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Opinión·7 de marzo de 2019

¿Por qué no Mou?

J

José Luis S. Ortiz

Con la venia.

Por ir suavizando. Un regalo estadístico de la última temporada de Mou y con vestuario en contra: ocho partidos frente al Barça, tres victorias, cuatro empates y una derrota intrascendente.

Sé que me expongo a la lapidación. Me da igual. Es posible que ni siquiera llegue a eso, pues solo el título es de los que echa para atrás. Son tantos y tan poderosos los enemigos de Mou, que me tiemblan las canillas. Lo que sigue a continuación, es un encargo que me hizo el pasado verano D. Jesús Bengoechea cuando Zidane dijo adiós y la plaza estaba libre. Así que como me barrunto que, otra vez, estamos en las mismas pues lo he retomado y actualizado.

¿Y por qué no D. José Mario dos Santos Mourinho Félix? Pues porque “lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible”, que diría El Guerrita. Conste que les estoy haciendo spoiler. Así que recomiendo al mourinhista que empiece por el final y vaya leyendo los puntos en orden inverso. Le gustará más. Al antimourinhista, si vence a la inquina, le aconsejo que siga el orden de numeración y también se sentirá más satisfecho.

 

  1. No nos engañemos, a quien hay que sustituir es a Zinedine Zidane. El legado de Zinedine Zidane es tan grande que para sustituirle, y no morir en el intento, solo veo un perfil: el de un valiente. Nadie más valiente que Mou. Un perfil distinto al de un guerrero estará condenado al fracaso nada más pisar la T4.

 

  1. Echo de menos al madridismo salvaje. Aquel madridismo del folio con los errores de Clos Gómez. El madridismo del “¿pur qué?” ¿Cuántos asaltos le duraría Piqué a Mou? ¿Cuál creen ustedes que hubiera sido la respuesta de Mou ante el amaño de los horarios? ¿De verdad no quieren a alguien así? ¿No están hartos de poner siempre la otra mejilla?

 

  1. En el plano puramente deportivo, yo no puedo olvidar la liga de los 100 puntos y los 121 goles del defensivo equipo de Mou. Otra patraña de la dizque mejor prensa deportiva del mundo de la que, obviamente, escribiré al final. ¿Se imaginan a ese Gareth Frank Bale (lo siento, sigo conservando un pequeño rayito de esperanza) o a ese Vinicius en estampida? Aquel equipo jugó maravillosamente al fútbol y solo cuestiones a las que luego me referiré, interrumpieron su culminación en años posteriores. Los expertos dijeron (todavía dicen) que aquel equipo era un equipo amarrategui.

  1. El currículo de Zidane admite pocas discusiones. El de Mou tampoco. Y barrunto que necesitaremos un currículo de cierta altura. Llegados a este punto, aprovecho para hablar de mi libro. Mou tiene un título que nadie le quiere reconocer y que vale tanto como una Champions; de hecho, yo siempre la he considerado la Décima Copa de Europa: “La noche de los aspersores”, que merece eterno agradecimiento por nuestra parte y que, si la cosa va de ameritar, ningún otro candidato al banquillo tiene.

 

  1. El mensaje de Zidane al marcharse nos dejó muy mal sabor de boca porque todos intuimos algo de impotencia dentro ese mensaje. “No podré”, nos vino a decir y se fue. Hay algo en ese vestuario que lo hace sospechoso, aunque no siempre para mal. Sospechoso de tener una autonomía que nos ha reportado pingües beneficios, mientras las fuerzas, el hambre y las ganas lo han permitido. Sin embargo, todos empezamos a intuir que algo rancio, añejo y viejuno se ha empezado a expandir entre las taquillas de los muchachos. En esas condiciones, esa autonomía, o sea, ese poder, solo nos traerá desgracias. Solo el anuncio de su contratación provocaría tal onda expansiva en el vestuario que haría saltar por los aires todos los ventanales. Entraría aire fresco. En un vestuario sano, la aplicación rigurosa de la meritocracia no haría más que añadir motivos.

 

  1. La profesionalidad y lealtad de Mou no admite discusión, a pesar de que nos advirtieron: largará sapos y culebras cuando se vaya. Su silencio posterior a la salida ha dejado en ridículo a una ingente cantidad de mejores periodistas deportivos del mundo. Y no solo a ellos; su respetuoso silencio comparado con la verborrea biliar de más de un ilustre ex, no hace más que añadir razones a mi argumentación. Por ejemplo, ¿acaso ustedes creen que Mou hubiera rechazado la insignia de oro y brillantes del club? Preguntas que escuecen especialmente entre aquellos viejos portadores de un señorío que nunca ha existido. La fidelidad de Mou está al nivel de cualquier otro ilustre candidato como poco. Y tampoco quiero olvidarme de su innegable e impagable labor de limpieza y desinsectación del club a otros niveles.

