La NFL
Antonio Valderrama
Este fin de semana fue la NFL en el Bernabéu, por fin, un «evento» que, por lo visto, estaba esperando todo el mundo. Como ahora todo son eventos y «experiencias»…la NFL era una de esas cosas por las que se acometió la reforma del estadio Santiago Bernabéu, o al menos eso nos dijeron. Aunque ahora es Estadio Bernabéu o Bernabéu a secas, sin el Santiago ni tampoco el el delante, que deben sonar, supongo, demasiado a español y a castizo ya a estas alturas globalistas de nuestras vidas.
Uno tiene la sensación, como con la Fórmula 1 y tantos de estos espectáculos, de que con estas cosas gana mucho dinero alguna gente, menos de las que cabría imaginar, y que sin embargo, el resto, vamos a encontrar, al día siguiente, el autobús, el metro y el tren de Cercanías igual de masificado, si no más.
Llegó la NFL y la gente se volvió loca. Estaba allí todo quisque, hasta Ayuso y Zidane, y Florentino, claro, en la gloria, aunque leí alguna noticia que empañaba el jolgorio general, insinuando que, para el año que viene, los americanos vendrían de nuevo a Madrid, pero al Metropolitano. Al menos así lo publicaron El Confidencial y Vozpópuli, que aludían a la fortaleza económica del estadio del Atlético de Madrid, que la verdad se está llevando toda la pila de conciertos que, en teoría, iba a acoger el Bernabéu. Esto ya sería el colmo, claro, pero son cosas que con el entusiasmo por los Dolphins y los Patriots que había por todas partes, pasaron desapercibidas. Con decir que hasta el comisario Fortes, de RTVE, se vio compelido a tuitear sobre el acontecimiento, es suficiente para hacerse una idea de la magnitud que tuvo el evento en el enésimo fin de semana de parón de selecciones.
Todo estaba sumergido en una atmósfera de cosmopaletismo que daba cosa verla y eso al parecer es el futuro, que ya está aquí: la vieja tragedia del fútbol reconvertida en el espectáculo del soccer
La gente estaba muy contenta con la NFL, de la que ahora todo el mundo entiende. La verdad es que a tenor de las fotos y vídeos que circulaban por X, la cosa tenía un punto a Bienvenido, Mr. Marshall que daba grima, cringe y lache, todo junto. Los americanos, que inundaron la ciudad como es normal, teniendo en cuenta que allí un proletario promedio blue collar gana lo que aquí un ejecutivo, podían hasta beber cerveza dentro del estadio, cosa que los de aquí no podemos cuando vamos a un «espectáculo deportivo». Sin embargo, alguno se quejaba, por X, de que Europa aún no está preparada para acoger la «experiencia deportiva» al estilo americano: los pobres no cabían en los asientos y éstos, además, no tenían reposavasos ni bandejas para que nuestros caporales gringos pudieran comerse a gusto sus hamburguesas y perritos king size cada diez minutos acompañados de sus buenos litros de coke. Estos europeos…
Hubo himnos, bandas militares y toda la parafernalia del entertainment yanqui, que hizo los ojos chiribitas de cientos de nuestros compatriotas. Que, literalmente, flipaban con todo el espectáculo, inevitablemente de cariz circense como casi todo lo que lleva el sello useño. Todo estaba sumergido en una atmósfera de cosmopaletismo que daba cosa verla y eso al parecer es el futuro, que ya está aquí: la vieja tragedia del fútbol reconvertida en el espectáculo del soccer, o sea, lo que aprendimos a querer hace mucho tiempo no siendo más que un pastiche.
La NFL, hablo de España, es algo que interesa a muy poca gente. Desde luego que a cada vez más, claro: Internet aproxima todo lo humano, por más lejos que ocurra y no hablo sólo geográficamente, aunque ya no hay casi nada remoto para el hombre sin cultura, o aculturado por el imperio. Aun así, la gran provincia española sigue siendo futbolera y el principal vivero social del Madrid, aunque al Madrid ya no le interese. Llegué a leer que resultaba más barato ir al Bernabéu a ver la NFL que un partido cualquiera de liga o de la Copa de Europa. Así es como están las cosas.
Si el fútbol es ya una cosa indigerible, del americano prefiero no hablar. Se podría haber aprovechado la coyuntura para empaquetarle a Camavinga a cualquiera de los dos equipos. Tendría futuro de quarterback y, si total, casi siempre está lesionado y cuando juega, reescribe Las ilusiones perdidas de Balzac…
El español es muy novelero y el que vive en Madrid, más. Al fin y al cabo con los americanos no había skin in the game como ellos dicen: se podía chillar y aplaudir como a las focas en el acuario. Cuando aparezcan por La Castellana el Celta y el City, eso ya será otra cosa. Está claro que no es lo mismo ver a esos bigardos echándose carreras por el césped lleno de líneas ininteligibles, que hay más rayas ahí que en una pista de tenis, que seguir atento las «evoluciones» de Rodrygo por la banda derecha. Hay un bajón evidente que el público va a notar. Y encima, sin poder beber cerveza dentro del campo.
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