¿Quién le pone una pega al Real Madrid de Laso?
Mario De Las Heras
Está el aficionado baloncestista antimadridista soliviantado por la pronta eliminación del Real Madrid en esta fase final de la ACB. Todo lo contrario a la serenidad, incluso la sonrisa, del aficionado baloncestista madridista. Y digo soliviantado porque está como incómodo. No está contento a pesar de la grata sorpresa, o no del todo. Hay alguno que anda rebuscando cómo introducir una bomba en ese cuerpo serrano. Porque el Madrid tiene un cuerpo serrano que es para verlo y disfrutarlo. Una lástima que no podamos verlo en semifinales. Todo es raro en este reinicio competitivo, en el baloncesto y en el fútbol y en todas partes.
Decía que cómo le pones tú una pega al cuerpo serrano de Margot Robbie, o al de Brad Pitt. El que le pone una pega al cuerpo serrano de Margot Robbie y al de Brad Pitt es el que le pone una pega al Real Madrid de Pablo Laso. Nadie puede dejar de pensar que el que gane esta ACB (igual que el que gane la Liga) será poco más o menos el campeón de un torneo de verano. Un torneo de verano raro con todo ese silencio, sin olor a cerveza y a helado, sin calor y sin fiesta de después. El campeón de la ACB de 2020 será el campeón con todos los derechos, pero no con todos los honores íntimos.
Hubo que jugar esta reanudación casi obligados en muchos casos. Me he acordado de Kevin Durant y su tajante negativa, incluso en el caso de que se hubiera retomado la competición en Estados Unidos, a volver a la NBA este año en las actuales condiciones. Ha dicho Laso que habían vuelto peor de lo que estaban, pero no hay excusas, ni tampoco penas.
Si nos han robado la primavera, ¿cómo vamos a sentirnos mal por este verano de batalla? Ayer hablaba con un amigo, antimadridista discreto y amante y practicante del baloncesto, que me sugería abiertamente (todo lo abiertamente que puede hacerse una sugerencia que, en lo más hondo, en realidad, no quería hacer) que este Real Madrid es el mejor equipo de baloncesto que hay en el mundo, y lo que queda.
Eso pensaba. Luego se relajó y admiró con sencillez, como evocando momentos estelares, como lamentando no ser madridista para haberlos sentido por dentro a pesar de no haber tenido más remedio que sentirlos, la personalidad de ese cuerpo serrano que Laso ha hecho como si hubiese esculpido una estatua de Margot Robbie o de Brad Pitt con el corazón colectivo de Rafael Nadal, la mente estratega de Napoleón y la espontaneidad y la locura que todos adoramos.
Hablaba mi amigo un poco al viento, como si recitase a la ventana el monólogo de Joyce, y aquello fue la confirmación de todo lo bello del Madrid de Laso, de Llull, de Reyes, de Carroll. Esa felicidad que nos ha colmado y que sigue viva en esos jugadores en forma de motor que ni mucho menos hoy, ni nunca, van a estar dispuestos a apagar.
Fotografías Getty Images.

