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Opinión·26 de julio de 2019

No te gusta Zidane, tuitero

A

Antonio Valderrama

Tú, tuitero, te crees muy listo. Crees que sabes de todo. Con el móvil en la mano, sentado en tu butaca, quizá mirando al mar o bebiéndote una cerveza, si son las dos cosas a la vez ya ni te digo, ¡qué sensación tan plácida de omnipotencia!, Google a dos clics, el mundo es tuyo. Nada se te escapa, ningún tema humano te es ajeno. Te conozco bien y puedo tomarme la licencia de decirte esto porque yo soy uno de los tuyos. No te gusta Zidane. Sospecho que sé por qué, pero aprendí hace mucho tiempo que Sócrates fue el hombre más sabio de entre todos los que han sido, así que no voy a aventurarme con certezas, no voy a jugar a tu (nuestro) juego, al fin y al cabo, ahora te escribo desde una columna, te miro por así decirlo enganchado al capitel y desde aquí me permito observarte en toda tu plana redondez de diletante. Tú, tuitero, te crees más listo que Zidane.

Es más, Zidane no te gusta. No es que no te guste, es que lo desprecias: tonto, lelo, imbécil, cretino, inútil, en fin, no sé cuántas cosas te he leído en estas últimas semanas. Que no sabe entrenar, que es una marioneta de Sergio Ramos (¡Canelita!, tuitero, también sigues estando a la última) o que su único mérito es ser una especie de arúspice: te gusta imaginarlo envuelto en una túnica oscura, con una capucha, solo en medio de un monte, destripando un carnero y rebuscándole entre las entrañas humeantes, adivinando la alineación del próximo domingo. En esto te reconozco querido tuitero que no estás solo. Hay ilustres columnistas en España que comparten esta imagen e incluso la cultivan, gustando de destilar lo que sea que tienen contra Zidane evocando su origen norteafricano en deletéreas metáforas y analogías que la verdad cualquiera diría que rayan el racismo. No obstante sí que es verdad que en Tuiter hay gente que no es tan fina y claro: el puto moro, ya sabes. Que gana tanto. A saber qué cosas hace, qué brujerías.

Tú amigo tuitero te quedaste fascinado con esa parte de la puesta en escena mourinhista que exagera con prosopopeya hasta acaparar la escena e integrarla en sí mismo y hacerse histrión: te creíste desde entonces que para entrenar a un equipo de fútbol hay que sacarse un módulo de astrofísica en Cabo Cañaveral, luego viste a Guardiola, a Klopp y a toda esa gente que vino después y que parecen informáticos de Google o creadores de startups y que en realidad no son más que personajes, que viene de persona y que en latín significa máscara. Actúan, le echan un cuento extraordinario y bien está porque desde entonces cada vez cobran más y los viejos entrenadores del tipo Del Bosque, Aragonés o Lobanovsky, gente que del entrenamiento se va al bar a meterse entre pecho y espalda cuatro coñacs, ahora parecen alienígenas en un mundo muy sofisticado.

luego viste a Guardiola, a Klopp y a toda esa gente que vino después y que parecen informáticos de Google o creadores de startups y que en realidad no son más que personajes, que viene de persona y que en latín significa máscara

Pero te voy a contar un secreto. Todo eso es un truco. Zidane no tiene trucos ni tampoco le hace falta ninguno. A Zidane todo eso le da lo mismo porque Zidane es sencillamente Zidane, un tipo que nació con lo que Weber llamaría autoridad carismática, opuesta a esa que obtusamente veneráis, la racional, que no es tal porque al fin y al cabo Mourinho no se hizo grande aplicando eso que empezasteis a llamar meritocracia, que no ha existido nunca ni existirá, por lo menos en el fútbol, aunque con los años que voy cumpliendo sospecho que en ningún ámbito de la vida. Zidane es un tío que jugándose una Copa del Mundo, el último día de su vida como futbolista, le pegó una hostia a uno que se cagó en su madre. Zidane está por encima de la comedia del fútbol moderno, va por libre, confía en su instinto y lo ha demostrado varias veces a lo largo de su vida. Cuando algo no le gusta coge la puerta y au revoir, más que nada porque puede, que es lo que decía el torero que hacía falta para ser chulo.

