Los anti Bale: una historia de odio y frustración
José Luis S. Ortiz
La aversión al galés no ha dejado de crecer en una parte de los aficionados
¿Hay algo peor que un ultra? Pues sí, un ultra anti. Y es válido para las dos especies de ultras anti más abundantes en nuestra fauna futbolera: el antimadridista y el antiBale. Un anti ultra es un negacionista de la realidad. Un ser negativo por definición, lo suyo es la destrucción hasta la extinción. En el caso de Bale se trata de borrarlo de la historia o, al menos, intentarlo. Para ello ninguneará sus logros y blanqueará a su gran aliada: la prensa del manolismo. Esta es la pequeña historia de la génesis, forja y desparrame de una obsesión.
Me maravilló el joven Bale cuando lo veía en la Premier. Y me fascinó cuando aterrizó en España y fue recibido a portagayola por una hernia fantasma (prensa). Justo en ese momento casi dejó de importarme el jugador. Entendí que semejante campaña merecía una respuesta por parte del club y hasta de sus compañeros. No hubo y tal y entonces Bale, el jugador, pasó a ser el caso Bale.
Y surgió, casi por generación espontánea, el ultra antiBale. El tipo jugó su primer partido contra el Villarreal y marcó su primer gol. Era un hecho esperanzador, como botón de muestra. Pero el ultra antiBale ya estaba lanzado.
Nunca entendí los motivos por los que un tipo tan correcto, tan poco conflictivo y tan discreto fue capaz de suscitar tanta carga de odio desde que pisó España. Es un gran misterio: ser odiado, desde que llegó, sin haber hecho méritos para serlo. No era el chuleta de turno luciendo cuerpo, tampoco el hortera exhibiendo modelo tío Macario, ni siquiera traía antecedentes de ser amigo de la noche. Por no lucir, ni lució ese aspecto tan “repuestito” (que diría mi señora) forjado a base de lorzas morcilleras después de unas vacaciones como Dios manda. Es más, puso de su parte lo suyo para venir. Ya le hubiera gustado a ZZ que su añorado Pogba hubiera puesto en el cesto de los huevos la mitad de lo que puso el galés.
A la hernia le siguió el golf, no saber español, no dar entrevistas, las lesiones (casi voluntarias, naturalmente), su falta de actitud y de implicación...
Para ir calentando motores, a la hernia ya le precedió un precio de traspaso hiperbólico que hubiera servido para construir colegios, hospitales, autopistas y hubiera servido para dar luz gratis a una ciudad como La Coruña durante no se sabe cuánto tiempo (artículo de Ana Ortiz en El Mundo titulado “Con lo que vale Bale se salva el CSIC”, que apesta a demagogia incluso siete años después). Después hubo traspasos más onerosos que, por supuesto, ya no preocuparon a nadie. A la hernia le siguió el golf, no saber español, no dar entrevistas, las lesiones (casi voluntarias, naturalmente), su falta de actitud y de implicación, su poco compromiso con el club, etcétera. Todo esto ya durante sus dos primeros años. Tiren de hemeroteca y lo comprobarán (prensa, por tierra, mar y aire).
Todo esto propulsó el crecimiento exponencial de los ultras antiBale. Gran número de ellos dentro de la propia afición madridista. Les recuerdo que estamos hablando de hace un lustro, como poco. El jugador ya había marcado un buen puñado de goles y, solo en su primer año, había contribuido a los dos títulos mayores que ese año consiguió el Madrid. Un dato para desmemoriados: en Lisboa, Gareth Bale marcó el segundo gol en el minuto 110’. Restaban solo 10’ para el final de aquel partido. Tan solo alguien cegado pr el odio puede negar la importancia de ese hecho. Y lo hace. Y es espeluznante: un gol a falta de 10’ para los penaltis en una final de Champions y que deshacía un empate. Del bartrazo, mejor ni hablamos.
Solo su primera temporada debió haber servido para cerrar el asunto. Pero el campo ya estaba abonado y ya saben lo que pasó en las siguientes temporadas. Entre lesiones, campos de golf, desprecios e indolencia, en sus primeros cinco años le dio tiempo para marcar más goles que Zidane y Figo en sus primeras cinco temporadas y casi los mismos que Ronaldo (el rellenito) y ganar más títulos que cualquiera de estos tres. Datos que ponen de los nervios a los antis del galés, pues cuadran mal con su odio. Es el decimoséptimo goleador histórico del Madrid. En cuanto a número de enemigos, sin duda, es el líder indiscutible. ¿Por qué? Buena pregunta porque más allá del golf y del poco manejo del español, el argumentario del antiBale, en esos cinco años, se reduce a patalear. Cierto es que sus lesiones durante esos años nos dejaron una sensación agridulce de apetito no saciado del todo. Sensación que nada tiene que ver con el odio africano que buena parte del madridismo manolista ya le procesaba por aquel entonces. Odio que caminaba en paralelo al odio mediático. ¿Casual? No, claro que no. Nunca tuvo un momento de respiro. Hiciese lo que hiciese.
