Modelo universal
Editorial La Galerna
En la enfermiza histeria madridista, que acaba contaminando todos los ámbitos, se busca la comparación con el Barcelona y sus métodos, convirtiendo lo que antes eran críticas y cuestionamientos en la ambrosía futbolística. El elogio madridista al funcionamiento culé como manifestación de un acomplejado Síndrome de Estocolmo provocado por la desesperación de la derrota y los éxitos rivales. El modelo, el sistema, el rigor, la cantera, que todos jueguen a los mismo, la cultura y filosofía que todos respetan… son argumentos que los madridistas antes cuestionaban pero que poco a poco, como tantas cosas, han ido asumiendo sin darse cuenta, recitando como loros lo que muchos medios vienen diciendo desde hace años. Es curioso que esta parte del madridismo cuestione a esos medios cuando en realidad les deben su forma de pensar… con años de retraso. Deberían considerarles genios, en realidad.
Indudablemente en el Barcelona se hacen cosas muy bien, básicamente haber dado cabida a una generación de futbolistas magnífica, en calidad y en competitividad, lo que está alargando su ciclo exitoso o haciéndolo renacer en poco tiempo. Una generación excelente, pero que no debe llevar a engaño.
Viendo este nerviosismo generalizado, me ha dado por hacer un sencillo ejercicio de investigación y analizar cómo se manejó el F. C. Barcelona hace unos pocos años, cuando el Real Madrid nadaba en las placenteras aguas del éxito y dominaba Europa como ningún equipo lo ha hecho hasta el momento en la era Champions. Veamos en qué consistía ese modelo cuando las cosas iban mal dadas.
Entre 1996 y 2003, desde Cruyff a Rijkaard, mientras el Real Madrid encadenaba de forma alternativa Ligas y Champions, coincidiendo con la segunda mejor etapa madridista y la de mayor dominación europea de un club (3 Champions en 5 años), por el banquillo culé pasaron hasta 9 entrenadores: Carles Rexach en dos ocasiones, Bobby Robson, Louis van Gaal en otras dos, Lorenzo Serra Ferrer, Jesús Antonio de la Cruz, Radomir Antic y Frank Rijkaard. Nueve entrenadores en ocho años. Ese fue el modelo culé en época de crisis.
Luego la cosa se calmó… con los éxitos. Incluyo a Van Gaal, que en su primera etapa estuvo tres años porque ganó dos ligas consecutivas. Al tercer año, cuando no hubo éxito, lo echaron. Otros consiguieron títulos secundarios, incluso a nivel europeo, como la Recopa de Robson, pero no sirvió para mantenerse mucho en el banquillo. Repito: ese fue el modelo culé cuando ganábamos nosotros y ellos no tanto.
Pero, ¿qué ocurrió en plena etapa de gloria azulgrana? Con la marcha de Guardiola, al que Mourinho hizo emigrar, y la desgraciada enfermedad de Tito Vilanova, el F.C. Barcelona fichó al “Tata” Martino, que duró una temporada tras facturar un año en blanco. ¡Sorpresa! Lo mismo estuvo a punto de ocurrir con Rijkaard o Luis Enrique cuando los resultados no acompañaban. ¡Hasta Guardiola fue cuestionado a las primeras de cambio!
Algunos critican a Zidane por su inexperiencia, pero esos mismos valoran la apuesta que los culés hicieron por Guardiola, Tito Vilanova o el mismo Luis Enrique en su día, entrenadores sin apenas bagaje ni currículum.
Históricamente el Real Madrid nunca ha tenido ni buscado un modelo al que recurrir, siempre desde la idea de modelo que tanto se comenta, la de un juego o estilo determinado. En este tema hay dos opciones muy diferenciadas. La primera es conocer el estilo o modelo que te ha llevado al éxito y asumirlo como base, tal y como está haciendo el Barcelona con todos los matices del mundo mencionados más arriba, sometiendo a sus jugadores a un estilo preconcebido y buscando los más adecuados para el mismo. La otra opción, la del modelo flexible, es igualmente válida y seguramente superior, ya que te permite ser competitivo en cualquier circunstancia, aunque sea más fácil desestabilizarlo. Esta segunda opción ha sido la histórica del Real Madrid, un club presidencialista que no se ha vertebrado bajo la idea de un entrenador como le ocurriría al Barcelona con Cruyff o podría estar gestando el Atlético con Simeone.
Esta segunda opción permite crear proyectos alrededor de los mejores jugadores del momento sin subordinarlos a unas características de juego preconcebidas, sino aprovechando sus cualidades y creando el mejor hábitat para ellos, pero para que funcione son imprescindibles la exigencia máxima, una rigurosa disciplina interna, seriedad, determinación y paciencia para desarrollar el proyecto que se comience. Es ahí donde el Madrid de los últimos tiempos está fallando estrepitosamente, tanto en la elección de jugadores para configurar sus plantillas, de indiscutible calidad pero faltas de carácter, como en la falta de exigencia y de control interno.