Pero Zidane te ha demostrado más cosas. Podía haber esperado tranquilamente a que terminara el circo de la temporada 2018/2019 para aceptar la oferta de Florentino y regresar al banquillo. Al fin y al cabo, él mismo lo dejó porque previó un tsunami y se desatendieron sus sugerencias para surfearlo. Podía haberle dicho mira, presi, el marrón que se lo coma Solari hasta junio o que entrene José Ángel Sánchez, si le queda bien el chándal. Sin embargo, volvió cuando en juego sólo había mierda y descrédito. Como el verso de Kipling puso sus triunfos, únicos literalmente hablando porque no los tiene nadie como entrenador no ya del Madrid sino del fútbol mundial, tres Copas de Europa en dos años y medio, ya me dirás; hizo un montón con ellos, metió dentro su imagen de icono fundacional del Madrid del siglo XXI y lo lanzó al viento como si fueran hojas secas por el otoño. Y todo lo hizo por amor porque por dinero y fama amigo tuitero, te puede enterrar en el ruedo de Las Ventas bajo montañas de billetes de quinientos euros. “El presidente me llamó y aquí estoy”.

Cogió otra vez a su equipo que estaba en la mierda; a su gente, porque es un tipo que tiene un código (todos los entrenadores lo son, en una medida o en otra, pero no todos los explicitan, algunos, los más listos, te hacen creer que ellos han trascendido el vínculo primitivo e insuperable del jefe y su vestuario) pero eso tú no lo entiendes y crees que dirigir al grupo de profesionales hipercualificados más particular del mundo moderno es como jugar al PC Fútbol, donde los jugadores no te contestan a la cara, son simplemente muñecos virtuales que no rechistan ni se ponen malos ni se enamoran, deprimen, sacian o enfadan. Vino al Madrid pudiendo perfectamente no venir nunca más o marcar él mismo los plazos y asumió un panorama pútrido en el que cada partido era un sofocón: probablemente se habría terminado de quedar calvo si aún le hubiera quedado pelo en la cabeza en el tiempo que transcurrió entre marzo y junio.

Cogió otra vez a su equipo que estaba en la mierda; a su gente, porque es un tipo que tiene un código pero eso tú no lo entiendes y crees que dirigir al grupo de profesionales hipercualificados más particular del mundo moderno es como jugar al PC Fútbol

Te dije antes que Zidane no tiene trucos pero no es verdad. Tiene los que aprendió de los maestros antiguos que no actuaban como monos encocados cuando veían una cámara cerca entre otras cosas porque antes el fútbol era distinto y había menos cámaras en los campos. Aprendió de Lippi, de Del Bosque, pero sobre todo de Ancelotti. Esos maestros tenían, y Carletto aún lo conserva, algo patriarcal que como dice Mesetas ordena el mundo y dicta las reglas: esas reglas no incluyen ni la justicia o la equidad extrema ni tampoco la indulgencia ante la falta de compromiso, porque la igualdad sólo existe en la pestaña de las webs de los partidos políticos donde cuelgan el pdf con el ideario. Y no sólo se quedó con la austeridad en los gestos de todos esos patriarcas, una cosa que refuerza algo que de todos modos él lleva en la masa de la sangre, sino que aprendió algunas otras cosas acerca de la valía de los futbolistas y del modo en el que sus talentos han de ser administrados en la competición salvaje del fútbol, que es lo más parecido a la idea que tienen los anticapitalistas del capitalismo total: un universo sin compasión habitado por niños que se juegan el dinero de los hombres.

