Que vuelva Valdano
Antonio Valderrama
El madridismo vive en un limbo extraño y surgen debates, de algo hay que hablar, estamos todavía en abril, con tanto tiempo para pensar y encerrado en una habitación cerrada por fuera un hombre puede volverse loco. El madridismo es ese hombre. No puede hacer nada, sólo divagar, desconoce los designios de Dios (Florentino) y puede intuir los de su príncipe en la tierra (Zidane), aunque nada cierto descubre, todo es confusión y rumor, los sacerdotes (los periodistas) interpretan las escrituras y escudriñan las entrañas de las bestias sacrificadas y, en fin, nada se sabe con certeza. Se habla últimamente de Valdano, de una posible vuelta, algunos rumores al respecto han sacudido la opinión pública madridista, sobre todo en Twitter.
Valdano es un tema recurrente. Y cíclico. Siempre vuelve, como el Madrid, o eso dicen, sobre todo en tiempos convulsos, cuando parece que no sólo el equipo sino también el club necesitan un repaso catártico. Se acude a Valdano, en mi opinión, porque es una figura interesante y también, por qué no decirlo, porque no hay muchos más recursos del tipo discursivo a los que el madridismo contemporáneo pueda acudir.
Valdano escribió hace poco un artículo en 'El País' que resulta ilustrativo leer por cuanto de visión florentinista conserva y también por cuanto tiene de mirada dual, desde dentro y desde fuera: siempre ha sido un poco así, siempre ha sido uno de los nuestros y a la vez uno de los otros, un ex-jugador, primero, ex-entrenador, después, ex-mano derecha de Florentino por dos ocasiones, amigo del presidente siempre y un tipo en el que se unen la herencia ochentera de la Quinta y la épica europea de las UEFAS y la capacidad de observación externa de los analistas no alineados. Es una figura curiosa, Valdano.
Escribe en 'El País' una reivindicación sin paliativos del gran proyecto arquitectónico del presidente Pérez, su legado tangible para la posteridad. “Parte del pueblo madridista pide jugadores antes que un techo retráctil. No puedo estar más en desacuerdo. Me hizo recordar a aquel jugador que dudaba entre comprar un coche o una casa y lo resolvió comprando una casa rodante. Un estadio bellísimo, cómodo, rentable, cuya arquitectura le convertirá en un gran centro emocional de la ciudad, es lo que merece y necesita un club como el Madrid. Con Santiago Bernabéu, no lo olvidemos, primero se construyó el estadio y luego llegaron los grandes jugadores”. Esto no es otra cosa que bernabeuísmo, una desusada lección de Historia madridista. Es algo de lo que carece el florentinismo: no se explica, pretende articularse en torno al legado de don Santiago sin hacer ninguna pedagogía sobre el propio pasado del club, del que dice beber directamente. Valdano puede ser ese pedagogo, por qué no decirlo, quien le escriba los discursos al presidente, quien marque la pauta general del modo en que la institución quiere verse reflejada.
Se dice con frecuencia que Valdano es una especie de impostor, que no es madridista, que es un quintacolumnista del menottismo, un guardiolista vestido de blanco, poco menos, pero tiene frases capaces de mutar en axiomas cuyos ecos son inconfundibles, puro casticismo del viejo Madrid. ¿Qué otra cosa es si no el miedo escénico? Porque del miedo escénico mama directamente el espíritu de Juanito, creación de Ferreras, el otro gran muñidor de mensajes de Florentino. Ambos, Ferreras y Valdano, percibidos por el gran público como agentes libres distanciados de la imagen canónica del “madridismo de derechas” con que el antimadridismo reputa desde antaño sociológicamente a la grey universal del club. También tiene Valdano en su historial arranques personales muy toreros. El pueblo madridista, como él dice, recuerda casi siempre su choque con Mourinho que lo despidió por última vez (hasta nueva orden) del Madrid. Sin embargo en 2004 bajó al vestuario del Pizjuán a decirle cuatro cosas a Iturralde, a Caparrós, a Pablo Alfaro, a Del Nido y al que se pusiera por delante, lo tuvo que echar de allí la policía. Un gesto que bien puede ser confundido con un desplante mourinhista.
en 2004, jorge valdano bajó al vestuario del pizjuán a decirle cuatro cosas a iturralde, a caparrós, a alfaro...
Es manifiesto que el encontronazo con Mourinho trascendió lo personal. La ola mourinhista se llevó a Valdano por delante entre otras cosas porque el mourinhismo era lo que necesitaba el equipo, el club y la masa social en aquel momento. Mourinho era en 2010 una necesidad inaplazable, una urgencia histórica. El Madrid afrontaba una crisis que del césped saltó a las cabezas de la gente y que incendió su imaginación poniendo en riesgo la confianza absoluta en sí mismo que el madridista había aprendido con Bernabéu y Di Stéfano. Es decir, el Madrid afrontaba a Messi, a Messi y a Guardiola, y la situación era, resumiendo, crítica. Mourinho era el electroshock inevitable que impidió sucumbir al desasosiego, que puso en órbita otra vez al Madrid, que puso al enorme barco blanco en disposición de surfear el tsunami. Valdano no tenía sitio en aquel estado de cosas, en las guerras todo se simplifica, se reduce y se difuminan los grises y aquello en efecto era la guerra; su mensaje, inseparable de la esencia ambigua del personaje, podía ser entendido como quintacolumnismo y traición, en todo caso era incompatible con la necesidad de pelear cada centímetro del espacio real y mental al contrario, estaba en juego la preeminencia del Madrid en España, estaba en juego el estatus.
