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Opinión·8 de octubre de 2019

La fragilidad del Real Madrid

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Quillo Barrios

Tras la fatídica noche en París, Zidane quiso tapar las carencias juntando líneas y consiguiendo un mayor compromiso por parte de los futbolistas. Han pasado varias semanas y yo diría que, salvo la ignominiosa primera parte contra el Brujas en Champions League, ha conseguido su propósito. Además, ha ganado para la causa a Fede Valverde, apuesta personal suya que empieza a responder con creces y a dar la razón al propio Zizou, consciente de que, a falta de fichajes, buena es una irrupción así para el centro del campo.

Dicho esto, hay un problema que, sorprendentemente, no se está abordando dentro del madridismo. Hablo de la fragilidad del equipo. Lo comenté hace unos días en Twitter y me reafirmo aquí: el Real Madrid ya no sabe encajar golpes. Puede ser algo puntual -ojalá-, pero ya son varias veces en el último mes, por lo que convendría atajar el problema o, si todavía no se tiene constancia del mismo dentro del vestuario, localizar el foco.

Ante Levante y Granada vimos un Real Madrid imponente, con ritmo, jugando muy bien al fútbol en los primeros cuarenta y cinco minutos. Sometía al rival, llegaba a puerta con facilidad y goleaba. Un rodillo, vamos. Sin embargo, en ambos encuentros, con 3-0 a favor, recibió un golpe y acabó en la lona. Ni Levante ni Granada necesitaron superar futbolísticamente al Real Madrid para conseguirlo. Les bastó con un momento aislado para meterse en el partido y anular anímicamente al conjunto blanco.

Cierto es que suelen ser errores puntuales -ante el Levante en la acción del gol de Mayoral- o individuales -Areola contra el Granada-, que no se debe a una caída colectiva o a un bajón pronunciado en el juego. Esa es la parte positiva. Zidane sabe, o puede intuir, mejor dicho, que el equipo ha aprendido a tener cierta continuidad en su fútbol. El Real Madrid ya sabe dominar y someter. La parte negativa es que abandona mentalmente los partidos ante el más mínimo contratiempo. Porque, sí, recibir un gol cuando vas ganando 3-0 no es más que un mínimo contratiempo. En condiciones normales sería una anécdota. El típico gol del honor.

El Real Madrid ya sabe dominar y someter. La parte negativa es que abandona mentalmente los partidos ante el más mínimo contratiempo

Por suerte, el día del Levante se pudo aguantar la hemorragia -se ganó por la mínima y pidiendo la hora, pero menos es nada- y ante el Granada sentenció James en un contragolpe en tiempo de descuento. No siempre va a ser así. El Real Madrid necesita esconder su fragilidad o, directamente, espantarla. Tras el parón viene un calendario durísimo -Clásico y una Champions League que se ha complicado en exceso- que va a exigir el máximo del equipo en todos los sentidos. Se recibirán golpes, seguramente más de uno y de dos, pero caer al suelo y no levantarse ya no debería ser una opción.

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