No en el Bernabéu
Editorial La Galerna
Aguanté durante mucho tiempo mi defensa a la selección española. Lo hice porque tenía claro que mi sentimiento estaba muy por encima de lo que ocurría dentro del equipo nacional. Pero se acabó. Acabó como acaban las historias que intuías eternas, con una gota que hace desbordar un vaso que no creías casi lleno. La gota, en este caso, se llama Vicente Del Bosque.
Reconozco que mi sentimiento llevaba meses acusando un desgaste importante. No entendía, ni entiendo, la labor de Del Bosque más allá del plano futbolístico. Bueno, y dentro del campo tampoco, para qué engañarse. Su defensa a ultranza a Iker Casillas y Gerard Piqué choca con los dardos que en su día soltó a Álvaro Arbeloa y con la falta de tacto que ha tenido con David De Gea. Todo en lo que se ve envuelto el Real Madrid desata una reacción ilógica por parte de un seleccionador resentido con el club que le dio de comer y le dio a conocer.
El último episodio es tan hilarante que no sé si abordarlo con cierta ironía o intentar tomármelo en serio, consciente de que puedo volverme loco -más de lo que ya estoy-. Resulta que Piqué se pasa la vida haciendo el gamberro como el niño rebelde de la clase al que todos le ríen las gracias menos sus padres y profesores. Pues en este caso le ríen todos las gracias. Sin excepción. Hasta Del Bosque le da una palmadita que suena a “sigue así, chaval”. Se ríe del Real Madrid y no pasa nada. Escupe a un directivo de la RFEF y no pasa nada. No condena los pitos al himno de España y no pasa nada. Aparece a las seis de la mañana de fiesta y no pasa nada. Eso sí, un tweet de Arbeloa podía desestabilizar a la selección y hacer que la prima de riesgo alcanzase máximos históricos.
El proteccionismo con Piqué es tal que hasta molesta la libertad de expresión. Sigo siendo contrario a que una afición pite a cualquiera de sus jugadores -que lo diga un madridista tiene mérito-, pero de ahí a montar la que ha montado Del Bosque por los silbidos al central del Barcelona…
Resulta que el España-Inglaterra del mes de noviembre no puede jugarse en el Santiago Bernabéu por miedo a la reacción del público con Piqué. ¿Solución? Llevar el partido a Alicante. Muy lógico. Huyamos del problema en lugar de enfrentarnos a él. En eso Del Bosque es un experto, como quedó patente en el Mundial 2014, cuando decidió no afrontar el relevo generacional y pasó lo que pasó. Lo de mirar hacia delante no va con el salmantino. Él es más de mantener lo que ya hay hasta que el crédito se agote. Descansa en paz, Luis Aragonés.
Volviendo al España-Inglaterra, lo único que espero es que el Real Madrid aprenda la lección y deje de ser mangoneado por una RFEF que parece una ligera serie de verano repleta de cuñados, tramas que acaban con risas enlatadas y un guión atropellado por las prisas. El Bernabéu es un templo sagrado que solo debería abrirse para partidos o eventos que tengan relación con el Real Madrid. ¿Que hay una final de Copa y no tienen sede? Llamen ustedes al presidente del Valencia o del Sevilla. ¿Que España se la juega y necesitan una olla a presión? Lleven el partido al Vicente Calderón.
Como bien dicen en Twitter, la selección está secuestrada. Hace tiempo viene siendo así. Y no quiero -no queremos- que sea el Real Madrid el que tenga que pagar el rescate. Me duele decirle “hasta luego” al equipo de mi país, pero mientras Del Bosque siga al mando, aquí hay un aficionado que no teñirá de rojo sus sueños cuando llegue el verano de 2016.
