Llegó 2019: la vida sigue igual
Athos Dumas
Resumen de 2018: la vida sigue igual.
Leído y oído en estos últimos días. Ya saben que a finales de cada año natural quien más quien menos hace balance de todo lo ocurrido en los doce meses anteriores.
Más de uno, de dos, de tres y de cuatro tertulianos en emisoras variadas (Radio Marca, Onda Cero, Cope) han asegurado - y a estas horas no hay constancia de que se les haya caído la cara de vergüenza - que el mejor equipo del año, a nivel mundial, ha sido el FC Barcelona, bajo el argumento sibilino de “las competiciones verdaderamente importantes son las locales, y en ellas el Barça ha arrasado”. No escuché esas afirmaciones el 28 de diciembre, no, lo estaban afirmando completamente en serio. Hubo alguno, incluso, que osó decir que “sin género de dudas”, el mejor había sido el Atlético de Madrid, y la explicación estaba en quién había ganado la Supercopa, que es el torneo que define al mejor de Europa y que, por lo tanto, debería de dar el pasaporte para jugar el Mundial de Clubes (???).
Bien es sabido que en estas fechas son numerosos los empachos navideños a base de polvorones, de langostinos de Madagascar o de peladillas, así como que se producen ingestas excesivas de bebidas alcohólicas, debidas a los festejos y a las cenas y brindis de empresa.
Lo de siempre, lo que ya sabemos sobre los méritos del Madrid: son nulos o invisibles. La Copa de Europa no vale nada de nada cuando el Madrid la conquista, se apunta en contabilidad aquello de “a beneficio de inventario”.
El mejor jugador del año por supuesto que debe ser Messi por decreto y porque nadie merece siquiera limpiarle las botas. El que Manolas borrase del mapa al Barça en cuartos de final de Champions o Mbappé hiciese lo mismo con Argentina en octavos de final del Mundial de Rusia son pequeños accidentes achacables a una mala tarde o a unos compañeros de selección sin nivel y sin talento.
Un generoso tertuliano de Radio Marca, de los de a mediodía -tertulia de Rafa Sahuquillo-, osó otorgar condición de “jugador revelación” a Luka Modric, como si el croata mereciese a sus 33 años el Trofeo Bravo de los futbolistas imberbes.
La gran mayoría de los que escuché coincidieron en la decepción que supone que el Madrid desperdicie las competiciones nacionales y poco menos que dedique sus energías a un único objetivo cada año. Podríamos incluso comprar parte de ese argumento si los opinadores profesionales al menos tuviesen la decencia de poner en valor el máximo trofeo europeo de clubes, máxime cuando se conquista de manera consecutiva por tercera vez. Pero no, es mejor volver a recordar la eliminación en Copa a manos del Leganés que el repaso de Kiev al Liverpool, un Liverpool que, ahora sí, al liderar la Premier con autoridad, el entrenador miccionador de colonias, eleva a la categoría de mejor equipo del universo.
Los palos al Madrid siguieron cuando prácticamente la totalidad de encuestados designó a Marco Asensio como “jugador decepcionante del año”, sin recordar que al menos una exhibición del mallorquín, aquella del 1-2 en Múnich que permitió que el Madrid pasase a la final de la Copa de Europa, fue bastante más determinante que lo que han hecho decenas de jugadores tanto en España como en el resto de Europa.
La guinda del pastel fue al responder a la pregunta del “mayor hecho futbolístico del año”: unánimemente todos respondieron, como si de Emmanuel Macron se tratasen, que la consecución del Mundial de Rusia por parte de Francia. El triplete histórico de Champions del Madrid de Zidane (Milán-Cardiff-Kiev) “son los padres”. Total, un equipo que no propone, ni tiene estilo, y que encima juega desordenado, como bien nos recordó el Jardiner Hernández hace poco, para qué vamos a gastar saliva en hablar de él.
El resumen del año fue un poco como el que hicieron los organizadores de la Liga Promises a finales de diciembre: mejor jugador para uno del Barça, equipo que no pasó ni siquiera a cuartos de final; mejor portero el del Inter de Milán (se lo concedieron antes de la final y en la final se tragó el pobrecillo el gol del empate que finalmente le costó el título a su equipo); mejor entrenador el del Betis, que acabó cuarto del torneo; y el Madrid, “jugando irregular y sin saber cómo fue pasando eliminatorias”, acabó alzando la copa de ganador de La Liga Promises.
El resumen de 2018 es por tanto el resumen de toda la vida: todos los equipos son la octava maravilla, ya sean el Barça, el Atleti, el Liverpool, la Juventus o el Leganés. Que el Madrid gane la Champions, y a finales de año, el Mundial de Clubes, no dejan de ser anécdotas que no deben tapar los múltiples defectos y carencias del club de Concha Espina.
Con todo, un servidor, que no aspira a ser sesudo tertuliano, se apunta en 2019 a levantar de nuevo la Copa de Europa, la que alguna vez hemos conquistado, según Mr. Croquetas Relaño, “de aquella manera”. Y que Messi y el Barça sigan siendo los mejores de la galaxia.

