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Portanálisis·28 de mayo de 2017

Penalba

L

La Galerna

 

El marcador, ese impostor, no refleja lo realmente sucedido en la Final de la Copa del Rey disputada ayer entre el FC Barcelona y el Alavés. El colegiado Clos Gómez emborronó, en su último partido, una hoja de servicios que hasta la fecha había sido impoluta para con el Régimen dejando sin señalar un penalti de libro cometido por el balón sobre Jordi Alba. Nos referimos, claro está, a la jugada acaecida en el segundo tiempo, cuando tras adentrarse en el área para recibir un pase en profundidad de Messi el noble y sagaz lateral izquierdo culé fue arrollado por el balón en cristalina pena máxima. No solo Clos no marcó los once metros, echando así un borrón de última hora en su imborrable historial, sino que ni siquiera la prensa barcelonesa, teóricamente afín al club del rinconcito, se ha hecho eco del incidente.

Lo veis, ¿verdad? Bochornoso bloqueo mediático a un nuevo penalti sobre Jordi Alba, y eso que éste fue aún más claro que el que sí pitó Hernández Hernández en la última jornada liguera en choque ante el Eibar. En aquella ocasión, fue su propia pierna derecha la que -en violento contacto con el suelo-derribó meridianamente al deportivo y espabilado carrilero. Ayer fue el mismísimo balón quien, en agresiva entrada, dio con los huesos del muy perspicaz e intachable lateral zurdo de los valors sobre el verde tapete.

Decimos que fue el balón quien derribó a Jordi Alba porque no se nos ocurre qué otra persona o ente sobre el campo pudo hacerlo al no haber absolutamente nadie del Alavés en varios metros a la redonda. Sí pasa relativamente cerca, en cambio, el balón, que se cruza en el camino de Jordi cuando un defensa (situada a tres o cuatro metros de distancia) lo despeja a córner, por lo que deducimos que fue el balón el infractor. Si ni siquiera la prensa del entorno blaugrana se hace eco de esta decisiva jugada, imaginaos cuánto menos la reflejan los periódicos madrileños, accionados cual marionetas por hilos del palco y oscuras tramas florentinescas.

Como veis, nada en absoluto tampoco. Ni un simple faldoncillo reflejando el escándalo del impepinable penal birlado al club de Rosell y Núñez por zancadilla del esférico a Jordi Alba. Una vergüenza.

Fue un penalti claro o una clara penalba, como gloriosamente ha bautizado el ingente Mario de las Heras a las frecuentes -y rara vez señaladas- jugadas merecedoras de la máxima sanción sobre el de Hospitalet. ¿Cuántos penalbas se dan por partido, y cuántos son de hecho cobrados por los colegiados? How many times a day do I think of you? / How many roses are sprinkled with dew?, que cantaba Ella Fitzgerald. Incontables, amigos, y sólo nos resta ya admirarnos de la abnegación con que el avispado y ejemplar futbolista encaja invariablemente este maltrato arbitral.

Que fue penalti es algo acerca de lo cual no albergamos alguna duda. Fue incluso más claro que el de Eibar. La única pregunta que queda abierta es: ¿era también expulsión del balón? La respuesta es más peliaguda.

En la entrada del balón se aprecia clara voluntariedad. Es no obstante difícil precisar si el balón arremete contra Jordi Alba con la suficiente fuerza como para que Clos Gómez (qué mancha inopinada en su historial representa la no señalización de este penalba) decretase asimismo su expulsión. Expulsar al balón, por otra parte, no es fácil y puede acarrear dudas morales. ¿Qué pasa si el infractor no ha sido el balón sino el aire? Soplaba ayer en la noche madrileña una agradable brisa que muy bien pudo ser la que trabase a Alba en su incursión ofensiva. La cosa no es más sencilla bajo esta premisa. Puedes pitar penalti pero, ¿cómo expulsas al aire?

Acertó, pues, Clos Gómez dando validez al gol de Neymar en fuera de juego (que resultó decisivo) pero se columpió peligrosamente al no indicar el punto fatídico ante la dignísima caída del lateral. Vaya una cosa por la otra. Saldo arbitral nulo.

Enhorabuena al Alavés, que luchó ejemplarmente contra el viento, el balón, Messi, Clos y el sistema.

 

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