REAL MADRID A DEBATE. LA GALERNA, TU DIARIO MADRIDISTA.

Volver al inicio
Crónicas·9 de diciembre de 2020

Real Madrid, 2 - Borussia Mönchengladbach, 0: Exhibición, alivio y a Octavos

J

Jesús Bengoechea

En un comienzo en que la rigidez derivada de la tensión parecía agarrotar las piernas del más pintado, tiene gracia que el jugador más universalmente acusado de estar agarrotado per se (Lucas Vázquez) pusiera el más delicado y preciso centro en la cabeza de Benzema para que el francés abriera el marcador apenas transcurridos diez minutos. El Madrid ejerció en los ratos que rodearon el gol, antes y después, un dominio laxo, falto de verdadera inspiración, pero pleno de seguridad. Tocaban bien los de Zidane en el medio campo, con un Modric tan hiperactivo que hacía temer por la perdurabilidad de su esfuerzo en el choque y unos Rodrygo y Vinicius voluntariosos pero atascados. En el minuto 24 se produjo el clásico susto que se da cuando el Madrid se duerme a sí mismo con sus eternas posesiones y propicia un contragolpe del rival, inspirando además una pregunta más filosófica aún: ¿tiene sentido exponerse al contraataque rival cuando vas ganando, por mucho que el contraataque no se te dé bien a ti (porque no se nos da)?

Sin embargo, el partido estaba de cara, y pasada la media hora se internó Rodrygo para amagar con la infinita clase que posee y meter una rosca que volvió a cabecear Benzema con un remate calcado al del primer gol. 2-0. La jugada del estupendo Rodrygo recordó al Míchel de sus mejores tiempos, aquel Míchel que también percutió la banda contra aquel otro Gladbach en los tiempos en que el fútbol era raza tanto como era técnica y las pandemias sólo poblaban la serie B del ochenterismo.

De nuevo Rodrygo y Lucas V, que conformaron una fogosa banda derecha, combinaron para que el brasileño le pusiera el pase de la muerte a Modric, que la mandó al poste con la ayuda del portero porque todo era demasiado bonito para ser verdad, como lo era —demasiado bonito, y además en fuera de juego— el golazo por la escuadra que el croata se marcó poco después. No valió, pero constituyó una buena forma de enfilar el descanso tras una de las mejores primeras mitades en mucho tiempo.

El primer tercio del segundo tiempo se caracterizó por la misma línea de dominio virtuosista de los blancos con que había concluido el primero, y Kroos estuvo a punto de marcar, obligando a Sommer a volver a lucirse. El Gladbach lo intentaba pero el Madrid se replegaba bien cuando la perdía en sus ataques estáticos. Los blancos se gustaban y Rodrygo culminaba una excelente combinación colectiva lanzándola cerca de la cepa del poste pero por fuera. Los minutos caían y se asentaba la percepción de que esta vez la cara buena del Madrid ciclotímico era la única que íbamos a ver hoy. El nuevo paradón de Sommer a remate de Ramos, con Benzema estrellándola en el larguero a continuación, confirmó las sensaciones. El tercer poste de la noche, esta vez del descomunal Lucas, hizo suspirar a todos: la exhibición demandaba una goleada que la plasmara para la posteridad, pero nos tuvimos que conformar con el pase a Octavos y el inmejorable desempeño de nuestra escuadra. No es poco, considerando (admitámoslo ahora) el miedo que teníamos. Tras esta belleza de partido, hay dos preguntas: ¿no podemos jugar siempre “finales”? y ¿tenemos derecho a soñar?

 

Fotografías Getty Images.

ESPACIO PUBLICITARIO

Post Article - 728x90