Mourinho 2020
Editorial La Galerna
El viernes, al poco de conocerse que José Mourinho acababa de renovar su contrato con el Chelsea hasta el año 2019, empecé a recibir muchos tuits de socios y aficionados madridistas con la leyenda "Mourinho 2020". En su magnífica biografía de María Antonieta, Stefan Zweig sostiene con gran perspicacia que uno de los principales errores cometidos por la Reina de Francia fue precisamente el de menospreciar los verdaderos motivos del ansia revolucionaria del pueblo al identificarlos con Robespierre, Danton o Marat, a quienes simplemente despreciaba... porque en el fondo eran individuos despreciables. Mourinho, que no es en absoluto despreciable sino más bien admirable, sigue encarnando para una parte de la afición madridista muchos de los conceptos que el otro día trasladó Jesús Bengoechea tan magníficamente al papel, y que yo no puedo por menos que suscribir punto por punto. Yo soy mourinhista y el editor de la Galerna también lo es, y sin embargo compruebo (sólo vía redes sociales, afortunadamente) que unos pocos madridistas que se consideran a sí mismos mourinhistas tienen comportamientos psicopáticos. A mi modo de ver, el error cometido por un sector del periodismo deportivo español, similar al que Zweig dice que María Antonieta llevó a cabo descalificando y restando importancia al caldo de cultivo revolucionario por simplificarlo encarnándolo en sus líderes, consistió en conectar comportamientos esquizoides de autodenominados mourinhistas con el propio José Mourinho, que de conocerlos seguro que renegaría de ellos. A mí, por ejemplo, algunos de los que ven los toros desde el burladero o a través de la tele, con los pitones a quinientos kilómetros de distancia, me han dicho que no soy mourinhista o que finjo mi mourinhismo por recónditos intereses comerciales cuando, y perdón por la inmodestia, un minuto mío de defensa de Mourinho enfrentándome a todos (porque a todos acababa siempre enfrentándome) en una tertulia de televisión habrá valido probablemente más que toda una vida de anónimas y escondiditas pataletas vía Twitter o a través de Facebook.
Decía que el error cometido por una parte del periodismo deportivo español, el más honesto sin duda, el más "virginal" si se me permite la expresión, consistió en conectar inocentemente a esos caballeretes con Mourinho; otro sector del periodismo deportivo español, y con el que yo me las he tenido por cierto tiesas mientras estos mourinhistas de salón se dedicaban a comer pipas Facundo en sus casas o le pedían a Manolo otro tercio en la barra del bar, no cometió error alguno, y si decidió relacionar determinados comportamientos abyectos con el ex entrenador del Real Madrid no fue en absoluto debido a su cándida inocencia sino al fruto de una fría y calculada estrategia encaminada a descalificar, primero, el trabajo del portugués para acabar, después, echándole de España, como así sucedió. A quien yo me dirijo desde aquí es, por supuesto, a los colegas honestos, que no sé si serán mayoría o minoría; me dirijo a aquellos que creyeron con sinceridad que José Mourinho, que también cometió sus errores, lideraba a una pandilla de facinerosos y asustaviejas que se dedicaban a amedrentar cobardemente a la gente a través de las redes sociales; me dirijo a ellos, como lo haría a María Antonieta si la tuviera delante en este momento: haríais mal en despreciar el caldo de cultivo de la insatisfacción madridista, que aún hoy existe y que Mou se limitó simplemente a agitar, con los tres bandarras que esconden sus miserias acosando tras cada esquina tuitera. Esos pelagatos no son capaces ni siquiera de representarse a sí mismos, eso es cierto, pero todos los mourinhistas con los que yo trato son gentes educadas, formadas y, por qué no decirlo, con un nivel muy superior a la media, y no sólo están en disposición de representarse a sí mismos sino que también podrían representar a los demás si ellos quisieran.
El motivo de la generalizada insatisfacción madridista, y que Mourinho supo ver nada más bajar del avión, tiene que ver con el injustísimo trato que se da al club desde la mayoría de medios de comunicación. El motivo de insatisfacción tiene que ver con el doble y en ocasiones hasta triple y cuádruple lenguaje que se emplea dependiendo, por ejemplo, si se habla del Barça o del Real Madrid. El motivo de insatisfacción madridista, que lejos de amainar con la marcha de Mou sigue y sigue creciendo, se debe a eso que el portugués denominó "prostitución intelectual". El motivo de instatisfacción madridista tiene que ver con esa idea tan perniciosa de que el club blanco debe poner la otra mejilla porque sí, porque para eso es la ONG Real Madrid, y por la confusión que existe, jaleada y diseñada desde el laboratorio por algunos medios, entre el siempre aconsejable señorío, que el Real Madrid Club de Fútbol pone por cierto en práctica día tras día, y la pura y simple soplapollez. De ahí que el otro día, y nada más conocerse que Mourinho ampliaba su contrato con el Chelsea hasta 2019, muchos madridistas sensatos materializaran un sueño: "Mourino 2020". Es verdad que Twitter puede ser un nido de ratas, pero también es cierto que puede ser el cauce para la expresión ordenada, educada y argumentada de muchas personas de bien que sólo buscan lo mejor para su equipo del alma. Mourinhistas a los que yo, queridos colegas, no me atrevería a despreciar sin más.
