Para Mendilibar no hay pandemia
Jesús Bengoechea
El partido contra el Eibar no será fácil. No puede serlo, aunque solo sea por las extrañísimas circunstancias. Tres meses sin jugar. Gradas vacías. Escenario nuevo y más modesto como el Di Stéfano. A este último respecto se ha referido el entrenador del Eibar, Mendilibar, quejándose amargamente sin que sea fácil entender por qué. “Creo que eso no se permite. Creo que, si das un estadio a principio de temporada, no está bien cambiar a la mitad”, ha rezongado confusamente el técnico del equipo vasco, para quien se diría que el Madrid juega en el estadio de su filial por capricho, para quien se diría que no ha habido ni hay en el mundo una pandemia que solo en España se ha cobrado 40.000 muertos. De todo esto no parece haberse enterado Mendilibar, que no ha desaprovechado la ocasión de sacudir al Madrid como si aquello de lo que se queja no hubiera estado motivado por una emergencia sanitaria y como si el club cuya conducta afea no hubiera desempeñado un papel ejemplar en medio de la catástrofe. El Madrid no suele merecer que le traten como le tratan, pero que este señor venga ahora, precisamente ahora, a ofrecernos sus refunfuñes, como si importaran algo en el presente contexto, es algo que roza lo insultante.
Mendilibar debería saber, en primer lugar, que al Real Madrid se le dio el permiso para jugar en el Di Stéfano el pasado 8 de mayo, dadas las especiales circunstancias de las que Mendilibar hace caso omiso. Para obtener dicho permiso, el Madrid se comprometió (y así lo ha hecho) a adaptar el recinto para una disposición de cámaras, incluido VAR, más propia del fútbol de élite, así como a mejorar la iluminación con tecnología LED para la retransmisión en 4K.
En su muy cascarrabias intervención radiofónica, el técnico del Eibar aludía torpemente a un intento pretérito del Athletic de Bilbao de modificar las dimensiones del campo, que fue prohibido, como si aquel caso tuviera algo que ver con este. Debe saber Mendilibar que las dimensiones del campo de Valdebebas son absolutamente reglamentarias y por tanto idénticas a las del Bernabéu, a saber, 105 x 68. Se hace difícil imaginar de qué manera, en la calenturienta imaginación de Mendilibar, el jugar en este estadio puede beneficiar en nada al Real Madrid.
El único aspecto por el cual el Madrid puede salir mejor parado tiene más que ver con el karma y con lo simbólico. Uno no se va a jugar a un estadio que se llama Alfredo Di Stéfano para perder. Tal vez sea la mera invocación de ese nombre lo que haga a Mendilibar estremecerse un poco, y canalizar su pavor inconsciente en la forma de quejidos lastimeros.
No se me ocurre otra explicación.
