Madrid: fallos y ejecuciones
La Galerna
Buenos días. Nueva derrota del Real Madrid. Y van… demasiadas. Más de las asumibles en toda una campaña. En las primeras fases del partido de anoche el equipo directamente no la olió, no era capaz siquiera de tener el balón frente a un Athletic cuyos principales argumentos eran la intensidad, la concentración y las ganas.
Ancelotti decidió que era buena idea que jugara de inicio Tchouaméni recién salido de la lesión y dejó en el banquillo a Brahim, un futbolista en forma. El francés, sin ritmo aún, se mostró lento, impreciso y sobrepasado en todo momento por la dinámica del partido. Aun así, el técnico lo mantuvo en el campo más tiempo que a Ceballos, a quien retiró para dar entrada, ahora sí, a Brahim tras el fallo que propició el 1-0 del Athletic.
No fueron las únicas decisiones controvertidas de Carlo. Tras el nuevo fallo, esta vez en forma de penalti errado por Mbappé, decidió que los revulsivos debían ser Mendy y Modric. Sobre el penalti, fue un calco al de Anfield, igual de mal lanzado. No se entiende que, en la situación de bloqueo mental que atraviesa el francés, con 0-0 ante el Getafe se decida que Kylian no lance una pena máxima y sin embargo 1-0 abajo en Bilbao, sí.
Marca afirma en su portada que Mbappé sigue sin dar la talla. El penalti no fue el único fallo de bulto del delantero, que marró una ocasión inmejorable en boca de gol, de esas que parece más complicado fallar que acertar. Después, eso sí, provocaría el gol del empate momentáneo de Bellingham tras un chutazo lejano. Al igual que contra el Getafe, le sale mejor lo difícil que lo fácil, una prueba más de que se encuentra en un pozo anímico profundo. No hay consuelo cuando uno se halla en una situación así.
Mbappé lo sabe, lo reconoce y es consciente de que ha de trabajar, con la ayuda de quien sea menester, para revertir la situación y demostrar quién es.
A pesar de todo, tras las tablas establecidas por Jude, dio la sensación de que el Madrid podría haberse puesto por delante. Pero entonces, otro fallo. Esta vez de uno que no suele fallar: Valverde. Gol del Athletic, 2-1. Fue definitivo.
Si tras el penalti fallado la reacción de Ancelotti fue dar entrada a Mendy, tras el 2-1, su reacción fue seguir observando calentar a Güler y Endrick. Esperó a que faltaran unos segundos para llegar al minuto 88 para sacarlos al campo. Cada vez entiende menos gente las decisiones de Carlo. Finalmente se consumó la derrota cruel, como la catalogó Ramón Álvarez de Mon en su crónica.
Ancelotti, en rueda de prensa, declaró que pequeños errores habían penalizado al Madrid. No, no fueron pequeños errores, fueron grandes fallos. Es inevitable que a veces ocurran, pero es necesario llamar a las cosas por su nombre.
Sin embargo, a pesar de lo grosero de los fallos puntuales de Valverde, de Mbappé y de otros, ninguno de ellos carga con la responsabilidad exclusiva de la derrota, puesto que Sánchez Martínez, en apenas dos minutos, se encargo de ejecutar al Madrid y evitarle posibilidad alguna de obtener un resultado positivo en el partido. Saltan a la vista las diferencias existentes entre haber pagado y no haberlo hecho al estamento arbitral. Mientras en Mallorca al Barça le señalan un penalti de chiste a Yamal, en Bilbao, Sánchez Martínez presenció en primera fila un clarísimo agarrón a Mbappé y no pitó nada. A continuación, el VAR le llamó para que revisase una zancadilla de libro a Rodrygo y, aun viendo las imágenes, no la sancionó.
Hay antimadridistas y madridistas parecidos a los primeros que entienden que cuando se juega mal el equipo merece ser castigado con un arbitraje contrario a reglamento. Nosotros entendemos que lo que está mal está mal, con independencia de quién actúe de manera negligente o, como en el caso arbitral, con fundadas sospechas de corrupción (según el juez instructor de ya sabéis qué).
Sánchez Martínez, ese árbitro que se mostró tan contento porque el mismísimo jefe, Negreira, le telefoneó para comunicarle que había ascendido, y que además es uno de los cinco colegiados de Primera División que se reunían con el hijo de Negreira en el hotel de concentración antes de los partidos.
El Madrid debe mejorar, y mucho. Y el sistema corrupto ha de desmantelarse y constituirse, de manera limpia, de nuevo. Mientras tanto, es absurdo disputar una competición pútrida, con independencia del estado de forma del equipo.
Pasad un buen día.




