Lucas Vázquez icono
Décimo Cornelio
La volea de Zidane desde el borde del área en Glasgow,
el cabezazo salvador y ganador de Sergio Ramos en Lisboa,
la carrera desbocada de Mijatovic en Ámsterdam señalando a todos,
señalándonos a cada uno,
a los que soñaban, a los que esperaban, a los que dudaban y nunca dudaron,
el cambio de Juanito contra el Borussia entre botes, saltos, brincos y alborozos,
el aguanís de Raúl en Tokio,
el autopase de tacón de Redondo por la banda izquierda en Old Trafford,
el taconazo de Guti desde el punto de penalti en Riazor,
el siuuuuuuuu constante, arrebatado, de Cristiano,
la chilena con nieve de Gareth Bale en Kiev por la escuadra,
la chilena contra el Logroñés y las volteretas de Hugo Sánchez,
la parada de Iker a Perotti,
ese pie derecho deslizándose lo necesario para asegurar la Novena,
Buyo en el Sadar bajo un aguacero de improperios,
Raúl con el índice en la boca exigiendo el silencio,
el trallazo picado en el debut en Liga de Ronaldo,
Santillana flotando tres segundos en el área chica del Barcelona, en todas las áreas,
Roberto Carlos marcando a cinco metros de la esquina contra el Tenerife,
efectos imposibles de falta,
Marcelo desde el centro del campo arrasando con una sonrisa a medio Bayern de Múnich,
Benzema, el cielo azul oscureciendo a negro entre tres jugadores,
bailando desde la línea de banda del Calderón hasta la línea de fondo,
Butragueño parando el tiempo en el área del Cádiz,
Michel, los centros combados y medidos, la carrera siempre elegante,
Michel honrando el césped, las lágrimas, los besos y abrazos.
La zancada de patinador artístico de Zidane,
Zinedine sentando rivales con su ruleta a su paso,
Zizou suspendido en el aire, el magnetismo en la bota,
otra vez la pausa y la arrancada del Buitre,
el segundero congelado para acelerarlo tres metros más tarde,
las galopadas de búfalo de Ronaldo, las definiciones perfectas,
los 14 segundos ante el Atleti,
esa manera propia de Gordillo de surcar la banda, las medias bajadas hasta los tobillos,
la plancha de vuelo sin motor de Hugo Sánchez,
la galopada de aquel 1-0 de Aldana,
el gol desde el centro del campo de Santi Aragón un año antes,
el marcaje silencioso de Chendo a Diego Armando Maradona,
las celebraciones rabiosas de Higuaín en la liga del clavo ardiendo,
el gol de colofón de Reyes al Mallorca,
Beckham y las faltas banana,
Hierro y la mira telescópica, y las diagonales de Raúl,
los panenka de Ramos,
los zapatazos desde fuera del área de de Seedorf, de Özil, de Asensio, de Cristiano,
Xabi Alonso corriendo la banda en traje cual anuncio de Emidio Tucci,
Cristiano volando más allá de los restos de Delle Alpi,
los brazos en alto de Illgner,
Zamora bajo la gorra y sus palos,
esa mano derecha de Keylor en un suspiro contra el Bayern,
Marcelo golpeándose una y otra vez el escudo,
Marcelo de rodillas emocionado,
el inexorable golpeo exterior de Modric, las fintas, quiebros y requiebros del genio de Zadar,
el putt de golf de Kroos, pases precisos a las redes,
el gol olímpico en la Supercopa,
la media vuelta implacable de Van Nistelroy,
los pases de Guti creando el espacio, entre la maraña de piernas,
abriendo el aire,
el tendido mirando los pases de Laudrup, los pases mirando al tendido de Laudrup,
la tijera de McManaman,
la espuela y el salto ganador de Don Alfredo,
el cañoncito de Puskas,
la folha de Didí,
el turbo y el frenazo de Gento,
el regate de Amancio,
el brazo en cabestrillo de Pirri,
Camacho secando a Cruyff,
que bote Mendoza,
El penalti de Figo a la nariz del mono Burgos.
Incluso las lágrimas pares de Tenerife,
y hasta, por qué no, el pisotón a Mattheus, cómo olvidarlo, cómo no llorarlo.
Retazos de poesía, cada cual tendrá los suyos. Y también un poco de prosa: un chico de Curtis, canterano desde 2007. Ciudad de Milán, 28 de mayo de 2016, cerca de cumplir sus 25 años, no lejos de la media noche. Pasos cortos, la pelota entre las manos, mirada a la grada y en derredor, coloca el balón sobre su dedo índice y lo pone a girar como un globertrotter. Lo mira concentrado, mira hacia adelante mientras el balón sigue girando. El paso firme, se lleva el balón a los labios, lo besa y lo coloca sobre el punto de penalti. Siete pasos hacia atrás, un par hacia delante con una minúscula paradita antes de proseguir la arrancada, interior de la bota derecha: primer gol de la tanda de penaltis de la Undécima. El resto es Historia. Lucas Vázquez, toda una secuencia en la retina del madridismo; más de 200 partidos en el primer equipo, carrera de molinillo, competidor indesmayable, leal cumplidor con su entrenador y con sus compañeros, ajeno a la presión exterior, carrera de Correcaminos al que no alcanza el Coyote. De Curtis y del Real Madrid, Lucas Vázquez.
Fotografías: Getty Images.