La solución portuguesa a debate
Amalio Campa
Debo confesar que cuando Jesús Bengoechea y este humilde escribano comentaron la posibilidad de elaborar un artículo en el que se tratara el hipotético regreso del entrenador de Setúbal al Real Madrid, cometí un error mayúsculo impropio de alguien con un mínimo de sentido común: di por hecho que el equipo eliminaría al Ajax de Ámsterdam en octavos de final de la Champions. De esta manera, mis palabras irían encaminadas a discernir los pros y los contras de su nuevo advenimiento, pero desde un punto de vista bastante sosegado y analítico. Pero esta debacle de proporciones bíblicas lo cambia todo al sacar de la mayoría de nosotros nuestra esencia volcánica, destructora y, hasta cierto punto, maligna. Voy a hablar por mí, ahora mismo no me vale nadie, empezando por Florentino Pérez y terminando por el becario del departamento de informática. Quiero que se vayan todos por donde han venido, y a ser posible que no vuelvan. Seguro que, en los próximos días, comenzaré a reflexionar, tomaré las cosas con más mesura y poco a poco las aguas bajarán más calmadas. No deseo por más tiempo emular a los Rolling Stones y su famoso himno “Paint it black”.
Quien más quien menos veía venir este resultado espantoso, la planificación veraniega no invitaba al optimismo, la pérdida de calidad de la plantilla era evidente y la ley del fútbol siempre acude inexorable a su cita; no se gana eternamente y el día de la derrota llegará tarde o temprano. Lo malo es que cuando uno está instalado en la victoria los efluvios de grandeza le ciegan e impiden ver lo evidente. Perfecto, todos sabemos lo que pasa y lo que sucedió durante los meses pretéritos, pero muy pocos conocen cuál es la mejor solución para revertir una situación a día de hoy enormemente viciada. Una de ellas podría tener el nombre de un entrenador portugués tatuada en la frente.
Cuando el Real Madrid dejó escapar liga y copa en tres días nefastos frente al eterno rival lo único que no se discutió fue la actitud de dos jugadores que constituyen las únicas notas positivas dentro del maremágnum de mediocridad reinante. Dos recién aterrizados como Sergio Reguilón y Vinicius Jr parecían mostrar las esencias del madridismo más puro, y no se acomplejaron ante las estrellitas mimadas del bando blaugrana, mientras otros compadreaban con ellos como ursulinas ante la atenta mirada de un público atónito. Rápidamente las redes sociales empezaron a arder con frases del tipo “esto con Mourinho no pasaba”, “necesitamos que vuelva para poner a estos (imaginen el epíteto más malsonante) en su sitio”. Y es que Mourinho ha quedado para muchos en el recuerdo no por sus dotes de estratega, sino como el principal azote del “nacionalbarcelonismo” imperante y su séquito de adoratrices oficiales cuyas labores son juntar letras cargadas de doble moral, y recoger las babas que ellos mismos van arrojando al suelo desde que Messi se levanta por la mañana hasta que se acuesta. No me malinterpreten, a mí el personaje Mourinho me encandila, me trae a la memoria momentos de disfrute imperecederos fustigando verbalmente a periodistas y organismos diversos, y extrayendo lo más salvaje de cada uno de nosotros, aunque también mezclados con otros episodios muy negativos. Sin embargo, la directiva no debería dejarse llevar por el factor emocional, sino meditar, aceptar los tremendos errores que cometió y, por último, responder a una pregunta clave, ¿es José Mourinho el entrenador ideal desde el punto de vista únicamente futbolístico para emprender una revolución que se antoja radical dentro de una escuadra que se muere?
La pregunta se las trae, y si la respuesta fuera un “no” inmediatamente surge la siguiente, ¿quién? Aunque no tengo ningún poder de decisión, afortunadamente para el club, me permito dar mi humilde opinión que defraudará a muchos: mi veredicto es negativo. El tópico de que segundas parte nunca fueron buenas es sólo eso, un tópico que únicamente se trae a colación cuando se cumple, pero como ya dije en otro artículo, hace meses, el entrenador de Setúbal ha empezado a involucionar como gestor de grupos y en su quehacer táctico, por lo que ahora mismo no lo convierte en el candidato ideal para un banquillo que lo que necesita de forma imperiosa es un perfil tranquilo, y provisto de un libreto deportivo moderno y equilibrado. Don José tuvo su oportunidad, lo hizo muy bien a nivel de resultados los dos primeros años, en contraposición con la opinión de la corriente pipera madridista, e inició los cimientos para un proyecto multi campeón, que por desgracia toca a su fin. Mis respetos, Mou, pero creo que ya pasó tu momento.
