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Destacados·23 de septiembre de 2020

La multitud a solas

Á

Ángel Antonio Herrera

Fue Baudelaire, padre de la poesía de ciudad, quien lo dejó dicho para siempre: “A solas padezco multitudes”. La frase delata el mal insólito de algunos escogidos, que reúnen en un mismo hombre cien hombres. La tentación de llevar varias vidas, o la maravilla de ser otro, se animan en las biografías de los rebeldes que no prefieren la norma sino el peligro. De modo que un hombre es el sueño de otro hombre, de modo que un hombre a veces es una asamblea. Y quien dice un asamblea, dice una grada, y quien dice una grada dice también un estadio entero. El Santiago Bernabéu. Y a esto iba yo. Tenemos vaciado el Bernabéu, por culpa del coronavirus, para llenarlo enseguida desde casa. Arrancó la Liga sin estadio, pero no la Liga sin afición, porque estamos ahí, como siempre, sólo que sin pasar por taquilla. Sobrepasamos el aforo, pero ocupamos sólo la butaca, o butacón, de casa.

Contra lo que escribió el poeta, pero sin desdeñarlo, no vamos a padecer multitudes sino que vamos a disfrutar multitudes. Ahora, cada hombre es Chamartín entero, pero sin Chamartín, que está tomado por el coronavirus, que en rigor no está en ningún campo abierto. Vamos a seguir yendo al Bernabéu, sólo que el Bernabéu sigue vacío, con lo que todos los madridistas hemos puesto el Bernabéu en nuestra casa. Es raro, y es estupefaciente, seguir al Madrid en partidos con la grada vacía, porque estamos todos ahí, entre otras cosas, sólo que no se nos ve. No hay club sin afición, aunque sí hay estadio huérfano de forofos, que es una cosa directamente fantasmal, porque todo estadio nació para el alboroto, y no para la nada. Lo que vengo a decir es que somos una multitud a solas, sorpresivamente, y porque el momento obliga, y somos también un estadio, el estadio pletórico, sin movernos de casa. Esto último ya ha ocurrido, porque la afición del Madrid es planetaria, pero no ha ocurrido con un estadio vacío, según es hoy lo preceptivo. El Bernabéu ha sido recuerdo, bullicio, templo, gloria. Hasta un monumento en obras, que es lo que es en rigor, ahora mismo. Pero ahora el Bernabéu soy yo. Y tú, y luego aquel. Jamás un estadio había sido una sola persona. Disfrutemos a solas la multitud que somos. Falta el clamor, si miramos la tele, pero no faltará. Hala Madrid.

 

Fotografía Getty Images.

 

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