Qué sabrá Zidane que no sepa un aficionado
Pepe Kollins
Hay quien dice que el Madrid es ganar. Pero no es verdad. No lo es porque ganar siempre es imposible y por tanto la exigencia de que lo consiga es ridícula. Eso no impide que el Real Madrid sea el club que más veces haya vencido, o cuando menos el que más en relación a la importancia de lo ganado. Puede que, precisamente, dicho éxito sea lo que induzca al equivoco o a esa mala costumbre, adquirida por un sector importante de la afición del Real Madrid, que confunde hacer todo lo posible por ganar con ganar. Por lo cual, cuando no se vence, se encrespan. O más que eso, deciden que los que hay no sirven, por más que esos mismos hayan conquistado muchísimos títulos anteriormente.
Es la dictadura del cortoplacismo radical y de los análisis superfluos. Lo único que vale es ganar en tiempo presente y en base aquello que se puede concluir de lo que se ve por la televisión o en la prensa. Aquello que el aficionado no ve, no existe. Aquellos argumentos que no encajan en una conversación de fútbol entre amigos, mientras toman el aperitivo, no son posibles.
Pongamos que Benzema no marca goles, aunque su presencia ayuda, a tenor de las estadísticas, a que otro jugador sí lo haga. En ese caso, para este grupo de aficionados, Benzema no vale, da igual cuál sea su mérito si no es cuantificable. Si ese compañero se marcha a la Juve y Benzema empieza a meter goles, Karim, como por arte de magia, cobra valor para esos mismos. Si Benzema se convierte en el pichichi de la Liga, en el ecuador de la misma, su consideración ya se dispara. Pero si tras una lesión, a final de año, baja su rendimiento y los goles le abandonan, el dictamen vuelve a remarcar que es un jugador que no es válido para el Real Madrid.
Para sostener esta evolución de pensamiento es necesario o bien mantenerse agazapado cuando aquello que sostienes choca con la realidad, a la espera de que vuelva tu momento (el yoyadije) o bien, directamente, tirar por la calle de en medio y unas veces sostener una cosa y a la semana siguiente la contraria. Si se hace con la suficiente firmeza, con la rabia del que se siente fiscal del no perder nunca, puede resultar hasta efectivo.
Con los entrenadores pasa otro tanto. Si Zidane gana tres Champions seguidas se convierte en un entrenador histórico, un técnico que comprende el fútbol a un nivel más profundo que la superflua pizarra, capaz de revertir la debacle en la que se sumió el equipo blanco tras su marcha. Pero si transcurridos unos meses desde su vuelta, no consigue reflotar la nave, resultará que Zidane solo ha venido para blindar a sus amigos de la plantilla, aprovechándose del prestigio que consiguió gracias a su buena fortuna, pues es a eso a lo único que se debieron los muchos títulos que logró, por más que nadie, antes, ni se haya acercado a una gesta así.
No obstante, si al comenzar la temporada, el equipo se muestra sólido como una roca, liderando el campeonato de liga y jugando a un gran nivel frente a sus rivales directos, pese a las muchas lesiones que ha sufrido la plantilla – entre ellos, su jugador franquicia – Zidane vuelve a ser un técnico de una categoría superior, el mejor que existe para este club. Lo cual no quita para que, transcurridas tres semanas, tras haber caído en Copa frente al tercer clasificado de la Liga y perder en Champions la ida de una eliminatoria, que se ganaba en el minuto 75, frente a unos de los favoritos, ahora el francés sea una mentira de entrenador.
Ahora, a falta de 24 horas para el comienzo del clásico Zidane no ha convocado a Jovic, lo cual, aseguran, reafirma su incapacidad para ver la evidencia que ellos sí ven - que Benzema no vale (recuerden el último punto en el que nos encontramos con respecto a Karim) –, o bien que tan solo pretende favorecer los intereses de sus jugadores favoritos, aunque eso manche su prestigio como profesional. Pero, en cualquier caso, es un error. No vayan a pensar que es que Zidane conoce mejor que el grueso de aficionados la situación de Jovic (su estado de forma, su salud, cómo ha entrenado, su predisposición) o muchos menos vayan a imaginar que es que ha llegado a una conclusión futbolística a la que el resto no podemos llegar, como si fuera una persona que supiese infinitamente más que la inmensa mayoría de aficionados, cuando todos sabemos que, en realidad, se lo debe todo a la suerte.
Y en esas estamos. A la espera de que termine el clásico, para saber si Zidane ha de irse y junto a él Benzema y media plantilla o si, por el contrario, nos ponemos líderes en la Liga y de ese modo, toda esta legión de aficionados da marcha atrás, una vez más, a sus propios argumentos.
Aunque uno ya sospecha cómo va a terminar esto. Porque básicamente es lo mismo que viene pasando con Pablo Laso desde hace nueve años.

