Necesitamos a Bale
José Luis S. Ortiz
No es el primer artículo que escribo en torno a Gareth Bale. Pero, esta vez, para evitar aburrirles, les propondré un ejercicio de imaginación partiendo de una base que admite pocas dudas: el maltrato, inaudito e injustificable, a este excelente jugador.
Primero les pediré que reconstruyan al monstruo que ha hecho posible ese ensañamiento y que lo visualicen y juzguen. Después, que imaginen lo que pudo ser y (gracias a Dios) no fue. Y, para terminar, les sugeriré que vislumbren el futuro más próximo regresando al pasado.
1. El Monstruo. Una ínfima muestra tomada casi al azar tan solo de la última semana.
· Autor: Ulises Sánchez-Flor. Medio: El confidencial.
Ojo al dato, que diría el otro, con la sentencia: “vuelve con el cuento de que le duele”.
· Autor: Santi Segurola. Medio: El As de la Ouija.
Santi, experto a tiempo parcial y gurú full time, culpa a Bale de media hora de apurillos en Cornellá. Obvia la expulsión de Varane, la lesión de Ramos y los tres goles de diferencia en el marcador. Obvia la formación defensiva: Carvajal, Nacho, Reguilón y Marcelo. Y por obviar, yo creo que hasta obvia la más mínima deontología profesional. Volví a ver el partido y, naturalmente, Santi miente en su relato.
· Autor: Alfredo, supongo. Medio: el As de la Ouija
Alfredo y sus encuestas, en dura competencia de fiabilidad y honestidad con las del CIS.
Esto de la semana anterior y sin indagar exhaustivamente. No me quiero ni imaginar lo que se habrá dicho, comentado y opinado en esas tertulias nocturnas de sesudos expertos, intelectuales y filósofos. Aunque toda esa infamia acumulada tiene fácil réplica a base de datos, declaraciones y determinados comportamientos del jugador galés: la chilena, el bartrazo, su actuación en las finales, su serie interminable de golazos, su compromiso previo de la final de Cardiff, el penalti del cojo, su discreción (tan de agradecer), su profesionalidad en general. Pero mi intención es que juzguen y se pregunten por qué, para qué y la justicia del qué.
Puede que el escozor de la chilena soliviantara ciertos celos. Así pues, aprovechando que el Pisuerga no pasa por Wisconsin, el mejor periodismo deportivo del mundo ha aprovechado la ocasión para centrar todos los males del Madrid en el galés. Ya hemos visto cómo se las gasta Santi relatándonos un partido de ciencia ficción. Diríase que le estaban esperando y que, por mor de un cuatrimestre de horrible juego y resultados (VAR, al margen), lo han encontrado, pese a que la realidad se les resista: Bale se lesiona, se va, no está, no le apetece.
Vean sus ausencias y comparen.
Pero, aun así, parece que el único culpable del lamentable juego del equipo, en los primeros cuatro meses de competición, volviera a ser él. Curiosa contradicción: si está tanto tiempo lesionado es imposible que sea el culpable. Pero da igual, contra este muchacho vale todo. Cuando insignes madridistas como Alfredo, Manolo y Manolo, Joserra, Josep, Roberto, Santi y tantos y tantos (in)expertos se la tienen jurada, es porque el galés aún guarda algo bueno para nosotros. Le temen porque Bale siempre vuelve con algo que les deja en evidencia.
Les dije que no quería volver al pasado para no repetirme. Ruego me perdonen la emboscada, pero la consideraba necesaria para proponerles un juego a lo Frank Capra.
2. Lo que pudo ser y no fue, a Dios gracias.
Olvidemos de dónde viene Gareth Bale. Olvidemos el coste de su fichaje. Olvidemos la fama de la que venía precedido. Tan solo tengamos en cuenta la importancia y la incidencia del jugador en los logros del club en estos cinco años y medio. Solo eso. Ahora supongan que este muchacho galés hubiera fichado por otro club cualquiera de la liga española y que hubiese tenido la misma importancia que la que ha tenido con el Real Madrid. ¿Se hacen a la idea? Imaginémonos.
