Primera Youth League: la punta del iceberg
Paul Tenorio
La victoria de los de Raúl, fruto de una nueva idea de cantera
A la séptima fue la vencida y el Real Madrid corrigió una anomalía que se repetía desde que naciera en 2014 la Youth League: no había ningún título en las vitrinas blancas. La conseguida brillantemente el pasado martes en Nyon por los chicos de Raúl es la consecuencia lógica de un cambio de estrategia en la que ya era la cantera que más jugadores aporta al fútbol de élite, la que cuenta con las mejores instalaciones y la que goza además del poderoso imán del escudo más laureado y prestigioso para atraer a los jóvenes prodigios del balón.
Los de Raúl, nacidos entre 2001 y 2003, son muy probablemente la mejor generación que ha alumbrado La Fábrica en un cuarto de siglo. Hay que remontarse a la transición española para encontrar una hornada tan prometedora. Entre 1976 y 1977 nacían el propio Raúl González Blanco, José María Gutiérrez ‘Guti’ y Álvaro Benito, ese trío de talentos que, salvo en el caso de Álvaro, al que sólo las lesiones privaron de lo que habría sido con toda certeza una carrera meteórica (dicen que era el mejor de los tres), participó decisivamente en la segunda época dorada de la historia del club blanco. Con ellos estaban también Victor Sanchez del Amo, Javi Guerrero y otros excelentes jugadores más de grupo al que se dio en llamar “la quinta Quinta”. 25 años después, venían al mundo los Miguel Gutiérrez, Antonio Blanco, Pablo Ramón, Sergio Arribas, Luis López y compañía.
La mejor hornada en 25 años
Miguel es un talento especial, y así lo saben en Valdebebas. Este lateral zurdo internacional ni tiene la potencia de Roberto Carlos ni domina la magia blanca como Marcelo, pero lo hace todo bien. Toma buenas decisiones, algo tan sencillo a priori y tan difícil de lograr, la clave de todo. La juega con mucho criterio, se mueve bien sin la pelota, aparece cuando tiene que aparecer, se queda cuando se tiene que quedar, siempre encuentra al compañero libre, ataca espacios cuando hay que hacerlo, centra como si teledirigiera el envío, sabe defender y además posee un gran olfato de gol, siendo pichichi del equipo en este torneo junto a Latasa, con cuatro dianas. Y además, compite. No se arruga ante un rival por duro que sea, no se viene abajo tras un error, no piensa en otra cosa que en trabajar, mejorar y ganar. Posiblemente, la razón principal por la que Zidane, que sigue atentamente y encantado sus evoluciones, no quiera repescar a Reguilón. El futbolista mejor situado en estos momentos para sustituir a Marcelo cuando se agote la leyenda. De momento, la próxima temporada jugará en el Castilla.
Antonio Blanco, que comenzará su segunda temporada en el primer filial madridista aunque tiene ofertas sobre la mesa para dar ya el salto, como ha hecho Miguel Baeza poniendo rumbo al Celta, es otro pelotero descomunal. Con el don para leer los partidos e interpretar las situaciones de juego, sabe llevar la manija del encuentro en todo momento haciendo justo lo que necesita su equipo. Siempre bien posicionado para robar y con una gran técnica individual para golpear la pelota, es otra de las joyas de Valdebebas, también internacional, como la práctica totalidad de los jugadores que fueron campeones en Suiza. Muestra una madurez en su juego y su comportamiento que le harán estar preparado muy pronto para la élite, si no lo está ya.
Posiblemente, MIGUEL ES la razón principal por la que Zidane no quierE repescar a Reguilón. ES El futbolista mejor situado en estos momentos para sustituir a Marcelo cuando se agote la leyenda. De momento, la próxima temporada jugará en el Castilla aún en edad juvenil.
Sergio Arribas es un 10 con cifras goleadoras de 9. Un terror entre líneas para los rivales, una capacidad innata para detectar el hueco de la portería al que no va a llegar el portero, una pierna izquierda deslumbrante para filtrar pases definitivos y una llegada de segunda línea demoledora e indetectable para los rivales. Posiblemente el más exquisito de todos, pero también con un carácter peleón que no suele ir asociado a jugadores con excedente de talento. Arribas es un violinista con un cuchillo entre los dientes, y eso le da grandes opciones de llegar muy lejos en el fútbol. También dará el salto al Castilla esta temporada.
