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Archivo·15 de junio de 2015

No se puede dudar

E

Editorial La Galerna

No tenemos palabras, queridos amigos, para expresar la tortura en que se había convertido esta sección. La amenaza que de modo más estremecedor resuena en la redacción de La Galerna, propiciando el relinchar de los caballos más remotos, es "Cuidado que te mando a hacer el Portanálisis". El objetivo de sacar petróleo del yermo terreno de la prensa patria (o, perdón, estatal) -y hacerlo además de buenísima mañana- se estaba tornando tan arduo que hemos decidido liberalizarlo, sometiéndolo al libre albedrío testicular del redactor de turno en términos de cantidad. No así de calidad, como esperamos se aprecie.

marca.750 (1)Raúl González Blanco, señoras y señores. Aunque La Galerna (digámoslo ya sin ambages de ningún tipo) es raulista hasta la médula, nos preguntamos si no hay alguna ligereza en las declaraciones que Marca le atribuye: "Volveré al Madrid". No tenemos nada en contra de la idea per se: quien ha contribuido de manera decisiva a algunos de los mejores logros del club en las dos pasadas décadas podría ofrecer mucho, desde la posición que fuese, a la hora de intentar reeditar o incluso superar dichos logros en el futuro. La clave es el condicional: podría.

No disponemos de evidencia alguna que demuestre que un extraordinario jugador haya de ser por fuerza un extraordinario entrenador (maliciamos aunque no se nos dice que esa posible "vuelta" se articularía para que Raúl formase parte del equipo técnico), por lo que este tipo de declaraciones -las haga Raúl González o Raúl Bravo- se nos antojan algo aventuradas o quizá solo incompletas. "Volveré al Madrid... si el Madrid quiere apostar por mí".

No hay futbolista, por histórico que sea, que garantice en la parcela técnica un nivel de excelencia parejo al que mostró como futbolista. Arrogarse el derecho de decir "Volveré al Madrid", como quien regresa de una excedencia y se hace cargo de la plaza que por ley le corresponde, no es cuestión que case bien con la estricta meritocracia que debe presidir nuestro club, y entra más bien en esa vaga (en el más amplio sentido de la palabra) consideración del Real Madrid como un ministerio o empresa pública, consideración que campa en el inconsciente colectivo de cierto madridismo, acaso (ay) mayoritario. Mucho nos tememos que Raúl, que fue un jugador grandioso, y que lo fue durante más tiempo de lo que algunas corrientes de opinión quieren hacernos ver, no tiene claro este pequeño pero fundamental matiz, y así lo refrenda el otro destacado de sus declaraciones: "No se puede dudar de Iker".

¿Qué quiere decir exactamente Raúl cuando dice "No se puede dudar de Iker"? ¿Qué es lo que no se puede dudar del guardameta? ¿Que es persona cabal que ni roba ni mata? ¿Que ha sido extraordinario? ¿Que ha dado irrepetibles (mucho nos tememos que, otra vez, en el más amplio sentido de la palabra) alegrías al madridismo? ¿O acaso, por el contrario, lo que no puede dudarse de Iker es su eterna pertinencia para el puesto sin reparar en su condición o edad? ¿Es que, en lo que a rendimiento respecta, y en un club caracterizado por su brutal nivel de exigencia, no debería en el Madrid dudarse de todo? "Todo conocimiento científico es provisional", que decía Karl Popper, nombrado socio de honor del club en 1983. Se refería Popper a muchas cosas en su exaltación de la provisionalidad, claro, pero muy especialmente a los jugadores del Real Madrid, cuya valoración va intrínsecamente ligada no ya a su desempeño en el último partido, sino en el próximo.

Nos preguntamos con alguna zozobra si el proceso mental por el cual Raúl omite añadir las cruciales palabras "si el Madrid me quiere" a la profecía "Volveré al Madrid" no será el mismo por el cual nos sermonea respecto a lo muy malo y muy penado que es "dudar" de Iker Casillas. Es, nos tememos trémulos, lo más rancio y detestable de esta España nuestra filtrándose por los intersticios del club hasta calar. Es el dormirse en los laureles hecho cultura, el poder del establishment disimulado en mantras atroces. Aquí he llegado y por tanto no hay razón para que me vaya, ¿o es que vas a dudar de ello, hombre de poca fe?

Pues sí, Raúl. Dudamos de Iker. En el Madrid, como decimos, se puede dudar de todo, incluso de la veracidad del dato de la concesión a Karl Popper del título de socio de honor en 1983.

 

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