REAL MADRID A DEBATE. LA GALERNA, TU DIARIO MADRIDISTA.

Volver al inicio
Opinión·25 de febrero de 2020

Perdóname, Vinicius

Q

Quillo Barrios

El otro día leí con atención un texto de Álvaro Varito sobre los motivos que pueden llevar a Zinedine Zidane a apostar por Gareth Bale pese al evidente bajón futbolístico del galés y el buen nivel de varios de sus compañeros. El artículo venía a decir que Bale es un jugador monumental -eso siempre ha sido así- y que el cuerpo técnico sabe que lo necesitará si el Real Madrid quiere hacer algo grande esta temporada.

Mi primera reacción fue una especie de sí pero no, de querer creérmelo y no terminar de hacerlo. Como cuando intentas fiarte de alguien que ya te ha fallado previamente. Recuerdo, incluso, escribir en Twitter que me costaba entender que Zidane mantuviera una fe casi inquebrantable en Bale teniendo a Vinícius -definitivamente de vuelta- y Rodrygo, por poner varios ejemplos.

Y aquí estamos, con mi propia reflexión pendiendo de un hilo porque soy de esos que se equivocan a menudo, y más con el fútbol de por medio. También acostumbro a hablar al día, sin esperar el desenlace para lanzar opiniones engañosamente certeras. Acabó el partido del Ciudad de Valencia y pronto me di cuenta de lo que estaba por venir: Manchester City y Barcelona. Casi nada. Otra temporada en una semana. Mientras lo pensaba, se confirmó que lo de Hazard tenía mala pinta. Tan mala era que se perderá lo que resta de temporada. Un Real Madrid sin gol se había quedado sin el futbolista que más le acercaba a él. Porque, sí, se han cosechado buenos resultados sin Hazard, pero, no nos engañemos, para las noches de puerta grande o enfermería se necesitan, sí o sí, a los mejores. Y Hazard es uno de ellos.

Una vez asumida esa ausencia -estas últimas cinco palabras son mentira, ya que sigo sin asumirla-, dibujé en mi cerebro el once con el que yo jugaría ante el Manchester City. "Vinícius", me dije a mí mismo como si fuera una reivindicación de mi conciencia buscando vete a saber qué. "Es el único capaz de acercarse al volumen de ocasiones que puede generar Hazard", añadí asintiendo con la cabeza. Y, de repente, Bale. Asomó por mis pensamientos como un rayo. Recordé el texto de Varito, la facilidad que tiene Gareth para ser decisivo en partidos de altura y me reconcilié con aquel yo que tanto amaba al ex del Tottenham. "Vamos a querernos una última vez, aunque sea una semana. Luego ya vemos", pensé. Me sentí sucio por Vinícius y porque después de aquella pancarta de 'Wales. Golf. Madrid' deseé con todas mis fuerzas que Bale no volviera a vestir la blanca. Los impulsos, ya sabéis. Tauro hasta el día que me muera.

¿Por qué Bale? Por el pasado -soy un romántico-, por lo que escribió Varito y porque el contexto invita a ello. El Manchester City -y también el Barcelona- es un equipo con notables lagunas defensivas, que no sabe correr hacia atrás y al que le suelen hacer daño con facilidad. Gana muchos partidos -este año menos que nunca, eso es cierto- por su intenso dominio y la abrumadora calidad que tiene arriba, pero lo pasa mal ante futbolistas rápidos que llegan bien lanzados desde atrás. Ese es Bale. Doy por hecho que no volverá a alcanzar ese nivel que invitaba a pensar en una era 'Post-Cristiano' más llevadera, pero su vértigo, esa zancada poderosa y el idilio que tiene con el gol en noches grandes invitan, como mínimo, a pensar en un (pen)último baile.

Desde que tú lees esto hasta que lleguen las 21:00 del miércoles habré cambiado de opinión unas ciento cuarenta y siete veces, estando todas ellas cargadas de razonamientos sólidos y contundentes para echar por tierra las anteriores. Sin embargo, el impulso, ese compañero incontrolable que parece estar casado con la adolescencia, me lleva hacia Bale. Perdóname, Vinícius.

 

ESPACIO PUBLICITARIO

Post Article - 728x90