Y Luis López es simplemente el portero perfecto. Un abuso de guardameta. Hace años ya que alguien del club me invitó a fijarme en él. “Hay un chaval de Murcia en el Cadete B que para lo que no le he visto parar a nadie y va por arriba como un avión”. Empecé a seguirle con atención. Y no sólo es un muro entre los palos, apuesta por el blocaje y es casi infalible en el uno contra uno. Domina el área como los grandes, imponiendo sus más de 190 cms en cada centro lateral, saliendo al punto de penalti si es preciso, sea el minuto 1 o el 93 de una final, asumiendo riesgos. Regular en su rendimiento y valiente, ha mostrado repetidas veces ese don casi sobrenatural de aparecer en momentos decisivos que debe tener un portero del Madrid, como hizo en la final evitando el 3-3 al detener un penalti. Tiene a Courtois y Lunin por delante, que no son precisamente veteranos ni malos. Pero Luis es tan, tan bueno que no es descartable que pueda llegar a hacerse algún día con la portería del primer equipo, probablemente tras salir cedido a algún Primera división para demostrar. No le pierdan de vista.
No voy a ir uno por uno, aunque sea injusto porque cada uno de los que se han puesto la medalla de campeón tiene su mérito y en la lista hay más candidatos para jugar cientos de partidos en el Bernabéu. Víctor Chust (expeditivo, competitivo y fiable central), Pablo Ramón (un talento especial para liderar la defensa y sacar el balón jugado), Juanmi Latasa (un 9 inmisericorde con los porteros que además ofrece movimientos inteligentes y productivos fuera del área), Carlos Dotor (un todocampista con llegada y un sexto sentido para hacer lo que hay que hacer), Sergio Santos (un purasangre en el lateral derecho, a veces impulsivo pero sin duda con algo diferente, que recuerda asombrosamente a los primeros años de Sergio Ramos), Jordi Martín (un extremo internacional, desbordante, con calidad y olfato de gol), Iván Morante (interesante incorporación procedente del Villarreal) así como otros aún más jóvenes que han formado parte del equipo aunque con menos protagonismo, como Álvaro Carillo, Óscar Aranda, Israel Salazar, Lucas Cañizares y alguno que otro más, formarían parte de esta ilusionante lista. Más los que vienen por detrás, que también hay para alucinar. Esta suma de talentos explica parte del éxito en la Youth League. Pero no lo explica todo. Aquí entra a colación un nombre propio, el de Manuel Fernández Gómez.
La importancia de saber competir
En La Fábrica damos por sentado que siempre habrá una pléyade de jugadores con muchísimo talento, como no puede ser de otra forma. Pero a estos flamantes campeones de la Youth League les diferencia de sus antecesores más inmediatos una competitividad atroz, a la altura de la exigencia del Real Madrid. Lo demostraron en esta fase final de Nyon. Superada una vez más la fase de grupos, llegaron a la zona donde siempre se producía el tropiezo. Eliminatorias en las que se paga muy cara la inexperiencia o los nervios, cruces que habían jugado malas pasadas todos los años anteriores. En la final ante el Benfica del pasado martes aún estaba fresco ese enfrentamiento de 2017. Un Madrid que había llegado brillantemente a semifinales saltó al césped desdibujado y superado por los acontecimientos, incluso contando con tres jugadores ya consagrados en la élite o en el propio Real Madrid como Achraf, Óscar Rodríguez o Fede Valverde en sus filas. A los 19 minutos caía ya por 0-3 con dos goles de un tal Joao Félix.
Y esa competitividad necesaria, que sí apareció para eliminar a grandes rivales antes de alzarse con el título ante un equipazo como el que presentó el Benfica el otro día (esos Gonçalo Ramos o Tiago Dantas van a llegar lejos), viene de varios frentes. Por un lado, obviamente, de jugar bajo la batuta de Raúl González Blanco, la persona más indicada para transmitir a los chicos lo que significa y exige defender la camiseta del Real Madrid en una final europea. Pero también del trabajo previo hecho por el recientemente nombrado director de la cantera blanca, Manu Fernández.
Manu Fernández, el brillante nuevo director de La Fábrica
Muchos de estos chicos estuvieron a sus órdenes en el Juvenil C o el Juvenil B, equipos con los que Manu como entrenador batió récords nacionales y ganó torneos en España y lejos de nuestras fronteras, estos últimos el mejor termómetro para calibrar si estas promesas, enfrentándose a canteras de renombre mundial, están preparadas para competir ante los mejores entre los mejores y convertirse en realidades. Manu, un profundo conocedor del juego y lúcido analista, les hizo dar un salto a nivel táctico a todos ellos, en algunos casos extraordinario como el de Juanmi Latasa. También incidió en la necesidad de dominar todos los registros del fútbol y no sólo el ataque posicional, que es lo que los equipos de cantera en el Madrid están acostumbrados a hacer el 90% del tiempo en sus Ligas. En la final, o en semifinales ante el Salzburgo, vimos cómo el Madrid en diversas fases apretaba los dientes, iba a todos los duelos con pierna dura y se juntaba muy cerca del portero para defenderse del acoso rival y estirarse cuando podía con peligro. Siempre con maestría y eficacia, algo imposible de lograr si no se ha hecho un trabajo previo durante varios años.
