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Opinión·24 de julio de 2015

Mourinho maldijo la elección de Iker

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Cristina Cubero

Tuvo que escoger el Porto, el equipo ‘con el que empezó todo’. Iker tuvo que elegir el club portugués que dio fama internacional a José Mourinho después de que conquistase 1 Liga de Campeones, 1 Copa de la UEFA, 2 Ligas, 1 Copa de Portugal y 1 Supercopa de Portugal. Podría haber fichado Iker por la Roma, el Milan, el Arsenal, irse a USA o hasta a Qatar, pero no, decidió irse a Portugal, a ‘su’ Portugal, y atreverse a escribir una historia de éxito en el Porto. No lo soportó Mourinho. Era el colmo que el futbolista al que Mourinho culpabiliza del pseudo-fracaso de su paso por el Real Madrid acabara defendiendo ese escudo que tantas veces besó ‘Mou’.

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Asistir a la televisada presentación de Casillas como futbolista de ‘os dragões’ le provocó a Mourinho tal dolor de barriga que acabó vomitando sapos y culebras. Dijo Mou que le parecía una barbaridad lo que cobraba Iker en el Porto, un comentario dirigido a esa parte de la afición del club portugués que peor lo pasa, la más sensible, la más radical incluso, a la que ofrece Mourinho un argumento para azotar a Casillas si las cosas no empiezan bien. Mourinho ha recordado a esta afición a la que le regaló una Copa de Europa que Iker Casillas es su enemigo, que nunca querrá al portero que se apartó del camino, el niño mimado de la prensa española que consiguió que se desmontase su castillo de naipes.

Mourinho querría que Iker le contestase, le encantaría enzarzarse en una batalla dialéctica con el portero español. Mourinho es un entrenador que se mueve bien en el barro, rápido e hiriente, duro hasta la vergüenza ajena. Pero Iker ha adoptado un papel relajado y ha dejado que otros juzguen las palabras obsesivas de Mourinho.

Delirante es también el sentimiento de inferioridad que transmiten las quejas de Cristiano Ronaldo en un entrenamiento de la gira madridista en las antípodas cuando se queja de que Rafa Benítez sólo pita faltas a los portugueses, como si los portugueses fueran un clan al que eliminar. Cristiano se comporta como un niño malcriado reclamando a todas horas la atención de un técnico que supo ganar con un Liverpool españolizado y al que seguramente, con tiempo, le gustaría ganar otra Champions en el Real Madrid con más jugadores de la Fábrica. Pero Benítez no tiene fobia a los portugueses, quizá sí a los niños malcriados.

 

 

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