Mbappé, quédate en París
Pedro Centeno
Soy consciente, al escribir estas líneas, de que la paliza mediática y futbolística que me puede caer encima será de aúpa, pero no puedo evitarlo. Señoras y señores, no quiero ver a Mbappé vestido de blanco. Hala, ya lo he dicho.
El Madrid es distinto, único e intransferible, y paga en gloria. Lo acabamos de ver con los chicos de Hezonja y estamos acostumbrados a sentirlo y gozarlo, para pasmo y desesperación de nuestros adversarios; cuando el mundo entero afila los cuchillos para destazarnos, héroes hechos de otra pasta se levantan y pintan la cara a jardineros, eruditos y vicetiples mediáticas con los colores del oprobio. Así somos, y así seremos mientras el Madrid sea el Madrid, pero no se llega a adoptar dimensiones de leyenda sin jugadores que respiren, beban y coman madridismo desde la cuna; los mercenarios y oportunistas terminan por no encajar cuando llega la hora de la épica; ningún Jenofonte luchó sólo por oro, sino, como dijo Valdano, por gloria.
Quédate en París, Kylian Mbappé. No eres digno del Real Madrid
Mbappé no es ni será nunca, por tanto, digno del Madrid. Dos veces nos ha ilusionado, dos ocasiones ha gozado para llegar al Olimpo, al Valhalla inolvidable de quienes todo lo dan para todo recibirlo, y las ha desperdiciado miserablemente. Ha preferido el oro, el de los que no dudan en comprarse competiciones, federativos y árbitros a golpe de petrodólar, en lugar de pintar sus glorias en el tapete verde del Bernabéu, donde se tejen las noches inmortales.
Soy consciente de que el fútbol del siglo XXI no es, ni por asomo, esa noble competición entre caballeros que se dan la mano tras el pitido final, y de que la masa de dinero que mueve el balompié —y con más razón el Madrid— hace prácticamente imposible volver a esos días, por no hablar de mi absoluta ignorancia de lo que se cuece en los despachos, a los que mi condición de simple aficionado no permite llegar. Igual mientras escribo esto está ya todo hablado a espaldas del maremágnum diario; igual dentro de dos días este texto queda obsoleto y le vemos en Valdebebas, pero no puedo evitar este desahogo íntimo y público a la vez —qué paradoja, ¿verdad?— y decir bien alto que no quiero a Mbappé en el Madrid.
No, amigos, no está a la altura. Prefiere el dinero a la gloria, los millones al fútbol, los despachos de los jeques a la cancha; quien así piensa y siente merece reposar entre millones, ahíto de riqueza como un Tío Gilito parisién, antes que lucir la camiseta blanca y ese escudo redondito que tanto pavor inspira en el contrario.
Quédate en París, Kylian Mbappé. No eres digno de mi club.
Getty Images.
