Por la parte de Lucas Vázquez
Mario De Las Heras
El gallego florece en el imprevisible jardín de Zidane
Si ves salir a Lucas por la banda conduciendo el balón, verás a un alegre caballo trotón de calesa salir brioso de su caballeriza hasta que el cochero se hace con él y el señor y la señora se recolocan sus sombreros en medio del brusco bamboleo para continuar el viaje. Esa es la primera impresión. Nadie sabe mejor con qué tiro se cuenta que Zidane con su levita, un experto en caballos. Por ahí se dice mucho que Lucas es de calesa y nada más, o percherón. Nada de raza, ni purasangre, ni mucho menos. De Lucas se ríen los compradores apoyados en las vallas mientras le ven correr. Pero Zidane no se ríe.
Había señales previas de que estaba volviendo el Lucas aquel que giraba el balón sobre el dedo segundos antes de tirar un penalti en una final de la Copa de la Europa. Y ayer le vimos al fin, otra vez. Es como si Zidane cultivara a sus jugadores. El aficionado impaciente, y el paciente también, piensa: “Pero por qué pone a Lucas si no existe”. Y es razonable pensar que no existe porque no se le ve, no (en este caso) al Lucas aquel Glober Trotter al borde del precipicio. Lucas había sido replantado y regado y estaba germinando. Ya habíamos visto algunos esquejes y hoy hemos visto incluso la flor. Como la de Nacho.
Lucas hace dos días era una lechuga pocha y miren, miren qué turgencia, que hojas amarillas, qué raíz pivotante, qué inflorescencias. Zidane es un campesino que ha convertido a Lucas (y a tantos otros) en un corimbo
Yo veo a Zidane con un sombrero de paja paseando despacio por los verdes campos de entrenamiento de Valdebebas con una regadera en la mano, cuidando a sus jugadores despacio, deteniéndose a hablar con ellos mientras, de vez en cuando, se quita el sombrero, mira el sol en lo alto, se seca el sudor de la frente con el antebrazo, se vuelve a poner el sombrero y continúa. Y luego le llaman alineador. Lo indescifrable de Zidane es su agricultura. El aficionado no ve las semillas que ha plantado con dedicación y cuida con fe y esmero. La prensa no le ha visto levantarse al alba para plantarlas.
Muestras sobradas de virtuosismo en huertos y jardines nos ha dado ya. ¿Y si Isco y Marcelo, por ejemplo, estuvieran en proceso de re-crecimiento? ¿Se imaginan el milagro? ¿Y si aún pudieran volver a brotar? ¿Y si sus tiempos fueran más largos? Lucas hace dos días era una lechuga pocha y miren, miren qué turgencia, que hojas amarillas, qué raíz pivotante, qué inflorescencias. Zidane es un campesino que ha convertido a Lucas (y a tantos otros) en un corimbo para nuestro deleite y esperanza, como si volvieran a asomar los frutos selectos de la huerta zidanesca.
La siembra de Zidane es el misterio del campo. Quién sabe qué secretos guarda esa tierra única en el mundo. Que el mejor Lucas era un buen y valeroso soldado ideal para esta época de guerra y carestía ya lo sabíamos, pero no que pudiera (volver a) brillar de ese modo echándose el equipo a la calesa para terminar de llevarlo a la clasificación. El señor y la señora del tílburi eran algunos haciendo aspavientos por el ímpetu y el protagonismo recobrado del gallego que nos lleva en volandas casi hasta la juventud, como si estuviéramos viendo volver, poco a poco, el tiempo perdido de Proust.
Fotografías Getty Images.