Cuando esa disciplina se supedita al aspecto económico los problemas terminan por llegar. Partiendo de la base de que el modelo económico-deportivo es innegociable para mantenerse competitivo, es necesario insistir en un equilibrio, donde ese aspecto económico no gobierne sobre lo deportivo, sino que se alimenten mutuamente en igualdad de condiciones. Para ello es necesario un mejor análisis en la configuración de las plantillas, a menudo descompensadas, con jugadores que deben terminar jugando en puestos que no son los suyos, dejando trabajar a un equipo interno del club que sirva de puente entre el vestuario y el propio club, que vea las necesidades reales, aplique soluciones sin remilgos, miedos, ni buenismos, que sepa y conozca en ese contacto los problemas y vicios del vestuario y los jugadores (al estilo de Pirri y su informe), y tomando como filosofía crear estrellas de jugadores sin tanto relumbrón (como se ha hecho con Modric o puede llegar a ser Varane) para rodear al jugador o jugadores franquicia, que deben ser minoría (no es necesario un fichaje estrella anual, una tendencia que Florentino parece haber variado).
Todo esto son ideas para proteger y desarrollar todo proyecto, que en nuestro caso se está viendo zarandeado por las victorias del rival, pero no debemos obcecarnos con sus formas de proceder, porque el análisis final resultante define que ellos están metiendo la pelotita porque tienen un equipo más competitivo que el nuestro. Cuando nosotros fuimos competitivos, llegamos a superarlos, pero no se mantuvo la constancia.
De hecho, muchos de los aspectos con los que se ataca a nuestro club son también achacables al club catalán, pero se obvian porque la victoria, el único bálsamo y elemento que se valora de verdad, está visitándolos mucho más a menudo que a nosotros.
Aquí se han hecho cosas mal, y se harán seguro, son necesarias mejoras y correcciones, actos y movilizaciones, depuraciones de responsabilidades si se confirman ciertas negligencias, pero tomar al de enfrente como modelo no es más que otra victoria de ellos, porque…
No es muy edificante y no es ningún ejemplo. Un club que ha tenido imputados a todos sus presidentes en democracia, jugadores estafando a Hacienda, condenados a un año de cárcel… Un club que despidió con cajas destempladas a su director deportivo, que era afín al entrenador, con el consiguiente conflicto interno, sanciones administrativas, obsesiones y manifestaciones irrespetuosas y políticas, algún año en blanco… Un jugador estrella que lanzó un órdago y un pulso a su entrenador, al que hicieron la cama durante varios meses en una temporada donde terminaron ganando el triplete... ¿Fallaba el modelo? ¿Falló y funcionó repentinamente o dependió de que a los jugadores les diera por jugar y volver a meter la pelotita? Esto es el modelo culé también. Ahora la pelota entra.
Aquí nuestros jugadores han cometido errores o se han visto involucrados en polémicas mucho menos reseñables que las de allí, hemos visto comportamientos similares cuando no calcados, pero a la hora de la verdad la diferencia ha estado en el campo, con un equipo cuyos jugadores no se cansan de ganar y otro a los que parece les da pereza.
Por tanto, no es tanto una cuestión de modelo, no está exento el Barcelona de que le ocurra lo mismo que estamos padeciendo aquí -ya les pasó otras veces-, pero mientras en el campo de juego se dé la cara, todo se minimiza o se tapa. La diferencia está en que a unos les entra la pelotita y a otros no, porque unos tienen un equipo tremendamente competitivo (que además es apoyado y recibe ayudas sin disimulo de todas las instituciones), y los otros no. Pero ni institucionalmente ni organizativamente son el mejor modelo, aunque me quedaría también con su política de comunicación.
No podemos olvidar que muchos de los buques insignia que han llevado a lo más alto al Barcelona en los últimos años estuvieron a punto de salir del club sin pena ni gloria, léase Xavi, Iniesta, Puyol… canteranos para más señas. Que varios entrenadores estuvieron colgando de un hilo… Una generación de jugadores con hambre.
Es cierto que la prensa es culpable de muchas circunstancias, que en el club se hacen cosas mal, que no termina de blindarse del ruido externo, pero la labor de la afición también deja mucho que desear.
Todo esto quedaría minimizado con una afición unida y que se dedicara a apoyar al equipo, sin perder el espíritu crítico, pero no buscando sentar cátedra ni hacer saltar por los aires todo lo que se realiza. Que la mesura, el sentido común y la pasión a unos colores nos dirijan.
Aquí lo que tenemos son tribus enfrentadas sin piedad. Antiguos antipiperos que se han transformado en la evolución de aquellos que criticaban, que han pasado de la defensa a ultranza de la institución y la lucha contra las injusticias a ridiculizar al que se queja de los árbitros, pero no por señorío, sino porque se considera que la institución no lo merece con el desempeño actual, por injusto que sea el trato… Antiguos mourinhistas que renegaban de aquella afición que decía “somos lo que somos por los pitos y la exigencia”, “no hay que quejarse de los árbitros”, a adoptar todos esos postulados saltándose la coherencia y aquellos principios que los movían… No es excluyente ser crítico con mantenerte firme en unos ideales que no deberían ser los de Groucho Marx.
