Mbappé, Bale, Neymar y dos fiascos
La Galerna
Buenos días. No hace falta que os recordemos quién juega hoy, de qué competición se trata ni quién es el rival. Más bien procedería recordaros que antes de que llegue la hora del partido tenéis que atender a otra serie de obligaciones más o menos irrenunciables, conteniendo las ganas de que llegue la noche: el informe para el jefe, la ropa para el tinte, el metro, la merienda del niño. Bien vistas, son tareas que forman parte del ritual en que el día desemboca, y así consideradas constituyen los prolegómenos del que sin duda es uno de los mayores espectáculos que el ojo humano puede en potencia contemplar: un Madrid-PSG de Champions League.
Muchos y muy estelares protagonistas se darán cita sobre el césped del Bernabéu. Entre ellos destaca el objeto indisimulado de nuestro deseo desde tiempo inmemorial. El niño prodigio. El lagarto humano. El amor platónico de Zidane.
Sí, amigos. Zinedine Zidane declaró ayer en rueda de prensa su amor por Kylian Mbappé, que hoy forma con el enemigo como si no fuera ya más nuestro que otra cosa en nuestras húmedas fantasías. Tuchel ha replicado a Zidane que a veces uno se enamora de cosas que no puede conseguir, lo que nos resulta una réplica atinada y simpática que no creemos haya afectado al francés: ya dijo, cuando Leonardo le recriminó, en pleno ataque de celos, los tejos públicamente lanzados a Kylian, que no pensaba abstenerse de lanzar zalamerías al muchacho. Poco puede hacer Tuchel al respecto, poco puede hacer Leonardo. Si un tipo va de frente tratando de conquistar a tu novia tienes dos opciones: recurrir a la violencia (lo que está muy mal) o confiar en que tu chica no querrá dejarte. La cosa aquí es también complicada en lo que a la segunda opción respecta, dado que tu rival es Paul Newman con la clase de Cary Grant y la calva de Yul Brinner. Hollywood en pleno tratando de birlarte a tu amada. Cualquiera confía en su amor por ti cuando además has demostrado propender a los más sonoros gatillazos europeos. Quizá no este año, no obstante. Ya en el partido de ida le metiste un buen sopapo a Yul Brinner, y te presentas en el Bernabéu con la legítima ambición de sacudirle otro.
Mbappé, sin embargo, no es el único protagonista de la velada.
Tenemos a Bale, que (no sabemos si como titular o partiendo del banquillo) se estará preguntando ahora mismo si su propio estadio va a recibirle como el Camp Nou recibió a Figo, o si por el contrario las iras habrán amainado y en las gradas prevalecerá el espíritu del Madrid Madrid Madrid (por este orden) que siempre ha presidido las gestas europeas. Abogamos (y apostamos) por lo segundo, como no podía ser de otro modo.
Tenemos a Neymar, el único jugador de la historia del fútbol pretendido a la vez por Madrid y Barcelona sin que esté ni muchísimo menos claro que ninguna de las dos aficiones lo quiera, sin que esté ni siquiera claro que le quiera la suya propia de tanto ofrecerse a unos y a otros, pero de cuya sublime calidad técnica nadie puede descartar las sutilezas más aniquiladoras. A diferencia de Mbappé, Neymar sí parece tener cerradas las puertas del Bernabéu. O no, sin que esté claro si esta apostilla es una bendición o una amenaza.
Tenemos a Hazard, el nuevo galáctico que tras un comienzo titubeante (como le pasó el propio Zidane) ya da muestras de estar entonándose, y de quien puede esperarse una finta supersónica, un disparo envenenado, una asistencia sabia que resuelva un partido que él quiere manejar desde su pequeña pero prominente, zigzagueante atalaya cósmica.
Tenemos a Keylor, el querido Keylor que vuelve al Bernabéu para a buen seguro recalar el aplauso de quienes fueron sus fieles, y nos parece bien mientras las ovaciones se restrinjan a los trámites del prepartido. Después, Keylor será (nunca mejor dicho) el enemigo a batir, o el portero a batir, dado que nuestro Keylor no podrá nunca ser un enemigo: lleva tatuado Real Madrid en lo más alto de la pura vida.
Y estarán Kroos y Di María (otro que vuelve), y (creemos) el emergente Mendy para secar a Kylian, y tantos otros grandes jugadores.
Nos gusta el fútbol por partidos así. Somos del Madrid porque gana partidos así.
Por su parte, y ante el partido que se le presenta al Barça ante el Dortmund, Sport se pregunta con total naturalidad, sin mención alguna a las cifras, si el Barça debe elegir un (por el momento) fiasco reciente de 120 millones o un bluff semicaducado de 150 que se queda dormido en los aeropuertos. Imaginan los titulares de la prensa madrileña si el Real tuviera una disyuntiva así? Imaginamos que jugará aquel al que menos manía tenga la dupla Messi-Suárez, y ese no parece ser Griezmann, a quien sabemos positivamente que no tragan.
A todo esto, Mundo Deportivo, como corresponde a esta altura del año y al dogma establecido en el Concilio de Rosario, preconiza la imperiosa necesidad moral y ética de que el Balón de Oro sea para... a que no adivináis para quién.
En fin, amigos. Esta noche os espera un partido muy grande. Disfrutadlo.
Hasta entonces, pasad un gran día.



