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Archivo·23 de abril de 2016

Lucas Vázquez: El triunfo del silencio

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Editorial La Galerna

Ante el Villarreal, Zinedine Zidane pudo haber apostado por Isco, Jesé o James para suplir la baja de Gareth Bale, pero decidió llamar a Lucas Vázquez. No era un partido cualquiera y no era un rival fácil. El Real Madrid se jugaba media Liga ante un equipo cuyo potencial está fuera de toda duda.  Ningún aficionado se lamentó al ver al gallego en la alineación. Y todo porque Lucas Vázquez ha conseguido transmitir una de las sensaciones más difíciles en el mundo del fútbol: confianza.

Poner al coruñés es un seguro a todo riesgo que se valora más cuando te falta que cuando lo tienes. Aterrizó en las categorías inferiores del Real Madrid en 2007 y fue dando pasos con la seguridad del que sabe que va por buen camino. Ascendió con el Castilla a la Liga Adelante y en 2014 se marchó al Espanyol para que alguien del Santiago Bernabéu le viera en un equipo de primera división. Fue un “hasta luego” del que pocos se dieron cuenta. Carlos Rojas y Steizam apuntaron varias veces en Twitter que Lucas Vázquez tenía nivel para regresar. Y regresó. De la mano de Rafa Benítez.

Su temporada está siendo un fiel reflejo de su carrera. Poco a poco, creciendo, mejorando, ascendiendo en la empresa. Todo sin hacer ruido, con timidez fuera del césped y descaro dentro. Así es Lucas Vázquez, el típico chaval con cara de no haber roto un plato, pero que las mata callando. Explota sus virtudes pegado a la banda, actuando como extremo puro. Un jugador que alarga el siglo XX y se olvida de los cantos de sirena del fútbol moderno, que parecen obligar a jugar a pierna cambiada y a asumir varios roles durante un mismo partido. Lucas Vázquez es bueno donde siempre ha sido bueno.

“Cometimos el error de hacerlo bien desde el principio”, le dice Hank Moody a Karen en Californication. En el caso de Lucas Vázquez es al revés. Ningún fallo destacable desde el primer día que entró por la puerta para quedarse tras su Erasmus nacional en Barcelona. Porque, más allá de su juego, es también un hombre de club, de esos que ya casi no quedan; una especie en extinción. Apuesta por la lealtad y el respeto sea quien sea el entrenador. Es consciente de su lugar en el Real Madrid y lo asume con naturalidad porque entiende que el fútbol le colocará donde su trabajo diario le lleve.

Si todo va bien, al equipo de Zidane le quedan siete partidos esta temporada (cuatro de Liga y tres de Champions). En varios de ellos aparecerá Lucas Vázquez, ya sea como titular o entrando en la segunda parte. En alguno volverá a estar por delante de Isco, James y Jesé. Y en todos los que juegue demostrará que, para él, el Real Madrid es un regalo al que le debe todo, y no viceversa. Que su luna de miel dure muchos años.

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