Aquí se quiere y se pide un modelo y un proyecto duradero, pero siempre que coincida exactamente con el nuestro, porque si no es así todo nos sobra… Hoy se piden proyectos largos y al día siguiente se pitan entrenadores o se piden dimisiones, se desprecia a Ancelotti por mimarlos y no ser Mourinho, se ridiculiza a Benítez por su aspecto, por borde y por no tener tacto, se cuestiona a Zidane porque es inexperto, a Mourinho porque es polémico, a Pellegrini porque es perdedor… Eso sí, para sumarse al caballo ganador o reivindicar el “yoyalodije” falta tiempo, sobre todo si es para mal. Se cuestiona todo y a todos, y luego se nos llena la boca de seriedad. Casi nadie predica con el ejemplo en el entorno de este glorioso club.
Con el equipo de baloncesto fue más divertido aún. Las críticas a Laso fueron despiadadas, no servía ni estaba capacitado para dirigir al equipo, un ruido atronador que aumentaba con las primeras decepciones. Sobraban todos los jugadores, Reyes y otros habían hecho la cama a Messina… Aún hoy hay quien maldice la permanencia de Laso en el club y saca pecho en cada derrota, pero la sección se mantuvo firme y blindada de todo ese ruido hasta firmar la mejor temporada de su historia en 2015. Esto también se debe a Florentino, aunque muchos lo obvien y, por desgracia, la plantilla de fútbol no sea como la de baloncesto.
La afición haciendo pinza con la prensa antimadridista, como quintacolumnistas pervertidos desde el interior, a veces inconscientemente y otras muy conscientes.
Pedimos clase media en el campo, pero nunca la que viene, sólo sirve la que no está; se habla del fichaje de “galácticos” pero se omiten interesadamente los que no son de relumbrón y además abundan. Se adjudican responsabilidades en la configuración de la plantilla según conviene, según filias y fobias. A unos jugadores los echa el entrenador y a otros el presidente, o se renuevan por decisión propia o previa petición del técnico, y todo ello sin que ninguno haya asistido a ninguna reunión donde se decidían tales aspectos, dando por ciertas informaciones de medios de cuestionable credibilidad que cuando nos conviene o nos gusta su ruido creemos a pies juntillas…
El Real Madrid ha tenido exitosos equipos jugando con tres centrales, como los de Toshack o Del Bosque, y laterales largos, jugando al tiqui-taca como si fuera fútbol sala con la Quinta del Buitre o los “Galácticos”, con una espasmódica verticalidad e intensidad como con Capello, un fútbol total que dominaba todos los aspectos del mismo como con Mourinho o Ancelotti, uno frenético, el otro más pausado…
Se apostó por la cantera, tras la Quinta salieron los Raúl, Casillas, Álvaro, Guti… y luego los “Pavones” para equilibrar a los "Zidanes". Se pide cantera, pero cuando se usó y en vez de Messi, Iniesta, Michel, Butragueño, Raúl y Casillas, salieron Rubén, Pavón, Raúl Bravo, Miñambres o Borja se criticó porque no funcionó…
Hemos tenido directores deportivos, hemos prescindido de ellos, hemos ganado con su presencia y perdido, hemos tenido entrenadores con poder extremo y otros complacientes con las direcciones de la directiva… Hemos tenido de todo y con todo hemos tenido los más dispares resultados.
Estos comportamientos son síntomas de nuestra propia frustración e impotencia, la gestación de un complejo al que agarrarse fijándote en lo que tienes delante sin más profundidad, porque si para concluir si una gestión en conjunto es buena o no, nos centramos sin más en que la pelotita entre o no. No creo que necesitemos muchas líneas, ni tertulias, ni podcasts para reflexionar y analizar; bastará con coger la tabla clasificatoria mientras nos tomamos una copa y punto.
El aficionado del Real Madrid se ha convertido en alguien huraño, quejumbroso y perezoso para todo lo que no sea queja. Siempre tuvo este “deje”, pero se ha producido una explosión poco recomendable y aún menos edificante que nos lleva a estar más predispuestos a luchar entre nosotros mismso, dividiéndonos en sectores de afición, que contra los verdaderos rivales.
No se entienda todo esto como un eximente al club. Todos los aspectos críticos ya los incluí en otro artículo de La Galerna. Lo que ahora pretendo es otra reflexión distinta que relativice ciertos conceptos que se han asumido dentro del madridismo para definir un fresco general de la situación actual.
El madridismo debe mirar más globalmente y relativizar, no hay que disparar contra todo lo que se mueve, sino localizar los objetivos, fijarlos y poner remedio a los agujeros. Lo tenemos todo para volver a ser los mejores.
