roza a veces la arrogancia), con su demostrada eficacia y sus piezas ajustadas y engrasadas según el método tradicional contra el nuevo rico PSG, rehecho a sí mismo con inversiones que desafían a la historia, con reglas nuevas, con ansias de que su aceleración y su voluntad de poder alcancen el reconocimiento definitivo de un experimento empresarial que parece haber venido para quedarse.
Estas dos historias, estas dos maneras de ser, estos dos modos de erigirse en finalistas de la Copa de Europa son destacados como asunto central de las portadas deportivas madrileñas: mientras el Bayern forma parte del canon occidental, el PSG viene intentando ser incluido en ese canon dinamitando las reglas de construcción del canon mismo, adelantando por la derecha los ritmos y tendencias que vienen forjando el fútbol europeo desde antiguo, saltándose etapas a fuerza de inyecciones financieras venidas de otro mundo que ya es este mundo, aquí mismo, en la final de la Champions League, hoy.
Pero hay más mundos, amics. La virtud de un avezado narrador está justamente en crear mundos propios que sepan atrapar al lector y dejarlo ahí, residiendo en lugares paradisíacos en los que retozar y solazarse a salvo de la intemperie negra que amenaza fuera. Para ello, siempre tendremos a Mundosport, o a Sportivo, dos de los más afamados heterónimos de nuestro fabulador preferido, ese que tan bien sabe abrigarnos en noches como esta.
Lewandowski y Mbappé bien, pero ni punto de comparación con Lautaro y Koeman, señora. La final de la Champions ya tal, porque todo el mundo sabe que donde se pongan Eric García y Gayá palidece el resto del mundo conocido. La Copa de Europa no es más que una cortina de humo, el enésimo intento del discurso dominante por ensombrecer lo que de verdad importa, por ejemplo que Koeman es más que un entrenador, según reza (literalmente) un artículo que anuncia Sport en su portada.
Aquí no ha pasado nada, queridos niños. La anunciada reconstrucción tiene visos lampedusianos, que todo cambie para que todo siga igual, que Sportivo siga cantando virtudes y alabanzas por toda la comarca, salgan mujeres y niños a las calles con tambores, carracas y trompetas, hagamos fiestas populares donde loemos lo nuestro sin mácula ni ira, bailemos sobre nuestra tumba, convirtamos el agua en vino, multipliquemos panes y peces, que en esta aldea la palabra solución solo tendría sentido en el extrañísimo caso de que tuviéramos algún problema, y de todos es sabido que los problemas solo nos vienen de fuera como viles amenazas resentidas.
Así que vean si quieren la final de la Champions, debatan ingenuos sobre si prefieren que la gane un clásico con pasado o un advenedizo financiero. En cualquiera de los dos casos, seguirán ustedes bailando al son del orden establecido, se perderán nuestra excepcionalidad, nuestro cuento, nuestra Arcadia. Ni en los días de tormenta hace frío aquí, porque hasta el frío es cosa creada para procurar molestarnos. Contra eso, tenemos un sol de latón que pueden ustedes adquirir por un módico precio con los cupones que entrega a diario Mundosport. Hasta agotar existencias.



