¿Por qué ha fracasado el FC Barcelona?
Carlos Agrasar
El club azulgrana puede pagar caro que su catarsis haya llegado tarde
Cuando el Real Madrid conquistó recientemente la Liga, recuerdo que en Can Barça nadie se rasgó las vestiduras por habérsela ‘regalado’ a su eterno rival. Y sentí que eso era porque aún albergaban la esperanza de la Champions y no parecía el momento de desestabilizar… Luego llegó la eliminación del Real, a manos del Manchester City, que dirige uno de los más significados ‘hijos pródigos’ del barcelonismo: Pep Guardiola. Y la satisfacción de la tropa culé fue muy profunda… desde lo más recóndito del subconsciente colectivo del barcelonismo, el camino estaba expedito para dar un golpe mortal en la línea de flotación del Madrid, compensando el mal año vivido y justificando la estrategia y decisiones de su junta directiva.
Pero el torpedo les destruyó a ellos en forma de la abultadísima derrota (2-8) que les infringió el Bayern de Múnich, nada menos que en los octavos de final. Demasiado castigo que, a priori, nadie podía imaginar. Y tras esa debacle deportiva (por cierto, la más abultada de la historia del club), en este caso sí que todo el castillo de naipes se le ha venido abajo al barcelonismo. Gozando el Barça de tanto periodista de bufanda que defiende al club y a su equipo, sin el mínimo rigor analítico ni un ápice de autocrítica, la ‘catarsis’ parece que ha llegado ya demasiado tarde y que el club lo tendrá que pagar seguramente muy caro.
Estamos ante un inmenso iceberg a la deriva, donde sólo la séptima parte superior (la que se ve) correspondería a lo deportivo
Mi objetivo con este caso es reflexionar, siquiera superficialmente, sobre esta crisis del Barça que se me antoja de profundo calado y mayor trascendencia de los que sus seguidores barruntan. No tengo gran conocimiento de la realidad de su club, ni La Galerna es el soporte adecuado para hacerlo. Aquí nos centramos en su eterno rival y, en esa medida, por eso algo nos concierne.
En mi penúltimo post, titulado ‘Todo apunta hacia un cambio de ciclo’ me atreví a aconsejar al seguidor culé que debería “meditar durante un ratito y preguntarse por qué su equipo ha perdido la liga este año, en vez de buscar -como suelen hacer- todo tipo de excusas peregrinas, como las ayudas de los árbitros… o la flor de Zidane. Podrían reflexionar sobre por qué sus jugadores no han dado la talla… la razón oculta de las declaraciones de Messi (en la antesala de su retirada), tras la derrota contra Osasuna, enseñando a su entrenador la puerta de salida… el porqué del quilombo que hay montado en su club y la penosa situación económica en la que se encuentra la entidad. Aderezado, todo ello, con la antesala de unas elecciones presidenciales previstas para 2021 en las que Bartomeu se siente acosado por todos los flancos. Vamos que el Club y el barcelonismo están más estresados que El camarote de los hermanos Marx”.
Bien, pues aquella recomendación me parece aún vigente -y más pertinente, si cabe- tras la destitución de Setién (prueba fehaciente del poder de Messi), la llegada de Koeman (amenazando con arrasar el vestuario), la situación perentoria del presidente y de su Junta (por el fracaso de Lisboa, el declive deportivo y la penuria económica del club) o la envergadura imponente de las reformas que tienen por delante. Porque la culpa de esta crisis no la tienen los jugadores, como nos quieren hacer creer desde Can Barça… sino ellos mismos. La crisis es institucional, sobre todo institucional… Estamos ante un inmenso iceberg a la deriva, donde la séptima parte superior (la que se ve) correspondería a lo deportivo y las 6/7 restantes (las ocultas) tienen que ver con el funcionamiento del entramado institucional. Y para este somero análisis me inspiran dos libros rotundos: ‘Focus’ (David Goleman) y ‘¿Por qué fracasan los países?’ (Daron Acemoglu y James A. Robinson).
