Mbappé pide socorro
Antonino De Mora
Hacía muchos años, tantos que no alcanzo a recordar con exactitud, que no me perdía un derbi madrileño. El sábado, por circunstancias que no vienen al caso, no pude ser testigo de la victoria del Real Madrid en el Bernabéu sobre el Atleti y, como pueden imaginar todos aquellos que me conocen, lo primero que hice al librarme de mis quehaceres, fue acudir directamente a la fuente de información más cercana para enterarme del resultado de éste y de todo lo que había deparado.
Corrí rápidamente a un bar pero, al llegar, la televisión únicamente ofrecía un simple titular sobre la victoria blanca y, en lugar de las imágenes del partido, comentaban el enfado monumental de Kylian Mbappé con su entrenador al ser sustituido en el partido del PSG contra el Montpellier. “Es él, es que no hay otro posible, hay que traerlo sí o sí. Es el único por el que hay que darlo todo y nos lo está pidiendo a gritos”, fue lo primero que les dije a mis amigos al ver la bronca. Y cada día estoy más seguro de ello: está suplicando que lo saquemos de allí.

Kylian es el pilar donde ha de sustentarse el Real Madrid de la próxima década. No hay otro jugador en el mundo que pueda llevar a sus espaldas el peso del mejor equipo de cuantos existen. Es él y sólo él. Es un jugador diferente que reúne la verticalidad, la velocidad, la definición, la potencia y el regate al que sólo unos cuantos elegidos en la historia del fútbol han tenido acceso. Y todo con 21 años.
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