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Opinión·6 de noviembre de 2019

Los laterales del Real Madrid, una cuestión a resolver

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Pepe Kollins

Actualmente, el Real Madrid está inmerso en un proceso para revertir la línea descendente que dibuja desde hace casi dos años. Si ya en la temporada 2017/2018 el rendimiento en Liga fue claramente decepcionante, la temporada pasada el desplome fue generalizado. Estamos, a todas luces, ante el ocaso de uno de los mejores equipos de la historia del club y el nacimiento del que le tiene que dar el relevo. Y ese cambio no se antoja sencillo ni breve. No se trata de finiquitar el vínculo con todos los futbolistas que marcaron ese periodo dorado, pero sí de una transformación paulatina de su núcleo básico que cree las bases para un nuevo periodo de dominio.

Se ha hablado mucho del coste que tuvo la pérdida de Cristiano Ronaldo y “sus cincuenta goles”. Sin duda, un factor decisivo que no pudo compensar ni un Benzema estelar. Pero no menos cierto es que los números nos indican que los campeonatos de Liga se deciden en la parte de atrás. En ese sentido, la irregularidad y su consiguiente debate, también ha afectado a los centrales (Ramos, Varane y Nacho), así como a la portería. Tampoco se ha salvado de la quema el centro del campo, que fue posiblemente la línea que peor rendimiento ofreció la temporada anterior, si bien Kroos y Casemiro han mejorado notablemente estos últimos meses. Pero de lo que no se ha hablado tanto, en proporción a su incidencia, ha sido de uno de los factores más determinantes en el juego del equipo: los laterales.

Efectivamente, el concurso de los laterales ha sido clave para la generación de juego. Marcelo y Carvajal no han sido solo un eslabón fundamental en el apoyo a la salida de balón, sino también la principal vía durante años para abrir las defensas contrarias. Desaparecidos los extremos del panorama futbolístico y convertidos los jugadores de banda en arietes que se proyectan en diagonal, en dirección al área, en busca del gol, son los laterales los encargados de superar líneas, desbordando y atacando la espalda rival.

Si en la delantera podemos agarrarnos a un Karim que ha sido el único que nunca se ha caído, a la llegada del mejor Hazard, al que todavía se le espera por Chamartín, o al progreso de promesas como Rodrygo, Vinicius o Jovic; si en el medio campo constatamos la consolidación de un nuevo trivote germano-brasileño-uruguayo o en la portería atisbamos brotes verdes con Courtois, menos halagüeño, por el momento,  parece la situación con respecto a la defensa y, concretamente, con la demarcación señalada.

En el lado izquierdo, a un Marcelo fuera de forma desde hace dos años se ha añadido un Mendy que se ha mostrado muy limitado ofensivamente. Por la derecha, Carvajal imita el declive pronunciado de su compañero brasileño y Odriozola ha coleccionado un cúmulo de errores defensivos que han penalizado en exceso al equipo. Los laterales no solo no han ofrecido esa clave ofensiva que fueron durante el periodo dorado, sino que, además, constituyen una fuente de pérdida de balones y de la posición, que deriva en un desequilibrio defensivo notable.

Especialmente sangrante es que dos cedidos, Achraf y Reguilón, estén destacando en sus respectivos clubs. Si bien, otra forma de verlo, más positiva, es que suponen una garantía de relevo para la temporada que viene. Mientras eso sucede, sería conveniente que Zidane se centrase en resolver este problema, bien mejorando el rendimiento de los que hay  -incidiendo en la forma física o planteando mecanismos tácticos diferentes -, o incentivando la competencia, con alternativas, como Lucas Vázquez, Militao o canteranos del Castilla.

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