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Opinión·11 de octubre de 2019

Puskas, una vida de novela

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Juan Carlos Guerrero

Quien lea Puskas, la novela de Daniel Entrialgo, tendrá al húngaro como su jugador favorito de la historia. Y se lamentará de que Amazon, Netflix y HBO realicen sus producciones en los tiempos de Sergio Ramos y no en los de Ferenc Purczeld Bíró, el nombre real con el que nació Puskas hasta que su padre decidió modificar el apellido familiar ante el ambiente enrarecido que había entre los magiares hacia todo lo que sonaba a alemán poco antes del comienzo de la II Guerra Mundial.

Entrialgo aborda a modo de novela la vida de Puskas, desde sus partidos en un descampado cercano a su casa de Budapest hasta su nómada carrera como entrenador (dirigió equipos en los cinco continentes), a la vez que repasa los acontecimientos más importantes que tuvieron lugar en Centroeuropa desde los años 30 hasta los 60, siempre con la carrera de Puskas como eje central.

Se empatiza tanto con Puskas y su vida que si al acabar el libro le piden al lector que tiene la posibilidad de cambiar el resultado de cualquier partido de la historia, elegirá eliminar el milagro de Berna y consagrar a los magiares mágicos. La historia (y el árbitro inglés que anuló el gol legal del empate de Puskas en los últimos minutos) eligió que ganara Goliat (Alemania) antes de ser Goliat.

Puskas era la estrella de aquel Equipo Dorado y, sin embargo, lo más admirable de su carrera llegó después de todo aquello, cuando ya tenía 31 años. Tras casi dos años sin poder jugar por la sanción que le impuso la FIFA tras la denuncia de la federación húngara (había sido acusado de traición a la patria en su país) y con 18 kilos de sobrepeso, Pancho, como lo rebautizó Di Stéfano porque según él Ferenc se parecía a Francisco pero ya había un Paco (Gento), se puso a sudar bajo el madrileño sol abrasador del mes de agosto con un chándal de tejido muy grueso para coger la forma cuanto antes y seguir marcando goles hasta los 39 años.

Fue el mejor goleador del siglo XX, con una zurda que hipnotiza a quien se ponga a ver sus goles en Youtube, y da rabia que su nombre no salga entre los cinco mejores de la historia, quizá porque cueste asumir que un equipo juntara en la misma época a dos talentos tan brillantes como el húngaro y Di Stéfano; como si la cuota de aquel tiempo ya estuviera cubierta con el argentino. Es el problema de hacer clasificaciones sin tener todos los datos a nuestra disposición o sin haberlo vivido todo. Sí disponemos de libros de historia futbolística y un museo en el Santiago Bernabéu que da fe de que el Madrid se hizo gigante con Di Stéfano, Gento y Puskas: cuesta poco imaginar en el nuevo Bernabéu una estatua de los tres al estilo de la Santísima Trinidad del United (George Best, Denis Law y Bobby Charlton) en las afueras de Old Trafford; otra cosa será verla.

Puskas creció en una tierra cercada primero por la ultraderecha y después por el comunismo. Fue leyenda, repudiado, exiliado, ¿traidor?, resucitado en España y homenajeado 25 años después en su país. Una vida de película, o de novela, en este caso, que Entrialgo remata con la frase que dijo Puskas en una de sus últimas entrevistas: "He disfrutado mucho la vida... Pero, ¿sabe qué? Más aún que la vida me gustó el fútbol".

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