Manu Fernández, un profundo conocedor del juego y lúcido analista, les hizo dar un salto a nivel táctico. También incidió en la necesidad de dominar todos los registros del fútbol y no sólo el ataque posicional, que es lo que los equipos de cantera en el Madrid están acostumbrados a hacer el 90% del tiempo en sus Ligas.
Con Manu Fernández hablamos no de un entrenador cualquiera, sino de un maestro de la estrategia y de la dirección de campo que contaba con ofertas para entrenar a filiales de Primera división desde antes incluso de llegar a la Casa Blanca. Este ingeniero informático, primero de la promoción nacional de entrenadores durante los tres años del curso , que se dice pronto, posee una cabeza privilegiada que ve el fútbol como nadie, ha mamado el club desde niño, pues fue canterano, llegando al extinto Real Madrid C, y es hijo del que fuera gerente durante 30 años Manuel Fernández Trigo. Florentino Pérez y José Ángel Sánchez, tras conocerle en profundidad durante las tres temporadas que ha estado en Valdebebas como entrenador, se han inclinado por concederle la enorme responsabilidad de darle un nuevo impulso a La Fábrica. Llevar el timón de la nave blanca en sus categorías de formación es la única razón que, de momento, le aleja del que parecía su destino: triunfar en los banquillos. Está para cotas más altas, como la que ahora acomete.
“Esta victoria nos anima a poner énfasis en algo en lo que hemos creído siempre: nuestra cantera”, dijo Florentino Pérez sobre el césped tras la ceremonia de coronación del nuevo campeón. Detrás de estas palabras no hay una frase hueca, sino una apuesta decidida y firme por llevar a La Fábrica a nuevos niveles de excelencia tras años nutriendo de grandes futbolistas a los principales equipos del continente. Se persigue que lo haga con más frecuencia con el primer equipo. Y esa apuesta pasa por Manu Fernández, artífice en gran parte de este éxito por el trabajo previo que hizo con muchos de los campeones y por su lúcida apuesta por Raúl.
La lúcida apuesta por Raúl
Su primera decisión no fue fácil: estando el Juvenil A sin entrenador, al marcharse Dani Poyatos al Panathinaikos, se decidió por llamar al mítico 7 blanco en vez de darle la responsabilidad a su sustituto, el prometedor pero inexperto en competiciones internacionales Jorge Romero, de 35 años y procedente del Alcorcón B. Podía interpretarse como un paso atrás de Raúl, bajando desde el Castilla. ¿Y si no consiguiera la victoria? ¿Sería un borrón para el técnico al que en el club todos consideran el delfín de Zidane? Pero Manu Fernández tenía claro que el de Villaverde era el hombre indicado y la victoria iba a estar más cerca que nunca con él dirigiendo desde la banda. Todo lo demás, remontada con uno menos ante la Juve, paliza al Inter, victoria trabajada ante el Salzburgo y final ganada ante un gran Benfica, ha venido rodado, con un Raúl exultante de alegría casi como no se le había visto en su etapa de jugador.
Raúl se ha confirmado como una apuesta acertada por parte del club, que siempre le insistió en que tenía que ser entrenador cuando él dudaba. No es sólo un mito del Madrid con una poderosa ascendencia entre sus jugadores como el ídolo que es. Es un entrenador metódico, moderno, estudioso y listo, con capacidad para encarrilar los partidos con planteamientos óptimos e intervenciones acertadas durante los mismos con sustituciones o cambios de estrategia sobre la marcha, como esa defensa de tres centrales con la que terminó una final que había empezado con línea de cuatro.
Un horizonte ilusionante
La misión de Manu Fernández es la de modernizar, dotar de valor añadido y mejorar a todos los niveles la academia blanca, desde la residencia de jugadores hasta la formación académica, humana y por supuesto futbolística de los chavales, pasando por un rediseño de metodologías, captación y otros departamentos clave. Con un potencial ilimitado de talento en Valdebebas, el gran objetivo del club es mejorar la gestión del mismo y revalorizar esa parte fundamental de su patrimonio que es la cantera. Conseguir jugadores más versátiles táctica y mentalmente para tender puentes con un primer equipo que se caracteriza por sus distintas formas de jugar y su exigencia de inmisericorde excelencia. Algo que se antoja fundamental en tiempos donde los petrodólares han roto las reglas del mercado y han obligado a los clubes que viven de sus propios recursos a cuidar más si cabe lo que tienen dentro. De momento, su labor no ha podido empezar mejor. Con una Copa de Europa. Probablemente, la primera de muchas. Florentino ha tenido una nueva visión y ha puesto al frente al hombre más indicado para hacerla realidad. Soplan buenos vientos en un Madrid, como siempre, que encara el futuro un paso por delante sobre los demás.

