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Destacados·26 de junio de 2020

“Ladran, luego cabalgamos… amigo Piqué”

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Carlos Agrasar

Llevo observando desde que se reanudó la Liga algunos episodios, detalles y síntomas que considero significativos y que me anuncia ‘tormenta’ sobre las presiones y dificultades a las que se va a enfrentar el Real Madrid en los partidos que aún faltan por disputar. Presiones y dificultades al margen del juego, que es el único factor que debería resultar definitivo para el desenlace final. Querer ganar fuera del campo no parece ético y está ‘retratando’ a muchos.

Recordemos que la competición se reanudó con la ventaja del Barcelona (de dos puntos) sobre el Madrid. Y muchos forofos ‘anti’ confiaban en que esa ventaja de los culés sería suficiente, y en que el Real pincharía... Pero en solo tres jornadas el escenario cambió de forma radical y, con su victoria del domingo contra la Real Sociedad (1-2), el equipo blanco se encaramó al primer lugar de la tabla y —tras la victoria del miércoles sobre el Mallorca— sigue dependiendo solo de sí mismo para la conquista del título. Pero, desde San Sebastián, todas las fuerzas anti se han puesto en evidencia —y en marcha— para tratar de abortar esta opción.

El primer episodio al que deseo referirme es anecdótico, por no decir grotesco y humanamente un poco ruin, pero resulta significativo. Sucedió durante el programa El Chiringuito de Jugones, en la víspera del encuentro Sevilla-Barça, cuando el furibundo sevillista Cristóbal Soria (incluso ha sido delegado del club de Nervión) abandonó el plató de manera tan airada que sus contertulios pidieron que no volviese al programa ¿Qué es lo que pasó en ese plató para tal ‘escándalo’? Pues que Cristóbal no soportó que el director hiciera una encuesta en Twitter con esta sencilla pregunta: “¿Con quién va Soria mañana: Sevilla o Barça?”. Al interesado no le convenía nada aquella encuesta y se opuso a ella, porque presentía que para él era una trampa saducea que le iba a dejar, sí o sí, con el culo al aire.

Efectivamente, en el minuto 1 de la encuesta, las respuestas ya reflejaban que un 80% de los 3.000 primeros participantes se inclinaban porque Soria prefería la victoria del Barça; primera tendencia, muy contundente, que le hizo mostrarse enfadado y ofendido; le parecía “una falta de respeto” por parte de sus seguidores y le ponía a los pies de los caballos ante el sevillismo. También espetó ante la cámara que ya se lo advirtió a Josep Pedrerol, el director del espacio, y a continuación dio la espantada: “Buenas noches a todos”, dijo airado, y cortó la conexión…

Personas con las que he comentado este sainete no aciertan a comprender cómo es posible que Cristóbal se sintiera ofendido y faltado en el respeto por parte de su propia audiencia. Quizá se nos olvida que las personas somos dueñas de nuestras percepciones y opiniones, que la reputación es nuestra pero que no nos pertenece (porque depende de la opinión que los demás tienen de nosotros); si la encuesta arrojó esos resultados es porque, por encima de su sevillismo y sus simpatías culés (no oculta que adora al ‘dios Messi’), puede más en él un sentimiento antimadridista —reconocido— tan profundo e irracional que le resulta imposible de gestionar.  Si el Sevilla ganaba al Barça, le ponía en bandeja la Liga al Madrid… y esa duda emocional era too much para su corazón de forofo y su cerebro de fanático.

El antimadridismo se teme que el Real va en serio esta temporada y que se puede llevar el gato al agua. Por eso, el ‘portacoz’ culé Gerard Piqué se lanzó de manera inmediata a azuzar a las ‘huestes anti merengues’, insinuando favores arbitrales a su rival: “Viendo las dos primeras jornadas, será difícil que el Madrid pierda puntos”, dijo. El central quizá sea reconvenido por el Comité de Árbitros, pero ya ha conseguido encender la mecha de una nueva campaña y el apoyo sibilino (y oficial) de su entrenador, Quique Setién: “A mí, no de ahora sino de siempre, Piqué me ha parecido una persona muy inteligente” (¿…?). El entrenador demuestra así su ‘nerviosismo’ por la situación: “Es comprensible preguntarse por qué unas acciones se revisan y otras no. Eso puede llevar a pensar que no se está utilizando bien”.

A esta ceremonia de la conspiración se prestó también ‘el ejército anti’ —tras el partido contra la Real Sociedad— con la excusa de tres jugadas discutibles que el árbitro decidió en favor del Madrid con opinión y fundamentos propios (y que el VAR no desautorizó). Hubo testimonios y me temo que así será hasta el final de la Liga… aún faltan por aparecer en escena otros actores que se harán notar por sus críticas y aportaciones diversas a esta ‘guerra de nervios’.

Me gustó mucho la primera reacción de nuestro entrenador, transmitiendo calma a sus ‘seguidores’ y tratando de que la estrategia desestabilice en el seno del Club lo menos posible: “Me gustaría hablar solo de fútbol; del resto no puedo decir nada. Al final me molesta que sólo se hable de los árbitros (…) Nosotros ganamos en el campo y hoy lo hemos hecho. El resto cada uno puede decir lo que quiera”. Zinedine Zidane en estado puro…

En todo caso, esta estrategia del ‘enemigo’ me queda cada día más clara: jugar la baza del victimismo y exprimirla hasta la última gota. Frente al buen fútbol del Madrid y a su espíritu ganador —que nadie discute— ser víctima es la mejor forma de justificarte en tus propios errores y ganar adeptos. Y nos permite callar nuestras carencias y defectos (¿ha hecho el Barça alguna autocrítica a su mal juego de los últimos tiempos o de por qué no ganó en Sevilla?).

Como decía en una reciente entrevista a La Vanguardia el ensayista italiano Daniele Gigliolli, gran experto en la ‘cultura del victimismo’, “la víctima es el héroe de nuestro tiempo… porque ser víctima tiene privilegios: otorga prestigio, identidad, derechos, exige escucha y promete reconocimiento” (o sea, ya que no gano, al menos tengo que dar pena). Además, ser víctima inmuniza contra la crítica: “garantiza la inocencia, porque la víctima no ha hecho, la han hecho; no actúa, padece y reivindica. Es una paradoja” (como son débiles, no les podemos criticar).

La entrevista me pareció fantástica, sobre todo por cuando Gigliolli explicaba que el victimismo ha triunfado “porque llena un vacío de sentido, de identidad. Todos sabemos que nuestra identidad es un patchwork, es líquida… sin embargo la víctima tiene una identidad fija, definida, precisa, sólida: me hicieron aquello y eso me garantiza identidad, escucha y respeto”.

No hay que desdeñar esta teoría porque parece que, en la España de hoy, hay en efecto demasiadas personas sin una identidad propia que dé un sentido digno (y no lacrimógeno) a sus vidas. Todo lo contrario de lo que sienten los madridistas, que desean —siempre— ganar (sin dar pena), que se sienten orgullosos de conseguirlo y que lo tienen asumido sin complejos. Y esa actitud ganadora es la que ha llevado al Real Madrid a ser el mejor club de la historia.

 

El factor intangible:

1- Introducción

2- La (no) gestión de los intangibles

3- El "factor Zidane", en el centro de (casi) todo

4- El césped retráctil, el "golpe" definitivo de Florentino

5- ¿Hay algo más intangible que un estado de ánimo? 

 

Fotografías Getty Images.

 

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