Ha pasado mucho tiempo. El momento es otro. Salvado aquel match-ball histórico, el Madrid afronta no obstante una coyuntura difícil. También en lo institucional, donde agotado el relato de los jerarcas que hicieron saltar Europa por los aires, el Madrid parece, ahora, gobernado por un Consejo de Ministros lleno de tecnócratas del Opus. Es la imagen que da 'Real Madrid Televisión', la sensación general. Zidane es un mensaje en sí mismo, un icono incomparable, pero Zidane no lo puede hacer todo: reconstruir este equipo destruido y con la moral por los suelos ya es bastante tarea como para pedirle además que piense al Madrid. La espada y la pluma siempre fueron de la mano y, ¿cuenta Florentino con alguien más aparte de Valdano de quien echar mano para contar de nuevo el Madrid? Al fin y al cabo se dispone de la mejor materia prima imaginable, el Madrid es per sé una gran historia, una historia infinita que puede decirse de muchas formas diferentes. Pero la cosa es que sólo se expresa en el campo. Cuando eso sucede, la retórica del "el estilo del Madrid es ganar" exhibe dolorosamente todas sus limitaciones: se deja de ganar y el Bernabéu desaparece tragado por un gigantesco cráter, todo es zozobra y un paisaje lunar que devasta cualquier esperanza presente y futura. El Madrid no resiste otra temporada como ésta y es verdad, menos aún en tiempos en los que el fútbol va a toda pastilla; los batacazos estrepitosos suelen coincidir con espléndidas temporadas del Barcelona, lo que ahonda la crisis moral, pero este año ha sido otra cosa, una caída absurda y abrupta desde el cielo hasta el cemento sin estaciones intermedias, sin transición suave. Un año así se lleva por delante cualquier mito.
Ítem más, quien seguro no resiste otro año así es Florentino. Valdano puede ser otro de sus parapetos, extradeportivos en este caso, un Zidane de los canutazos de 'Movistar Partidazo' en el palco durante los intermedios de los partidos, un Butragueño con más gracia y punch que, por qué no, reserve al Buitre y lo distancie del foco, pensando ya en la sucesión presidencial.
A Valdano se le ha dicho de todo. Lo más bonito, filósofo, Valdanágoras, poeta. Es gracioso que se usen cosas así de forma despectiva, en la antigua Grecia los legisladores eran poetas, primero, y los filósofos vinieron después, en una suerte de evolución intelectual, metafísica. En el barro tuitero es un insulto y en algunas trincheras tardomourinhistas, nostálgicas, Valdano es poco menos que Lenin o Bin Laden, un antiCristo. Valdano habla muy bien y da gusto escucharlo en los partidos, sobre todo si se le compara con lo que hay por ahí narrando en las radios más escuchadas de España, en otras televisiones. Valdano escribe en 'El País', aunque eso por supuesto no significa nada, en 'El País' escribe ya cualquiera, en 'El País' escribe Carlin, Diego Torres, Besa, en fin, pero no es ese el punto, el punto es que Valdano tiene conexión directa con quienes le llevan haciendo décadas el relato al Madrid, y no precisamente un relato benigno, veraz, favorable ni amistoso. Valdano está aquí y está allí, pero por encima de todo el Madrid no puede prescindir de un tipo que además es elegante, viste bien, cae bien (en esta vida, dicen los viejos, es mejor caer en gracia que ser gracioso y Valdano cae en gracia a quienes detentan la hegemonía cultural en España, a quienes dictan las normas y deciden lo que está bien y lo que está mal) y escribe libros; no puede prescindir, digo, de alguien como Valdano cuando enfrenta un panorama atroz y tiene que reinventarse otra vez, echar quizá a media plantilla, casi seguro que a algunos mitos vivientes del fútbol mundial y naturalmente de su última y brillante historia reciente.
Además, el Madrid no puede permitirse seguir siendo identificado con tipos periodísticos o con caracteres, quizá fabricados ad hoc para el medio televisivo-tertuliano, personajes, vaya, que representan una idea estética y éticamente muy contraria al ideal histórico del club. Se dirá: tampoco puede confundirse con un guardiolismo apenas disimulado pero, ¿no ha sido toda su vida Valdano un tipo que ha escrito y dicho lo que ha querido? Alaba a Guardiola y critica a Bale, pues como yo mismo o cualquiera con éste personaje de la constelación balompédica o cualquier otro, la fidelidad a una institución, el amor por ella, no debe estar reñido con las ideas propias, las juzgue el pueblo equivocadas o correctas. El fútbol, siendo una guerra por medios no violentos (o no demasiado) exige lealtades absolutas, por lo menos la apariencia de tales. Valdano se sale de ese corsé pero el ciclón mourinhista hizo dudar también de su madridismo, cosa por lo demás que cualquier audición desprejuiciada de sus comentarios durante las retransmisiones de los partidos del Madrid permite falsar. Yo no sé si es verdad eso que salió en 'El Confidencial' de que Valdano estaba asesorando a Florentino y Zidane en la reconstrucción, de que era una especie de eminencia gris en la sombra. Al fin y al cabo la noticia la firmaba Fermín de la Calle, un periodista divorciado de la veracidad y la diligencia informativa. En todo caso me permito expresar aquí una clase de vindicación del valdanismo, de un valdanismo austero y reformulado que devuelva el mimo de la palabra al objeto madridista, y lo embellezca.
