REAL MADRID A DEBATE. LA GALERNA, TU DIARIO MADRIDISTA.

Volver al inicio
Destacados·29 de noviembre de 2020

Morituri te salutant

C

Carlos Mayoral

Este equipo quiere morir. Hay jugadores a los que ya no es que les falte el nivel exigido por el escudo que nos reúne aquí, es que directamente no alcanzan el nivel de Primera División. Alocados, sin control, con una técnica individual tan nimia que casi da vergüenza ver algunos controles y pases que se prodigan por el Di Stéfano. Se ha perdido la épica. En el minuto 60, con 0-2, nadie, y cuando digo nadie es nadie, creía en la remontada. Ni ellos, ni nosotros, ni esa deidad blanca que nos acompañó en otro tiempo. No hay chispa, no hay alegría. Golear es un verbo que ya no sabemos qué significa, no tenemos un matador de esos que dan miedo, no hay mucho en la cantera con lo que ilusionarse, y para más INRI no parece que las arcas luzcan lo suficientemente boyantes como para cambiar esto. Ojalá podamos leernos en unas semanas, ojalá para entonces todo esto suene a pesimismo barato, y ojalá yo doblase la cerviz entonces para reconocer el error. Mucho me temo que hay demasiado subjuntivo aquí.

Pero, a pesar de que, como digo, a este equipo hace ya tiempo que se le antojó morir, no tiene arrojo suficiente para hacerlo por su propia mano. Necesita a alguien que coloque el cianuro en el vaso, que desconecte la máquina. Y esta vez ese alguien responde al nombre de Cordero Vega, trencilla del encuentro, un tipo estirado y fibroso, de los de pecho alto y mirada larga. Con 0-1 en el marcador no vio sendos penaltis, que dado el estado moribundo del equipo vaya a saber Dios qué hubiera pasado de haberse señalizado, aunque lo que sí es seguro es que ahora estaríamos hablando de otro partido. El primero de ellos, un guadañazo a la pernera de Hazard, un tarascazo en tiempo de siega que terminó de romper la musculatura de cristal belga. El segundo, un agarrón de la cabellera afro de Marcelo, un penalti por tirar del pelo: como todo en este equipo, cosas que nunca creímos ver.

Pero haríamos mal en fijarnos sólo en la paja del ojo ajeno. Ese equipo, a día 29 de noviembre, es un espantajo, un esperpento a cuyo entierro están deseando ir el Marqués de Bradomín, Rubén Darío, Claudinita y Don Latino. Huelga decir que creo en Zidane, un cirujano para mí insustituible. Un emblema de este club, una leyenda a la que tendríamos que dejar que eligiese el momento de marcharse. Como quiera que el francés ya ha salvado al agonizante enfermo en otras ocasiones, sólo nos queda encomendarnos a él, pese a que ayer fue uno más de cuantos acuchillaron al Caesar. Si mientras lo intenta vuelven Ramos y Benzema, quizá quede una última esperanza para estos madridistas a los que sólo les queda, como en el Coliseo, caer con dignidad: morituri te salutant.

ESPACIO PUBLICITARIO

Post Article - 728x90