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Destacados·1 de febrero de 2024

Raúl y el lado bueno de la historia

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Salva Martín

Le salió del alma a Courtois y lo ejemplificó mejor que nadie —con permiso de Juanito— Raúl. Y es que hay sentencias que podrían grabarse con letras doradas en cualquier lateral del remozado Bernabéu. Hablamos, por supuesto, de aquel “ahora estoy en el lado bueno de la historia” previo a la conquista de la Decimocuarta. La frase, casi a la altura de “Hala Madrid y nada más”, cobra relevancia estos días cuando se cumplen 33 años de otro de los trasvases más exitosos del Calderón al Bernabéu, quizás el que más, el del eterno siete.

Dicen que de entre todas las decisiones de Jesús Gil, la más desatinada fue la de cerrar casi por completo la cantera del Atlético. Pongámonos en contexto. Estamos en 1991 y los clubes, con el horizonte de la conversión en sociedades anónimas para no desaparecer, trataban hacer encaje de bolillos con aquello del déficit y la deuda. 80 millones de pesetas le costaba a Gil mantener los equipos inferiores, que comenzaban a acumular retrasos en los pagos, por lo que el ex presidente de Marbella resolvió quedarse sólo con un Juvenil y un Cadete. Esto significó que el jugador que más había destacado en los últimos años, aquel del que propio dirigente atlético había presumido en un programa de Nieves Herrero, quedaba libre. El mozo, de 15 años y campeón de España de rojiblanco y en Tenerife (ay), terminó cruzando la Castellana para convertirse en todo un mito del madridismo.

Estos días, cuando se cumplen 33 años de quizá el trasvase más exitoso del Calderón al Bernabéu, el de Raúl, cobra más relevancia la frase de Courtois de “ahora estoy en el lado bueno de la historia”

Años más tarde, Rubén Cano, secretario técnico del Atlético en esas fechas, desmintió lo sucedido y aseguró que el padre de Raúl ya tenía un acuerdo con el Madrid un año antes de la catástrofe de la cantera rojiblanca. Aunque esta teoría pierde solidez si atendemos a la autobiografía del futbolista, que señala que el día más feliz de su infancia fue precisamente el que conquistó el Campeonato de España para, acto seguido, ver cómo los mayores le ganaban al Madrid la Copa en el Bernabéu. ¿Fue Raúl un madridista en diferido? Según la versión de Cano, sí. O quizás es que, como muchos aseguran, todos somos madridistas aunque no lo sepamos.

Debut en liga con el Madrid de Raúl en Zaragoza

Ya de blanco inmaculado, los vecinos se volvieron a cruzar en la vida del madrileño en varias ocasiones más, cuatro muy destacadas: dos para llevarse calabazas y dos en forma de goles señaladísimos. Los rechazos fueron muy seguidos: el primero en la pretemporada del debut, en el verano de 1994 (Valdano y su verbo pararon el golpe), y el segundo poco antes del histórico partido contra el Zaragoza, pero la respuesta que obtuvieron los atléticos fue la misma: cierren por fuera. Y, por si no lo captaron bien, sólo una semana después del encuentro de la Romareda, Raúl conseguiría el primero de los tantos más especiales de su carrera: jornada diez, titular en el Bernabéu y golazo por la escuadra atlética a pase de Laudrup. Hay sueños húmedos menos mojados. La segunda diana que Raúl siempre recuerda contra sus ex la anotó dos campañas después, el 18 de enero de 1997. El Madrid empataba a uno en el Calderón y tenía un jugador menos sobre el campo, hasta que Raúl fabricó una jugada al más puro estilo de Butragueño que le abrió las puertas de la Selección definitivamente.

Raúl no fue ni será el primero en cruzar al lado bueno. Antes, por ejemplo, lo hizo el propio Juanito, como mencionamos al principio. Curiosamente, ambos lucieron el siete y enarbolaron la bandera del carácter y el orgullo blanco hasta cotas difícilmente alcanzables.

 

Getty Images.

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