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Destacados·26 de enero de 2021

Raúl, un zurdo de rabia

Á

Ángel Antonio Herrera

He visto que vive de confinamiento Raúl, Raúl González, porque ha dado positivo en coronavirus. Para mí, la noticia trae una noticia mayor, y mejor, obviamente. Raúl está ahí, entrenando al Castilla, viviendo de madridista. Raúl colgó un día las botas de delantero, y quedó así de vuelta un futbolista con veteranías de oro, todo un figurón de vitrina del gremio de ahora y de siempre. Se ha escrito mucha glosa sobre él, y yo prefiero arrimar la prosa ahora que se le dedican pocas prosas, porque se pone más en limpio su lámina, y porque el homenaje es mayor todavía cuando se van orillando los homenajes. No ha sido el mejor futbolista del Real Madrid, pero sí uno de los grandes del Bernabéu, que es como decir de todas partes. Raúl es el carácter, y un zurdazo por sorpresa que va y mata a dos antirraulistas. Raúl ha logrado prestigiar la rabia, que es una cosa de poco prestigio, en general. Lo del juego bonito, que el Madrid ha practicado a rachas, en su historia, es una acuñación que queda muy bien en las tertulias y otros sambódromos, pero la salud de un equipo es la victoria, y el gol es el orgasmo del fútbol. A la victoria, y al gol, ha ayudado mucho Raúl, en el Madrid, y luego en otros equipos de menor vitola, donde tampoco le van a olvidar nunca.

Raúl ha logrado prestigiar la rabia, que es una cosa de poco prestigio, en general

Si la Cibeles tiene novio pasajero, ese novio es Raúl. Debutó de chavea, por obra de Jorge Valdano. Jugó siempre a pelo, con sólo el nombre propio, y así se le conoce bajo la última palmera del mundo. Le conozco, y a su mujer, Mamen Sanz, desde que empezaban de novios, en plan casi clandestino. Alguna noche los acompañé por la ciudad de Sevilla, mientras los paparazzis iban saltando de esquina a esquina, a ver si pillaban la foto de primicia, porque la cosa de pareja aún no se había hecho pública. Raúl era un gran tipo que buscaba el eco justo de su vida privada en los papeles o en las teles. Raúl buscaba la vida que enseguida llevó, con Mamen, y la que ahora lleva. No ha sido de decorarse con pendientitos, ni de doparse con rayos uva, como otros, como tantos, pero es un figura que se puso las pilas cuando tocaba, y de ahí no lo movías. Tiene un capote torero de celebrar Ligas, y fue el gran fichaje merengue que ya teníamos en casa, durante muchas temporadas. En Chamartín, sobrevivió a ocho entrenadores, y su zurda es una hemeroteca del pase, o del gol, por mucho que pese a los antirraulistas, aún en vigor, y a Luis Aragonés, en su día, que lo jubiló de la selección. Nunca necesitó renovar el fondo de armario de tatuajes para convencer a la grada. Volverá al corazón alto del Madrid, más temprano que tarde, porque es uno de los nuestros. De la humildad moldeó un liderazgo, y del hablar bajo acuñó la elegancia.

 

Fotografías: Getty Images.

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