Por qué eres más madridista que Ramos
Antonio Vázquez
No pretendo con este artículo volver a incidir sobre lo que está revolviendo al madridismo el proceso de negociación para renovar el contrato de Sergio Ramos. Esto ya se ha hecho, y brillantemente, en La Galerna. En este caso lo que intento resaltar es el abismo que dista entre la trinchera en la que nos hallamos los aficionados y aquella en la que se encuentran los futbolistas, que puede explicar parte de lo que ocurre en situaciones como la que estamos viviendo con el capitán del Real Madrid, aunque puede extrapolarse a cualquier equipo y a cualquier jugador.
Al tiempo que se firma el primer contrato que convierte el fútbol en un trabajo. El equipo pasa a ser el empleador y el sentimiento tiene que convivir con las reclamaciones laborales que tiene cualquier trabajador, por muy privilegiado que éste sea
La única realidad es que mientras futbolistas, entrenadores o directivos pasan, el aficionado es, junto a la entidad en sí, lo único que permanece inalterable, en una unión que, como norma habitual, pervive hasta el final de los días del seguidor. Esto no quiere decir que no existan jugadores que sientan los colores que defienden. Hay sobradas muestras de que muchos de los nuestros y los de otros muchos equipos han llegado a amar al club que les paga. Este afecto es incluso más evidente en aquellos que se han formado en las categorías inferiores. Pero hasta ellos separan el aspecto sentimental del profesional. Al tiempo que se firma el primer contrato que convierte el fútbol en un trabajo, se cruza una frontera de la que no hay retorno posible. El equipo pasa a ser el empleador y el sentimiento tiene que convivir con las reclamaciones laborales que tiene cualquier trabajador, por muy privilegiado que éste sea. No olvidemos que cada futbolista dispone de representantes, consejeros, familiares y abogados que se dedican básicamente a conseguir siempre el mejor negocio posible para sus intereses.
En cambio, la perspectiva del aficionado sólo contempla un amor incondicional, sin aristas ni dobleces. Piensa que tú (y te apelo directamente porque supongo que si lees estas líneas, eres madridista) has invertido muchísimo tiempo, esfuerzo y dinero en seguir al Madrid, en viajar para verle, en comprarte entradas o pagar tu abono (en eso me gasté yo el primer salario que percibí en mi vida), en ver los partidos por televisión o en adquirir productos con el escudo. Por su parte, los componentes de la plantilla se han enriquecido a niveles muy por encima de los sueldos incluso de ejecutivos por el hecho de vestir la inmaculada elástica merengue. No demonizo al jugador, creo que es la pieza esencial de una industria milmillonaria y, como tal, percibe unos emolumentos acordes a su papel. Lo que no entenderé jamás es la posición de aquellos que recuerdan una y otra vez lo que ha hecho cualquier profesional a nivel individual por el Madrid. La relación siempre va a ser desigual y la deuda es de la persona para con el club y no al revés. Por mucho que el futbolista haya aportado, siempre habrá obtenido mucho más de la entidad, tanto en lo económico, como a nivel de prestigio. O incluso de cariño. El mantra de “con todo lo que nos ha dado” debería ser justo al contrario. Con lo que el club ha proporcionado a todos y cada uno de sus jugadores, ninguno tiene derecho a exigir absolutamente nada. Además, se ha demostrado una y otra vez que un futbolista, por muy bueno que sea y que se diga que sea, no gana por sí solo, y ni siquiera puede evitar que a su equipo le metan 8 goles en una eliminatoria europea. Da igual el nombre o el palmarés que tenga; sin la ayuda de sus compañeros (contratados y pagados por el club), del cuerpo técnico y del resto de trabajadores de la institución, ninguno de ellos habría ganado absolutamente nada.
Por mucho que el futbolista haya aportado, siempre habrá obtenido mucho más de la entidad, tanto en lo económico, como a nivel de prestigio. O incluso de cariño
Por eso no puedo defender ningún tipo de chantaje o exigencia de recibir cobijo bajo el ala del club tras la retirada. Para cualquiera de nosotros, que lucimos física o anímicamente el escudo del club con orgullo, no se concibe mayor honor deportivo que defender este emblema, así como los valores y las millones de personas que representa. Comprendo que el profesional no tenga (ni pueda tener) esta visión, que se preocupe por su dinero, por jugar lo máximo posible, por qué el tipo que se sienta a su lado percibe un 20% más que él de salario cuando a su juicio no lo merece. Por supuesto, la actitud comprensiva tiene límites. Como, por ejemplo, cuando se hacen declaraciones de amor a nuestros colores, pero luego se envenena cualquier negociación con exigencias que rebasan los límites marcados por el club, que atienden a su realidad actual y se rigen por la misión fundamental de su pervivencia. En un enfrentamiento entre el Real Madrid y cualquier jugador siempre voy a posicionarme detrás del escudo, y creo que este sentimiento es el mayoritario entre nuestros aficionados.
Defiendo que hay que animar y proteger a los futbolistas que juegan en tu equipo. Son un activo importantísimo del club y de ellos depende, a la postre, lo que ocurre a nivel deportivo. Aun así, personalmente intento mantener con ellos cierta distancia, no aferrarme sentimentalmente demasiado a quien puede decepcionarme en cualquier momento. Por eso apenas tengo camisetas con nombre en la espalda. Soy del Madrid y quiero que los mejores jueguen para mi equipo, pero seguiré estando a su lado aunque no sean tan buenos. Tampoco exijo que los profesionales que conforman las distintas plantillas sean madridistas. Con que respeten a la entidad y se esfuercen para dar el máximo, me doy por satisfecho. Nunca pensé que podría aplaudir a Luis Figo, pero lo hice cuando comprobé que estaba dando lo mejor de sí mismo y, por lo tanto, su presencia sería beneficiosa para lo que yo amo, que es el Real Madrid.
Tampoco exijo que los profesionales que conforman las distintas plantillas sean madridistas. Con que respeten a la entidad y se esfuercen para dar el máximo, me doy por satisfecho
El 13 veces campeón de Europa es uno de los equipos de fútbol que mejor paga del planeta, pero desde hace años ha ido bajando en el escalafón de destinos más ‘generosos’ para los futbolistas. Pues bien, si hay quien exige salir para encontrar una subida de sueldo, soy partidario de mostrarle amablemente la puerta de salida, previo pago de la cantidad que el club considere pertinente para el traspaso (si hay contrato en vigor, claro). Tampoco es ninguna novedad esto que señalo. Santiago Bernabéu, que estableció las bases de nuestra filosofía y nos instaló en la incomparable posición de superioridad que hoy se mantiene con mucho esfuerzo, se hartó de decirlo. Y él sí fue un individuo con participación seminal en nuestro éxito. Ante la duda, yo siempre seguiría sus principios. Muchos de ellos tienen vigencia eterna. En el Madrid se paga y se pagará muy bien, pero si sólo es el dinero lo que mueve al jugador y éste quiere más de lo que se le ofrece, se le dice adiós con educación y, si procede, se le agradecen los servicios prestados (y pagados). Pero nada más.