El ultra antiBale vive en una obsesión permanente que puede causar efectos perturbadores hasta nublar la vista y el entendimiento
Echándole muy buena fe y abstrayéndome del consabido principio (generalmente aceptado para otros casos) de “por todo los que nos ha dado”, entendería la inquina fundamentada en sus dos últimos años. Pero su ejército de odiadores no nació en el corto/medio plazo recientemente pasado, viene de mucho más atrás. Y lo sabemos todos. En esta misma casa (nada sospechosa), tienen un ejemplo en este artículo escrito en el año 2017 aprovechando la lesión del jugador a finales de 2016 cuando le reventaron el tobillo en Portugal y que le mantuvo alejado muchos meses y casi no le permitió entrar en juego en lo que restaba de temporada. Imagínense que el club siguiendo esos deseos y anhelos, hubiese vendido al jugador. Adiós a Kiev y, posiblemente, al gol más legendario habido en una final de Champions.
El ultra antiBale, como cualquier ultra anti-algo, vive en una obsesión permanente que a base de no ser satisfecha en tiempo y forma crece, engorda y puede causar efectos perturbadores hasta nublar la vista y el entendimiento. Tanto es así que ya no les basta con verlo reducido a la mínima expresión dentro de esa plantilla. Tiene que desaparecer de la memoria del madridismo. Ensuciemos su imagen e infravaloremos su pasado. No deben quedar ni las raspas. Ejecútese la orden 66.
Sus anteojeras de odio impiden que vean que detrás del dedo está la luna. No entienden que el caso de este jugador, masacrado, vejado, insultado y humillado (con todos los millones de euros que ustedes quieran) como ningún otro jugador en la historia de nuestro club (y ya es decir) trasciende del propio jugador. Y eso supone admitir el derecho de pernada como parte del derecho natural. Es decirle al manolismo: “Esta es mi casa, esta es mi mujer, proceda como guste, amo y señor”. Ayer y hoy, es Bale, mañana, será otro. Y vosotros, ultras antiBale, tendréis una parte, y no pequeña, de culpa. Vuestro odio ha facilitado y marcado el camino.
Volvió ZZ. Y todos supimos que ahí se acababa la carrera madridista del galés. Eso supuso la felicidad absoluta del antiBale, lanzado ya a degüello
Niegan que exista el As de Relaño, el Marca de Palomar, la Cope de Manolo Lama, la Ser del otro manolo o la Onda Cero de Joserra. Niegan el Movistar de Maldini o de Carlos: “La liga se nos va”. Niegan el GolTv de Roures. Negar que Bale ha sido su víctima favorita durante años es como negar que la víctima favorita de Alfredo es Florentino Pérez, al que, por cierto, ha atizado varias patadas sirviéndose de Bale. Relaño, el objetivo periodista que acuñó aquello de la "lata de sardinas galáctica".
Pero en este penoso camino de odio, no todo han sido desgracias. Cuando aconteció la gloriosa chilena de Kiev, pudimos asistir a un espectáculo maravilloso en redes sociales: el éxodo hacia los agujeros más recónditos, oscuros y ocultos del imponente ejército de antiBales del mundo. Duró poco la alegría, la verdad. Tan solo un verano. ZZ se marchó, todavía no sabemos por qué. Y el club se quedó agarrado a la brocha y sin escalera debajo. El resto de la historia ya lo conocen. Temporada muy mala de casi todos, exceptuando a Karim, Reguilón, Vini y Llorente (ay). Pero la culpa fue exclusiva del galés, aunque el capitán despareciese del equipo en los últimos dos meses por una rotura muscular grado 1. Volvió ZZ. Y todos supimos que ahí se acababa la carrera madridista de unos cuantos jugadores. Entre ellos, la del galés. Y eso supuso la felicidad absoluta del antiBale, lanzado ya a degüello.
Apareció un niño agraviado por negarse el jugador a firmarle un autógrafo. Es detalle feo, sin duda, que les sirvió de munición. Espero que ninguno de sus odiadores profesionales se haya visto obligado a tratarse con algún medicamento adquirido con los 500.000 euros donados por el galés a la CM. Extraño comportamiento para un tipo que pasa de todo. Odian a Bale por ser Bale, no por sus acciones, pues de ser así, el ultra antiBale debería odiar a la mitad de la plantilla del Real Madrid si siguiera al pie de la letra su propio argumentario. Pasen y vean.
