Nadie más madridista que Morata
Jesús Bengoechea
Álvaro Morata ha declarado, a través de una charla por Instagram con el tenista Fabio Fognini, su arrepentimiento por haber vestido alguna vez otra camiseta que no sea la del Atlético de Madrid. La primera pregunta es si era estrictamente necesario que Morata charlara con Fabio Fognini, y la cuestión aún más acuciante que la sigue es si era imprescindible que lo hiciera de modo público, a través de las redes sociales. Yo sé que hay un público para todo, y vaya desde aquí mi más profundo (si bien perplejo) respeto por aquellas personas potencialmente interesadas en asistir como testigos a dicha conversación. En estos tiempos de confinamiento, Instagram se está convirtiendo en una actualización de aquellas “Confidencias con Nutrexpa” que patrocinó dicha marca para mayor gloria de la gran actriz Tina Sainz. Vosotros no habíais nacido pero sé de lo que hablo.
También sé de lo que hablo si aseguro que no hay nadie más madridista que Morata. Tal es el título de este artículo y no es el propósito del texto que le sigue el tratar de argumentarlo. Poco sentido tiene esmerarse en probar lo que no necesita ser probado. Quien recalca algo más allá de lo razonable no hace más que enfatizar lo contrario, y lo de “más allá de lo razonable” abarca tanto la cantidad como la (falta de) calidad.
Morata ha insistido ya en este punto más veces de las debidas como para evitar que resalte lo artificial de su declaración. Quien dice muchas veces una cosa, le pregunten o no por ella, mueve al menos escéptico a dudar de la veracidad de lo declarado, sobre todo si además lo declarado resulta en sí mismo inverosímil. Así, ver a Morata manifestar su arrepentimiento por haber vestido otras camisetas distintas de la rojiblanca supone una constatación de su madridismo superior incluso a revisar sus celebraciones de la Décima (ante, ejem, el Atleti) o cómo se dejó el alma convirtiéndose en pieza clave en la última Liga lograda por los de Zidane. Nadie más sospechoso de inclinaciones gay (siempre legítimas) que el más cerril de los homófobos, esto es sabido, pues no en vano la falta de naturalidad enmascara siempre un intento de engaño, siquiera un intento de engaño a uno mismo. Porque no pretendo decir que Morata trate de engañarnos. Eso no sería tan triste. Lo realmente triste es que trata de engañarse a sí mismo, y que trata de hacerlo por imposición ambiental, por así decirlo, o por lo que él interpreta como imposición ambiental, que en realidad tal vez no exista más que en su atribulada imaginación. No creo que exista un solo atlético sensato que le exija a Morata que renuncie a su orgullo por haber vestido camisetas tan prestigiosas como la del Madrid o la de la Juventus. La artificiosidad de sus palabras, por tanto, resulta tanto más pasmosa cuanto innecesaria.
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