Bramas, tú, tuiterillo indignado, porque te has levantado una noche de verano a las dos de la mañana para ver una pachanga en los Estados Unidos y Zidane, que no debió leer tu última alineación en Tuiter, te ha puesto a Lucas Vázquez en vez de a Kubo. Comprendo tu dolor, al fin y al cabo, luego te dicen que la exigencia sin límites es lo que diferencia al madridista de todos los demás, lo que lo acerca al público de Las Ventas, porque les dará vergüenza supongo compararlo con el que va a la Scala de Milán. Pero déjame desengañarte: exigencia es pedirle profesionalidad y ambición inmoderada cuando empieza la temporada, lo demás es farfolla con la que te autoengañas creyendo que con cada tuit un rayo cegador de justicia divina baja del cayado del profeta Isaías, desde el cielo, e irrumpe como una ola de fuego en las pantallas de los móviles de todos los que te están siguiendo. ¡Zidane tiene favoritos, a Zidane le gusta Lucas Vázquez!

exigencia es pedirle profesionalidad y ambición inmoderada cuando empieza la temporada, lo demás es farfolla con la que te autoengañas

Según odies a Lucas Vázquez o idolatres a Bale, así desprecias a Zidane: no quiere a Bale por algún turbio prejuicio de cabileño resentido que no soporta el britanísimo esplendor de su zurda anacoreta, o elige a Lucas como su pretoriano porque es tonto del culo capaz sin duda de quedarse antes con un SEAT Ibiza que con un Lamborghini. A Zidane le gustará Lucas Vázquez y dejará de gustarle Bale por vete tú a saber qué motivo, amigo tuitero; yo sólo puedo especular, seguramente un tipo que lo da todo cada vez que sale, no se queja nunca, puedes ponerlo de portero o de 9 con la seguridad de que va a partirse el pecho con el mismo entusiasmo y te asegura que no se va a pasar en la enfermería dos semanas cada mes y medio, sea del gusto no ya de Zidane, sino de cualquier entrenador.  De igual modo alguien que cobra como un príncipe y exige ser tratado como un príncipe, pero rinde como un rentista quizá no sea el perfil preferido para quien tiene que fajarse cada día en la silla eléctrica del banquillo del Madrid. No en vano Mourinho se jugó sus últimas semifinales en Madrid con Higuaín y no con Benzema: aunque creas que hacía las alineaciones confiando ciegamente en el Big Data, él también tenía sus querencias. Dijiste con Mou que lo que dijera el entrenador tenía que ir a misa, pero eso también era mentira: depende de que el entrenador que sea te guste a ti o ponga a tu niñita. Te crees muy listo amigo tuitero pero te voy a hacer un spoiler: ni tú ni yo sabemos nada y aunque supiéramos algo, seguiríamos sabiendo menos que Zidane, que es un tipo que de haber pertenecido al Liverpool o al Manchester United la gente bautizaría a sus hijos con su nombre, una estatua suya del tamaño del Coloso de Rodas daría la bienvenida a los hinchas en el estadio y la gente arrancaría trozos del asfalto por donde pisara para llevárselos a su casa y ponerles una velita en un altar. En Old Trafford se cantó La Marsellesa en honor a Cantona y falta poco para que le cambien el nombre a Anfield por el de Klopp: en el Madrid se trata de subnormal con una naturalidad impresionante al tipo que de futbolista encarnó el sueño florentinista que renovó material y espiritualmente al Madrid en el cambio de siglo (por no hablar de que ese florentinismo salvó al club de la quiebra social y financiera) y que de entrenador se ha puesto a la altura de Miguel Muñoz. Tú, tuitero, te permites el lujo y la osadía de proyectar sobre uno de los seis nombres fundamentales de la Historia del Madrid, tus pequeñas ruindades de arbitrista. Pero no puedo despreciarte del todo, amigo, porque yo pertenezco a tu tribu.

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