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Opinión·7 de mayo de 2019

Lucas

M

Mario De Las Heras

Hay una película de los ochenta que se titula Lucas. Tengo recuerdos borrosos, pero a grandes rasgos es una comedia adolescente con tintes de drama. Lucas (Corey Haim) es un superdotado que se enamora de una chica mayor (Kerri Green) que a su vez se enamora de Charlie Sheen. Charlie y la chica son amigos de Lucas. Lo defienden frente a las burlas en el instituto y todo eso. Pero Lucas quiere a la chica y lo pasa mal. Quiere jugar al fútbol y ser alto y fuerte.

Quien le iba a decir al Madrid que iba a tener su propia comedia/drama adolescente. También se llama Lucas. Y tiene todos los ingredientes del género. Lucas quiere ser del equipo (lo es, con todos el merecimiento), pero a los abusones de la afición no les gusta. No paran de burlarse de él. El asunto ha iniciado una deriva casi violenta. Al pobre Lucas lo apalizan en las redes y en los mentideros.

Lucas ha pasado de aquel verano en que paseaba por el campo con la chica, haciendo girar la pelota sobre su dedo en dirección al punto de penalti, a ser insultado con una crueldad inusitada. Esto es algo natural como el rocío de la mañana o el canto de los pájaros: cuando las cosas vienen mal dadas, es corriente buscar (y encontrar) al Jonás del barco que muchos identifican hoy con Lucas Vázquez.

Es un tema muy común, tratado abundantemente en el cine y la Literatura. La caza, Perros de paja, La jauría humana... Es la manifestación animal del descontento propio. Es la búsqueda desesperada de una solución ajena. Es la historia de Jesús. El Evangelio según San Lucas. Podría decirse que es la reacción contraria a la que sufren los adoradores de Messi.

A Messi se le buscan los aciertos (y si no se los encuentran se los inventan), del mismo modo que a Lucas se le buscan los errores. Esta obsesión refleja hace que no se vean los errores en el primer caso, como tampoco los aciertos en el segundo. Es el sentimiento fanático/turba que se alimenta como el fuego. No hay más que echar leña para que no se extinga, o prender donde arda sin control para provocar un incendio.

 

 

Ambos casos están ahora mismo descontrolados. Se adora a Kali-Messi y se despotrica de Lucas, el adolescente enclenque y con gafas de los ochenta. Pero no son ni una cosa ni la otra. Las llamas se extienden avivadas por las almas vacías o en tránsito. Unas necesitan creer y otras destruir. La adoración a Kali-Messi es la necesidad de alargar el sueño aun a costa de mantenerlo artificialmente.

El linchamiento de Lucas es el deseo interior de romper con todo para volver al sueño apenas dejado atrás. Es como empezar a romper las ventanas como si con ello se empujase a reformar todo el edificio, olvidando que Lucas es parte de ese sueño. Es como si sólo lo recordaran los entrenadores que lo ponen a jugar en tiempos de urgencia, cuando siempre salió a jugar en tiempos de urgencia con el beneplácito de todos.

Lo que ocurre es que ahora la urgencia es de mayor duración. Y por ahí Lucas se difumina. Yo diría que Lucas es el analgésico del Madrid, que le hace bien a un dolor de cabeza y poco a una gripe continuada. Hay que usar a Lucas para lo que mejor sirve, y bien que ha servido y puede servir. Cuando eso vuelva a suceder se habrá recuperado el sentido (y algunos la cordura), porque Lucas es un poco el termómetro del Madrid, que actualmente tiene fiebre.

Lucas no cura sino que palía. Actúa como un reconstituyente puntual y efectivo. Al Madrid le hace falta algo más fuerte, pero esto no significa que se deba prescindir de él sino tomarlo cuando se ha de tomar, como se ha hecho siempre. Yo además le agradezco el gran esfuerzo realizado y tan duramente menospreciado en este año malo. Esa porfía desesperada por lograr el amor de la chica que también lo quería, pero de otra manera.

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