Pequeñas habitaciones de Lorenzo Sanz
La Galerna
Texto escrito en homenaje al presidente don Lorenzo Sanz, publicado tras su fallecimiento y reflotado con motivo del aniversario de su nacimiento.
La verdad sentimental
Manuel Matamoros
Con Lorenzo era sencillo estar. Pertenecía a la clase de personas que no se dan importancia, aunque la tengan. Solo tres presidentes del Madrid han alzado la Copa de Europa, y Lorenzo Sanz fue uno de ellos. Fue proeza que, mediante la situación patrimonial del Madrid que presidió, consiguiera hacerlo. Dos veces. Siempre caminando al borde del precipicio. Nos trajo al primer Capello, y sobre su saber formó, por fin, un equipo capaz de volver a poner al Madrid en la historia futbolística de Europa. Dos años y muchos agobios después, el equipo era casi otro. Mi agradecimiento no nace, sin embargo, de la admiración intelectual por esos logros de extraordinario mérito, sino de una verdad sentimental mucho más honda. Y como Lorenzo Sanz fue hombre naturalmente generoso, que regalaba su tiempo con largueza si el Madrid andaba por medio, no me faltaron las ocasiones de hacérselo presente. No es posible haber vivido la Sexta y llorado, treinta y dos años después, en el Amsterdam Arena, sin que te toque el corazón la raíz más profunda de ese afecto. Así que, como ya sabías, siempre serás querido, Presidente.
He ganado recuerdos
Fred Gwynne
En 1998, cuando el Real Madrid ganó la Séptima, yo no era madridista. No tengo recuerdos de Lorenzo Sanz con su puro en Ámsterdam, o sea que tampoco tengo, aunque muchas veces hable de ello como si los tuviera, recuerdos de esos 32 años de desierto.
Intenté adquirirlos después, pero no es lo mismo, es como ir al cine a ver “El planeta de los simios” y llegar justo en la última escena, cuando Charlton Heston se arrodilla en la playa o cuando Mijatović mete el gol de la victoria.
A mí lo que de verdad me hubiese gustado es darle fuego al icónico puro de Lorenzo Sanz o ayudarle a elevar al cielo la ansiada Séptima entre Seedorf y su hijo.
No tener recuerdos es como no tener vida. Por eso, ayer, cuando el maldito Coronavirus se llevó al presidente que lideró esa parte de mi (inexistente) madridismo y vi como miles y miles de aficionados lloraban su perdida, recobré de golpe los recuerdos que nunca viví.
Tanto dolor y orgullo, tanta emoción y duelo, me hicieron entender la enorme grandeza de un hombre que, paradójicamente, fue, es y será parte de mi vida, aunque nunca formase parte de ella.
He disfrutado, con gran tristeza, de lo que nunca disfruté.
He entendido, a través del respeto y la congoja de muchos compañeros, la alegría de una época irrepetible. Ellos tuvieron la enorme suerte de vivirla. Y yo, gracias al enorme cariño que veo desbordarse a mi alrededor, también.
Nunca un adiós fue para mí más madridista. He ganado algo que pensé que había perdido para siempre: recuerdos.
Dios te bendiga, Presidente.
La fibra inconfundible de la voluntad
John Falstaff
Si hay amores a primera vista, Lorenzo Sanz era personalidad a primera vista. El pelo corto y engominado, las cejas pobladas, la mirada penetrante con un punto de sarcasmo, la sonrisa pronta pero rara vez franca. Había siempre un atisbo de desconfianza asomando por sus ojos, por las comisuras de sus labios: la desconfianza esculpida por quien se ha hecho a sí mismo a fuerza de sobreponerse a los golpes que propina la vida, y sabe que la deslealtad y la traición están siempre a la vuelta de la esquina. Y por encima de todo, una ambición irrefrenable que se escapaba en cada declaración, en cada parpadeo, en cada gesto de su cuerpo poderoso. No conocí a Lorenzo Sanz y confieso que nunca fue alguien que me cayera simpático. Pero siempre vi en él la fibra inconfundible de la fuerza de voluntad, del esfuerzo, de la determinación y de la vocación de grandeza; no es de extrañar que acabara presidiendo el Real Madrid, puesto que encarnaba algunos de los rasgos que mejor definen el madridismo. Y en cuanto a la simpatía, a quién demonios le importa la simpatía. La historia nos muestra que son a menudo los antipáticos los que cambian el mundo y hacen de él un lugar mejor. Y eso es lo que hizo Lorenzo Sanz: cambiar la historia del Real Madrid y hacerla mejor. Sospecho que allá donde se encuentre, no merece recibir nuestra simpatía sino algo mucho más profundo e importante: nuestra gratitud. Descanse en paz.
El madridista que nos devolvió la gloria
Andrés Torres
Tenía 18 años y muy poca sesera.
ESPACIO PUBLICITARIO
Post Article - 728x90