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Portanálisis·20 de mayo de 2019

No entendemos nada

L

La Galerna

Buenos días. El suplicio ha finalizado. Sin embargo no nos queda ni siquiera ese pírrico consuelo, por cuanto el fin de fiesta, como lo ha llamado nuestro Antonio Escohotado, ha resultado tóxico a más no poder.

Para despedir esta mascarada, que se ha cerrado con la mayor desventaja en Liga frente al campeón de la historia (19 puntos), el Madrid regaló a su hinchada mañanera una nueva y (al menos) postrera derrota, en este caso ante el Betis. El partido dejó un juego calamitoso, la nota triste con la despedida de Keylor (que escenificó al final, desde el centro del campo, un adiós que no obstante no es oficial) y la nota amarga e incomprensible de la no alineación de Gareth Bale en el que presuntamente, también, era su último partido con la camiseta del Real Madrid.

Es imposible entender lo que pasó ayer con Bale, y cualquier madridista que tenga un mínimo de gratitud compartirá nuestra frustración y nuestro enfado. No se entiende que, estando citado, Zidane no lo sacara a jugar. Sí no va a jugar, parece mejor no convocarlo. De lo contrario, la situación denota ensañamiento o crueldad con un hombre que ni por asomo merece ese trato.

La única hipótesis razonable, y que podría aplacar un ápice la frustración que este trato a Bale nos provoca, sería pensar que el técnico francés trató de proteger a Bale de una eventual reacción iracunda de la afición. Si es así, sigue sin entenderse por qué le convocó, resultando todo en una situación vejatoria. No sabemos por qué Bale puede merecer este escarnio, y si lo merece conviene que se explique.

Pero todo está más allá de la incomprensión, en el terreno sociológico también: la pitada de la que Zidane podría haber intentado proteger a Bale es en sí misma un sindiós. Que haya una masa social capaz de despedir con silbidos a un jugador que ha logrado lo que Bale ha logrado en el Real Madrid habla de una masa social enferma e intoxicada por publicaciones como As, cuyo (aún) director salió ayer en defensa de Bale, a quien Zidane habría tratado como un “apestado”.

Nosotros estamos legitimados para defender a Bale. Tú, Alfredo, que lo has arrojado a los pies de los caballos de la opinión pública, llegando a plantear sus lesiones como sujeto para un juicio sumarísimo, llegando a condenarlo por cosas como ver partidos de golf en el autobús del equipo, no estás legitimado para defenderlo, porque todos pensaremos que lo haces solo en tanto en cuanto el asunto te permite ahora hacer más sangre aún de la que esperabas. Y pensaremos bien. Vete a tu casa ya, periodista pretérito de prestigio arruinado y mente biliosa. Tú eres uno de los principales responsables de la animadversión social contra un jugador que puede gustar o no, pero que merece el respeto que tú jamás le has tenido y difícilmente vas a preconizar ahora. Mucho estás tardando en abrazar esa jubilación que nos prometiste.

No entendemos lo de Bale y, aunque queremos entenderlo, nos cuesta muchísimo también entender esta fotografía.

Decidnos por favor que hay un imperativo ético o un protocolo que la explica y la justifica. De no haberlo, es doloroso para la afición del Madrid encajarla. Extendernos en explicaciones nos avergonzaría. No es el momento. Pero duele muchísimo, especialmente a aquellos que dedicamos esfuerzos ímprobos en la tarea de denunciar un sistema que arroja un saldo arbitral escandalosamente contrario al Madrid, y del cual Undiano Mallenco es destacadísimo exponente. Otro que ha tardado demasiado en concretar su jubilación. Esta foto y su difusión, si no se explican adecuadamente, suponiendo que se puedan explicar, son sal sobre la herida.

Por lo demás, Sport y Mundo Deportivo sugieren una pronta visita a Canaletas a cuenta de la máxima ventaja (19 puntos) de la que antes hablábamos. La falta de sintonía de estas dos portadas con el sentir de la masa social blaugrana es meridiano, como cualquiera sabe. El varapalo de Liverpool tiene aún al culerio muy lejos de la tentación de ir a Canaletas ni a ninguna otra parte. La afición del Barça no va a cerrar la temporada en un estado de ánimo mucho más halagüeño que el de la afición madridista, por mucho que su prensa de cabecera quiera dar a entender lo contrario.

Esto se acabó, hermanos. Aquí comienza un verano que en realidad ya ha comenzado. Lo principiamos con un sentimiento de pérdida y profunda desorientación. El madridismo puede encajar, en aras de la gloria pasada pero aún reciente, un año como este. Lo que no puede encajar es que no se le explique nada.

Pasad un buen día.

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