Algunos candidatos a la presidencia del Club ya han advertido que Koeman no será su entrenador
Goleman, reconocido universalmente por sus teorías sobre la Inteligencia Emocional y la inteligencia Social, entre otras, nos viene a decir en Focus que un buen análisis es el que pone siempre el foco en los aspectos profundos, esenciales… y no lo ‘desenfoca’ hacia los superficiales, marginales y/o colaterales. Si no analizamos el problema con ese rigor, las conclusiones quedarán sesgadas y llevarán al engaño, a la ocultación de la realidad… Y, así, la terapia resultará perniciosa (además de contraproducente). En este punto, yo diría que las decisiones tomadas por Bartomeu y su Junta son un mero parche pues ellos son parte del problema y no pueden ser la solución. De hecho, algunos candidatos a la presidencia del club, en las elecciones anunciadas para marzo ya han advertido que Koeman no será su entrenador, si salen elegidos (¿…?), a pesar de que su mera contratación ya les ha costado cinco millones de euros (en pago a la Federación de Fútbol de Holanda, para que le libere de su contrato como seleccionador nacional).
Para comprender, siquiera tangencialmente, por qué creo que el equipo directivo en este caso es parte del problema, creo que Acemoglu y Robinson nos dan una clave cuando concluyen que los estados crecen y mejoran o, por el contrario, declinan y se empobrecen dependiendo del modelo de sus instituciones. Nos explican que, en función de las políticas que desee desarrollar un Gobierno, sus instituciones serán inclusivas o extractivas. ¿Y eso que significa? Pues que las inclusivas aceptan el reto de la innovación, reparten y redistribuyen la riqueza, preparan su futuro y trabajan cada día para ello; por el contrario, los estados extractivos son los que sirven al desarrollo de una ideología, que inspira y sirve solo a una parte de sus ciudadanos, a unos pocos… y tienden a poner el poder en manos de esos pocos.
No han sabido manejar sus tempos, pensando quizá en que Messi lo resolvería siempre todo...
¿Es el Barcelona un club inclusivo o extractivo? ¿Han actuado y están actuando de forma similar el presidente del Real Madrid y su equipo? ¿Los clubes y las SAD tienen que actuar del mismo modo? Que cada cual concluya lo que considere. Pero lo que está claro, a mi modo de ver, es que los directivos del Barça se han escondido muchos tras su bonanza deportiva… para soslayar la preparación del futuro y no tener que tomar medidas impopulares para sus socios y seguidores… Creo que no han sabido manejar sus tempos, pensando quizá en que Messi lo resolvería siempre todo... Sin embargo, ahora el canguelo es generalizado en las gradas del Camp Nou ante la posibilidad de que su ídolo abandone la nave y deje de ser la solución. Digo posibilidad por no hablar de certeza, pues Messi se tendrá que bajar forzosamente en dos o tres años por causas puramente vegetativas. ¿Y qué pasará entonces?
Tengo meridiano también que una política y una cultura cimentadas sobre más de cien años de historia no se cambia de la noche a la mañana. Necesita muchos años, quizá décadas, para evolucionar y cambiar de forma sólida. Nos dicen los autores que se puede producir ese cambio, claro, pero que para ello se deben dar dos condiciones sine qua non: la firme voluntad de los gobernantes de romper gradualmente con la estructura heredada (cosa que dudo) y el establecimiento de una hoja de ruta para seguirla con mano de hierro (lo dudo igualmente, pues nunca ha existido, ni la voluntad de aplicarla).
Ser “más que un club” les ha impedido ser “simplemente un club”
Los socios culés tienen que armarse de paciencia porque el rubicón que se les espera será largo. Deberán exigir a sus directivos que se apliquen en el cambio sin dejarse llevar por lo emocional. También, tendrán que exigirles que no se equivoquen de nuevo en el diseño de esa hoja de ruta, así como la máxima seriedad y rigor en la aplicación de las terapias, porque su club (que es lo más esencial) está por encima de lo emocional o lo meramente episódico… Que no les engañen, porque ser “más que un club” les ha impedido ser “simplemente un club”. Será un rubicón largo, insisto, y de sufrimiento añadido para ellos viendo cómo su eterno rival, el de la capital de España, recoge el fruto de llevar visualizando el futuro y trabajando en él desde hace ya un par de décadas.
Fotografías Getty Images.