A finales de agosto de 2013 el Barcelona ficha a Bale. Gana algunas Champions y títulos varios con una importante participación del galés en momentos claves. En la retina del aficionado culé siempre quedará aquella carrera por la banda en la que dejó en ridículo a Nacho, central del Real Madrid, para marcar y ganar la Copa del Rey de los españoles. Todos los años, en el aniversario del prodigio, el Mundo Deportivo, el Sport y el As regalan, junto al periódico, el Blu-ray del partido. A pesar de sus lesiones (mala suerte, me cachis) Santi, el gurú, considera que el galés ha (más que) rentabilizado su fichaje. A juicio de Santi es un jugador muy interesante pues añade otra variante más al juego de toque del Barcelona.
El mundo mediático culé está encantado con la profesionalidad del jugador, su discreción y su comportamiento. Es cierto que, muy de vez en cuando, se lesiona, pero eso es debido a su explosividad de esprínter. Su rendimiento en partidos transcendentales compensan (y mucho más) sus lesiones musculares. Lo importante es que cuando se le necesita, aparece. Su humildad, educación y saber estar son puro ADN Barça.
A finales de agosto de 2013, el Atleti ficha a Bale. Gana, por fin, la Champions en un partido memorable del galés, con una chilena descomunal que pasará a la historia del club. A tenor de lo cual, se formaliza una propuesta del Frente Atlético para cambiar el oso del escudo por una imagen de Bale rematando al madroño como en el acrobático e histórico gol. Está en estudio. Enrique Cerezo va a producir una película en la que el galés será el protagonista. Para celebrarlo, Miguel Ángel Marín, rememorando a su padre, organiza una cabalgata de carriolas, tiradas por espectaculares caballos debidamente engalanados para la ocasión. En la principal: Miguel Ángel, el Cholo y Gareth. ¿Lesiones?, qué lesiones ni qué leches. ¿No habla español?, que hable lo que le salga de los cojones. No lo podéis llegar a entender. Ídolo indiscutible.
A finales de agosto de 2013, el Real Betis Balompié ficha a Gareth Bale. Inmediatamente Joaquín le bautiza en un video que se hace viral: Paco el Balas. El Betis no gana muchos títulos, solo muy de vez en cuando. Y esta vez coincidió con una final de la Copa del Rey contra su encarnizado rival: el Sevilla Fútbol Club. Muy al final del partido, con empate a uno, el aficionado bético tuvo algo parecido a lo que vendría a ser una aparición de La Macarena. Paco el Balas, tras pase de Junior, arranca desde el centro del campo, con un central del Sevilla, Carriço, subido a la chepa. Echan a correr los dos, pegados a la banda izquierda, pero Paco el Balas es mucho más rápido y potente. Carriço lo sabe y de un empellón lo manda fuera del campo. Pero el bético ni se inmuta y sigue corriendo unas decenas de metros casi pegado a la grada. En contra de las leyes físicas y de la termodinámica, Paco el Balas, saca varios metros de ventaja a su rival. Se va a por el portero y marca el gol que certifica una nueva copa del Rey del Real Betis Balompié y, lo que es mejor, frente el Sevilla Fútbol Club. Al modo de Bill Shankly en Anfield, pocos días después y por cuestación popular, se erige una estatua de bronce, rememorando aquella carrera de Paco el Balas, justo en la entrada principal del Benito Villamarín. Ídolo, no, lo siguiente. Héroe o superhéroe. Divinidad.
A finales de agosto de 2013, el Valencia CF ficha a Gareth Bale. Hace ya unos años, que el club che jugó dos finales de Champions consecutivas. Una la perdió de aquella manera, que diría Alfredo. Otra la perdió por penaltis. El club quedó tocado. Pero por fin, y de la mano de una chilena espectacular, el Valencia consigue ganar la ansiada orejona. El protagonista, Gareth Bale. Tal es el clamor por su hazaña se le nombra hijo predilecto de la ciudad. Se consagra como una leyenda y ya nunca falta, ni faltará, cada año, una enorme falla con la imagen del jugador en acrobático remate.
A finales de agosto de 2013, un montón de equipos ficharon a Gareth Bale. Unos para ganar títulos largamente perseguidos. Otros para doblegar a sus acérrimos enemigos. Otros para no descender. El Rayo evitó cinco años seguidos el descenso sin pasar apuros. Y Bale estuvo ahí en los partidos más comprometidos. Hoy, Gareth está por encima del mítico Potele.
