Radomir, yo también te quiero
La Galerna
Buenos días. Ha fallecido Radomir Antic. Sin más dilación, vayamos a lo importante, que es lamentar esta gran pérdida para el fútbol español, así como enviar un muy fuerte abrazo a su familia y allegados y a todos los amigos atléticos, para quienes Rado era mucho más que una leyenda. No en vano capitaneó a los rojiblancos en la conquista de su mítico doblete en el año 1996, tal vez la mejor campaña de su historia. “Radomir, te quiero”, le cantaba el viejo Calderón, adaptando la letra a la melodía de aquella canción de carnaval brasileño.
“Se va un grande”, titula Mundo Deportivo, y con toda la razón. Hablamos del único técnico que dirigió a los tres grandes (Atlético, Real y Barcelona), amén de un hombre que creó escuela con su modo de entrenar, caracterizado por un salvaje pragmatismo, no exento de innovación y con fuerte acento táctico y motivacional.
Ya sabemos que Antic es sobre todo un activo del Atleti. Así es y así será por siempre. Es de justicia, porque es allí donde hizo historia. Con todo, y con toda la humildad, los madridistas queremos expresar también nuestra gratitud y nuestra pena, pensamos que legítimamente. “Radomir, yo también te quiero”, podríamos cantar así, en pequeñito, en un carrasclás asumidamente amortiguado por los decibelios de la metafórica masa del Metropolitano. “Radomir, yo también te quiero” no encaja en cambio en ninguna melodía conocida, o no hay ninguna que nos venga a la cabeza. Perdónanos, Rado.
Su oportación a la historia del Madrid es mucho menos relevante que la huella que dejó en el Atleti, pero no sería desatinado aseverar que, si no lo es, será exclusivamente porque no le dejaron. Antic protagonizó en el Madrid el episodio más representativo del característico histerismo mediático-sociológico que rodea la entidad, y al cual la dirigencia fue por desgracia demasiado sensible.
Mendoza (sí) destituyó a Antic cuando tenía al equipo líder. Con Beenhakker al frente en lugar del balcánico, el Madrid acabaría despeñando la Liga en Tenerife. La razón para la maniobra de Mendoza, tan prototípicamente torpe, tan quintaesencialmente representativa de la tendencia humana a crear problemas donde no los hay, fue la presunta falta de espectáculo, la supuesta ausencia de un juego bonito, a pesar del granítico liderazgo sobre un Barça que acabó llevándose la Liga merced, en parte, al error histórico de la destitución de Radomir.
Pocas cosas en la historia del Real Madrid admiten menos debate que la que encierra la siguiente afirmación: Mendoza la cagó estrepitosamente echando a Antic. De manera que no sabemos lo que el futuro habría deparado para el serbio al frente del equipo, pero sí sabemos lo que le deparó sin él: dos experiencias traumáticas, ambas en Tenerife, las cuales pusieron los cimientos del mejor Barça de Cruyff, el que Cruyff dirigió y el que Cruyff inspiró, o sea, el de Rijkaard, el de Guardiola (aprovechamos para mandar un fuerte abrazo a Pep, la pérdida de cuya madre también reflejan las portadas). Produce vértigo pensarlo, pero no es descabellado intuir que el Barça podría tener a día de hoy cero Copas de Europa si D. Ramón no hubiera cesado a Radomir. Es un poco absurdo entretenerse en estas disquisiciones, y sería además un innecesario flagelamiento, porque la “historia que tú hiciste” ha sido extraordinaria para el Madrid sin Radomir. Pero es inevitable albergar estas hipótesis de fútbol ficción.
Los atléticos, por lo demás, deben estar eternamente agradecidos por la calamitosa decisión de Mendoza: sin ella no habrían vivido a posteriori la mejor campaña de su trayectoria.
Y sí, amigos, nos preguntamos exactamente lo mismo que vosotros, es decir, en qué demonios pensaron anoche los responsables de Sport y de As para dar sus portadas a Neymar y Mbappé cuando acaba de fallecer Antic, a quien dedican faldones a todas luces insuficientes. Tanto lo de Mpappé como lo de Neymar son elucubraciones sin ningún peso que bajo ningún concepto deberían haber privado a Radomir de lo que Marca y Mundo Deportivo, en cambio, sí aciertan a otorgarle.
Radomir, yo también te quiero.
Pasad, si podéis, un buen día.



