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Opinión·11 de abril de 2018

Porca miseria

J

Jardiner

Me paga Jesús Bengoechea por escribir en este medio contracrónicas de los partidos del Madrid y no de los del Barça. Sin embargo, he querido impedir a toda costa que se piense que me escabullo, y de ahí mi presencia en esta sección en el día después de una noche aciaga. Los barcelonistas damos la cara en el fracaso. Siempre. A veces nos la tapamos con las manos y asomamos un ojito entre los dedos, como Busi. Pero la damos.

Lo de anoche fue un varapalo durísimo para los culés, pero también para el fúpbol. Nos ha eliminado un equipo cuyo portero se llama Allison, seamos serios, hòsti. Y, más allá de eso, nos ha dejado fuera un conjunto de fupbolistas que no consiguen llegar al sesenta por ciento de pepsesión en los partidos. ¿No puede hacer la UEFA nada ante eso? ¿Qué imagen transmite la competición más importante del mundo si no se cuidan esos detalles?

Dicho esto, voy a ser autocrítico por una vez. En Roma no aparecieron Messi, Luis Suárez, Propia Puerta y tampoco el árbitro. Lo de este último me mosquea bastante, ya que son muchos años los que nos han protegido los del silbato -Aytekin el último- como para que ahora, sin previo aviso, nos dejen con el culo al aire. El penalti de Piqué, en circunstancias normales, no se habría pitado. Pero ya se sabe que esta es una competición peligrosamente preparada para el Real Madrid. El cruce de la Roma fue una trampa en la que cayó el Barça. En realidad, nosotros queríamos a Juventus o Bayern. Todo en contra desde el sorteo. Porca miseria.

Por si lo del Barcelona fuera poco, Guardiola también cayó. El fúpbol se tiñe de luto en jornadas así. Mateu Lahoz demostró que España sigue siendo opresora. Vio el lazo amarillo de Guardiola y decidió castigarlo. Fue un arbitraje político. Al Manchester City lo echó el árbitro, no un Liverpool basado en el patapum clementista que tan de moda está en la Premier League.

Hoy, al menos, juega la Juventus de Turín, ese club llamado a evitar que el prepotente Real Madrid se meta en semifinales sin merecerlo.

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