Bale nunca ha chantajeado al club con ofertas fantasma (y hubo un tiempo en el que pudo). Nunca se ha presentado en la pretemporada luciendo kilos. No se le conoce melopea, juerga o guateque alguno. Ni indisciplina alguna. Que se sepa, jamás le ha faltado al respeto a su entrenador. Y mejor no citar dolorosos casos de entrenadores pretéritos. Ninguna sospechosa lesión le ha servido para preparar una boda, un bautizo o una comunión. Nunca ha insultado explícitamente a la afición. Lejos quedan aquellos tiempos en los que, en soledad, se plantaba en el centro del campo al final de cada partido y aplaudía en señal de agradecimiento a la afición que, algunas veces, le había abroncado poco antes, del mismo modo que había jaleado una ruleta intrascendente de cualquier otro jugador.
Bale hace gestos desde la grada. Cosa muy fea. Y alguna vez no ha celebrado los goles, cosa más fea aún
Menospreció gravemente a la afición del Madrid mostrando una bandera de su país con mensaje. Y hace gestos desde la grada. Cosa muy fea. Y alguna vez no ha celebrado los goles, cosa más fea aún. Hemos visto a leyendas del madridismo descojonándose en la grada mientras el equipo recibía goleadas. Hemos visto a una leyenda marcharse al vestuario, harto de tanto silbido. Y, a bote pronto, se me viene el nombre de al menos cuatro jugadores que insultaron a la grada explícitamente con recordatorio a la figura materna. De esos cuatro, dos son leyendérrimas del madridismo.
Infumable profesional por negarse a ir concentrado a un partido en el que, al parecer, su entrenador le dejó claro que, si acaso, participaría repartiendo agua entre sus compañeros. Ahí estoy de acuerdo, debería haber ido y no hacerlo estuvo mal. Tan mal como su entrenador, protector de vestuarios, al expresarlo públicamente en rueda de prensa y poner a SU jugador entre la espada y la pared (más aún), justo antes de un partido tan importante. Él sabrá. Hechos con nombres y apellidos. Ninguno odiable (cómo debe ser), solo Bale.
Hace tres años y medio, justo en la mitad de su carrera en el Madrid, cierto día en Valdebebas, en jornada de puertas abiertas para la prensa mundial, poco antes de la final de Cardiff dijo que entendía que había otros compañeros que debían jugar antes que él, pues estaba recién salido de una lesión. Ese acto, que yo nunca he visto en otro jugador, cuadra muy mal con la idea expandida por sus antis de jugador no comprometido con el club. Cardiff, su casa. Y estaba sano. De hecho jugo unos 15’. Podría haber tirado de manual: “Estoy a disposición del míster”. Pero no lo hizo. Quitó presión a su entrenador (ay), tuvo un gesto de compañerismo y, sobre todo, miró por el bien del club. Curioso caso de un tipo, ya odiado, al que todo le daba igual.
Bale debe irse. Ahí creo que estamos de acuerdo. Su situación es irreversible y por mucha podredumbre que se expanda no va a empeorar porque es imposible. Pero no tiene ofertas. Cosa que hace felices a sus odiadores, cuestión que no termino de entender y que solo tiene explicación desde el punto de vista de un odiador profesional. Ya no se trata de perderlo de vista, se trata de verlo humillado. Seguramente será cierto lo de no tener ofertas. A mí lo que me extrañaría es que las tuviera. Para qué pagar si el vendedor lo valora en nada. El valor de Bale lo dará el tiempo que tarde en encontrar trabajo si el Madrid lo libera, que es lo que debería haber hecho el año pasado o este año si tanto trastorno provoca en ZZ, vestuario y límite salarial. ¿Por qué no lo hace con Bale y sí lo hizo con Casillas y Raúl? A lo mejor es que sí vale algo.
Dará igual que lo odiéis o lo dejéis de odiar. La leyenda del galés no desaparecerá.
Sus dos últimos años han sido muy malos. Seguramente por su culpa. Yo no descarto al entrenador, que lo ha puesto en la diana varias veces y que no le ha dado lo que a otros sí, con un rendimiento y profesionalidad incluso más cuestionables que las del galés. Él sabrá por qué. Pero que sepáis, odiadores, que mientras estemos por aquí unos cuantos (muchos más de los que os imagináis) la leyenda del galés no desaparecerá. Y dará igual que lo odiéis o lo dejéis de odiar porque ya estará fuera de vuestro alcance. Vuestro odio será irrelevante, aunque mucho me temo que tardaréis muy poco en encontrarle sustituto. Es vuestra naturaleza.
Fotografías Getty Images.