  1. Tiremos de tópicos y derrumbémoslos. Nunca segundas oportunidades fueron buenas, dicen. Que se lo cuenten a Jupp Heynckes y al Bayern (triplete) o al mismísimo Fabio Capello con el Madrid. Ambos remedios de urgencia y obsoletos, según muchos. Claro, hombre, claro. Tiren de memoria, se podría citar unos cuantos ejemplos de segundas partes que fueron iguales o mejores. Mou volvió al Chelsea y le dio otra Premier. Después le echaron, pero camastrón de por medio. Los jugadores del Chelsea tienen esa fea costumbre y no paran: Mou, Conte y ahora Sarri. Tal vez el problema, no fuera Mou. Lo contrató el United y ganó la Europa League, la Copa de la Liga y la Community Shield. Peor lo hicieron Van Gaal y David Moyes. En realidad, desde que se les fue Cristiano, fracasaron todos, incluyendo los últimos años de Sir Alex.

 

  1. Me parece conveniente recordarles también su faceta de fichador. Él nos trajo a Modric e hizo titular a D. Rapahel Varane. Él recomendó el fichaje de Casemiro. Sacó lo mejor de determinados jugadores como Coentrao (fichaje suyo) o de Benzemá (fichaje del presidente). Recomendó a determinados parches que dieron el tipo y dejaron una grata sensación entre los aficionados, ¿recuerdan a Manolito Adebayor? Y sí, también erró en algún caso que, desde luego, no empaña su enorme saldo positivo en este tema.

 

  1. Existe una parte del madridismo veterano que nos quiere vender a Mou como un macarra venido a más. Un verso suelto alejado del tradicional señorío del Madrid. Y después nos quieren asustar con el consabido “nos odiarán más”, como si eso fuera posible. Siempre contraponen la imagen de D. Santiago, como ejemplo de virtud y saber estar, en las antípodas del comportamiento de Mou. Nada más falso y más alejado de la realidad. Mou, versión entrenador, es lo más parecido a D.Santiago  que se haya visto nunca jamás.

 

  1. Y llegamos al último punto. Reconozco que este apartado no añade gran cosa a la cuestión puramente deportiva, pero oigan, que tiene su puntito canalla que a mí me pone: Mou y el dizque mejor periodismo deportivo del mundo.

Dijeron que Mou fomentó el odio y la mala imagen del Madrid. Mentira. Se fue Mou y todo siguió igual o peor porque, ante el silencio cómplice del club, se fueron agrandando a sabiendas de que nadie les haría frente. Han insultado a jugadores, afición y presidente, y seguirán con su discurso sectario de buenos y malos, aplicando sus dobles varas de medir, callando cuando lo mande el régimen culénacionalista o tratando a la entidad peor que a cualquier club extranjero.  Con o sin Mourinho. Llegados a este punto, dado que el tratamiento va a seguir siendo el mismo yo, honestamente, prefiero en el banquillo a alguien que, de vez en cuando, los ponga en su sitio. Tener ahí a alguien como Ancelotti, Benítez, Zidane, Lopetegui o Solari, todos ellos educados y correctísimos, no ha servido para nada, por lo que al odio se refiere.

Y no se dejen engañar por su supuesta alegría ante el nuevo “negocio” que se les viene. Este mismo negocio lo tuvieron hace unos años y ellos mismos, hicieron lo imposible por hundirlo. Tuvieron a los dos mejores jugadores del mundo de la mano de los dos mejores entrenadores del momento. El Nirvana de cualquier periodista deportivo que se precie. No pararon hasta hundirlo. “Nunca me encontraréis en un asador” les dijo; una simple frase que supuestamente no decía nada y que lo decía todo, pues les vino a recordar que su fuente de información estaba más en un humeante solomillo ibérico que investigando o consultando fuentes y confidentes.  Fue el primero que tuvo la osadía de contar que el rey iba desnudo. Y por ello le odiaron. Siempre en mi equipo.

Mourinho ha estado casi seis temporadas en la Premier. Ha tenido de todo. Más fracasos en sus últimos años que triunfos. Con sus histrionismos y enfrentamientos, no ha sido objeto de la mitad de los insultos, menosprecios y vejaciones que tuvo que soportar aquí. Digo yo que, tal vez él, con sus cosas, no sea el problema y que el problema lo tengan otros. Tal vez, no, me corrijo: el problema lo tienen otros.

Si el Madrid fichase a Mou, no debería pasar nada ajeno y extraño a lo ya visto por estos lares. Ni manolismo, relañismo, segurolismo, brotonismo y demás ismos que campean por España nos sorprendería con nuevas truculencias. Conocemos todas sus prácticas, pre-Mou, con Mou y post-Mou.

Al igual que los partidos políticos necesitan ir a la oposición para regenerarse, el periodismo deportivo español, que ni es periodismo ni es deportivo y dudo que sea español, necesita que alguien esté dispuesto a ponerle frente al espejo, aunque no sirva para nada. No se me ocurre nadie mejor que el gran Mourinho.

Es un buen momento para convertir la anormalidad del dizque mejor periodismo deportivo del mundo en normalidad y rutina o, al menos, intentarlo. Aunque sea con fórceps y haciéndoles tragar quina y bilis. Para ello, sería imprescindible que el club estuviera dispuesto a ir a las trincheras de la mano del guerrero Mourinho. ¡Cielos!, acabo de caer en la cuenta. Aquí es donde se desmonta mi castillo de naipes, mi decálogo y mis ansias de regeneración. Olviden todo lo que he escrito. Y si en algún momento de lectura, han tenido la tentación de despellejarme, olvídenlo también. Mou es imposible. Es no.

 

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