Todos los equipos que ficharon a Bale consiguieron los objetivos soñados y alguna cosa más. Del mismo modo que el Real Madrid. Porque Bale fue fichado, entre otras cosas, para ganar la Champions. En principio, en singular. Y el ganó cuatro de cinco, siendo esencial en tres de ellas.
3. Lo que podría ser y no es, desgraciadamente. Una mirada al futuro.
En todos esos clubes un jugador con similares prestaciones sería idolatrado hasta el empalagamiento. Sería tratado por la prensa local y nacional con respeto absoluto y veneración total. Ese jugador pasaría a los anales de los respectivos clubes como uno de los grandes. Como Gordillo, Cardeñosa, Claramunt, Zamora, Arconada, Lapetra, Gárate o extranjeros como Luiz Pereira, Mario Alberto Kempes, Ronald Koeman, Mijatovic o Mauro Silva. Todos ellos venerados, con justicia, por llevar a sus aficiones a objetivos largamente deseados o nunca imaginados. Y el caso es que ninguno de ellos se acerca, ni por aproximación, al curriculum del enigmático jugador galés.
Recuerden cómo empezó todo y de dónde viene tanta animadversión. Después piensen si merece la pena. Fue recibido a porta gayola con una hernia fantasma. Después el gurú dijo que no sabía jugar al fútbol. Al ser fichaje de Florentino, la cosa se fue expandiendo, a pesar del impecable comportamiento del jugador. Ese clima, naturalmente, caló en parte de la afición adicta a roncerismos y manolismos. Y, no les quepa duda, que muchos de los que desayunan café con leche, churros y relañadas, sientan sus reales en las gradas del Bernabéu. Hoy le silban al primer regate fallado. Y Bale es un jugador criticable, por supuesto. Pero una bronca al primer intento fallido de regate no es una crítica, es ensañamiento. Bastan trescientos sujetos manipulados para montarla. A esos trescientos les seguirán tres mil. Y así es como llegamos al momento actual en el que un tipo que hace ocho meses nos dio la decimotercera es tratado por parte del Bernabéu como un Villarroya cualquiera. Tal cual.
El objeto principal del presente artículo es destacar que Bale en forma decide partidos y finales. No hay muchos jugadores como él en el mundo. Cuatro o cinco a lo sumo. Y de eso se trata, de recuperarlo. Lo vamos a necesitar y no sé si el sector manolista de la grada es consciente de ello, me temo que no; me temo que son irrecuperables. Los mismos, exactamente, que se reían de Vinicius cuando jugaba contra el Coruxo, de los 45 millones de euros y que calificaban como un juego de niños aquel intento de mordisco por parte de un energúmeno, son los que intentarán enfrentar a ambos jugadores. No se dejen engañar. Bale y Vinicius no son incompatibles con nadie. No es Vinicius o Bale. Son los dos. Los dos son temibles y tal vez ahí radique la razón del mensaje. Hoy es Bale y mañana será Vinicius. O sea, que el problema no es ni el uno ni el otro. El problema, su problema, es el Real Madrid.
Sin el Bale de Kiev, el actual Real Madrid ya es un equipo excelente. Con el Bale de Kiev, es un equipo que sobrepasa la excelencia. Y si tienen dudas, no tienen más que acudir al pasado reciente. Lo vimos al final de la última temporada en la que marcó nueve goles en sus últimos diez partidos. Es muy importante que todos los buenos jugadores del Madrid alcancen un estado de forma adecuado. Modric, Ramos, Kroos, Varane, Carvajal, Casemiro… y qué decir de Benzema. Todos ellos nos están devolviendo un Real Madrid competitivo. Pero si queremos llegar a junio con algo que llevarnos a las vitrinas, no se me ocurre mejor camino que recuperar a este muchacho. El entrenador va por ahí, no le llevemos la contraria. Para alcanzar el rock and roll de los 30 minutos finales de Kiev, a esa ecuación le falta una variable más. Porque se trata de jugar bien, sí, pero sobre todo se trata de ganar. De ganar títulos. Y de eso, el galés sabe más que nadie. Incluso más que el gurú. No se ayuda mucho silbando el primer regate fallado. Nada.




